La violencia en Irak, otra etapa de la convulsión en el mundo árabe

En cinco días de manifestaciones en reclamo de un cambio de gobierno hubo 93 muertos; desde fines de 2018 también se registraron protestas en Sudán, Argelia y Egipto

BAGDAD.- Las calles volvieron a agitarse ayer en el quinto día de protestas contra el gobierno de Irak -marcadas por la violencia, con casi 100 muertos-, en el caso más reciente de la ola de protestas que agita la región desde hace varios meses y que recuerda la Primavera Árabe de 2011.

Irak se incorporó así a la lista de países como Sudán, Argelia y Egipto que se vieron sacudidos desde fines de 2018 por estos renovados movimientos ciudadanos.

Las fuerzas de seguridad iraquíes dispersaron ayer la principal concentración en Bagdad, donde miles de personas marcharon para exigir un cambio de gobierno, al que acusan de corrupción. También hubo incidentes armados en otras ciudades como Diwaniya y Nasiriya.

Según la comisión gubernamental de derechos humanos iraquí, 93 personas murieron desde el martes, en su mayoría manifestantes, y 4000 resultaron heridas.

“Cinco días de informes de muertos y heridos, esto tiene que terminar”, dijo la representante especial de la ONU, Jeanine Hennis-Plasschaert. “Pido a todas las partes una pausa para reflexionar”.

Pese al vigor de las protestas y la gravedad de los incidentes, una reunión en el Parlamento destinada a abordar la crisis no pudo celebrarse por falta de quórum, tras el boicot de los 54 diputados de la coalición del influyente Moqtada Sadr.

El chiita Sadr, un peso pesado de la política iraquí, reclamó la dimisión del gobierno del premier Adel Abdel Mahdi, en el poder desde hace un año, “para evitar nuevos derramamientos de sangre”. Y pidió la organización de elecciones.

El movimiento de protesta, surgido en las redes sociales, denuncia la corrupción, el desempleo y la falta de servicios públicos en un país que salió hace menos de dos años de casi cuatro décadas de conflicto.

Los comercios abrieron normalmente ayer en Bagdad, después de que se levantó el toque de queda impuesto dos días antes, pero las calles que daban a la Plaza Tahrir siguieron cortadas por un importante despliegue de las fuerzas de seguridad y vehículos blindados.

Gran parte de los muertos fueron de bala, según fuentes médicas. Las autoridades pidieron tiempo a los manifestantes para poner en marcha una serie de reformas que mejoren las condiciones de vida de los 40 millones de habitantes del país, devastado por la guerra, el desempleo y la corrupción. Pero nadie parece dispuesto a esperar un día más, sin confianza en el gobierno.

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“Si las condiciones de vida no mejoran, las protestas se reanudarán aún más y la situación será mucho peor”, advirtió Abu Salah, un veterano manifestante de 70 años.

“Nadie nos representa, traen a unos tipos, les ponen traje y los instalan en el Parlamento”, dijo otro manifestante, con una bandera de Irak en la cabeza. “No queremos más partidos, no queremos a nadie que hable en nuestro nombre”.

Los dirigentes iraquíes, muchos en el poder desde hace 16 años, vieron surgir un fenómeno inédito, explicó Fanar Haddad, especialista en Irak. “Son manifestaciones antisistema”, afirmó, distintas de las tradicionales protestas en reclamo de electricidad y agua potable.

“Es la primera vez que se oye a gente reclamar la caída del régimen”, que se basa en un reparto de cargos confesional y étnico y que basó su poder en el nepotismo y el clientelismo.

Las protestas iraquíes son un eco de lo que comenzó en diciembre de 2018 en Sudán, donde cientos de manifestantes salieron a protestar por el precio del pan, que se había triplicado. Las manifestaciones se volvieron semanales reclamando la renuncia de Omar al-Bashir, en el poder desde hacía 30 años.

Cinco meses más tarde, el 11 de abril, el Ejército destituyó a Al-Bashir y lo reemplazó por un Consejo Militar de Transición. Luego se firmó un acuerdo duramente negociado entre el ejército y los líderes de la manifestación, que acordaron un nuevo gobierno provisorio hasta las elecciones previstas en tres años.

Entre medio fue el turno de Argelia, donde el 22 de febrero pasado la gente se lanzó a protestar contra la candidatura para un quinto mandato del presidente Abdelaziz Buteflika, que no resistió la presión y el 2 de abril se vio forzado a renunciar. Las protestas continuaron contra el general Ahmed Gaid Salah, convertido en el nuevo hombre fuerte, y quien debió convocar a elecciones para el 12 de diciembre próximo.

Más recientemente, el 20 de septiembre, miles de personas protestaron en El Cairo y otras ciudades egipcias para exigir la renuncia del presidente Abdel Fatah al-Sisi, en el poder desde 2014. Pero al revés de sus pares de Argelia y Sudán, él resistió. Una semana más tarde, tras una ola de 2000 arrestos, solo se registraban algunas manifestaciones con una participación limitada.

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