“Sentí miedo, algunos tenían palos y caños en sus manos”

Durante el acto en la plaza, las docentes Marion Pérez y Natalia Piñeiro, brindaron sus relatos de lo vivido la madrugada del 4 de septiembre en la ruta 3 y 26 cuando el corte que mantenían fue desalojado por personas encapuchadas. Asimismo responsabilizaron al gobernador Mariano Arcioni y al ministro Coordinador Federico Massoni por lo sucedido.

“Era zona liberada”

En primer lugar habló Pérez, quien expresó: “soy testigo de los hechos represivos ocurridos la madrugada del 4 de septiembre”. Asimismo relató que al ver llegar las camionetas “entre llantos y sintiendo miedo y desesperación advierto a quienes serían los autores del terror vivido”. Estuvo filmando con su celular la situación, y señala que “No podía comprender esa situación, esperábamos a un escribano, a fuerzas policiales y a los trabajadores en sus camionetas, no a una patota encapuchados y con palos”. Recuerda que hubo empujones, atropellos, gritos y amenazas y que a sus compañeros hombres los provocaban para pelear.
Además indicó que los patrulleros que estaban en el lugar se fueron en contramano para no interceder. “Veo como queman nuestras cosas: la comida, los ranchos, reposeras, nos tiraban el agua. Se apagó la luz y seguían llegando más patoteros, era zona liberada”.

Relató que fue a la Seccional Tercera para solicitar presencia policial pero los policías no quisieron atenderla, la docente filmó la situación y el video se hizo viral en las redes sociales, con lo cual la justicia decidió actuar de oficio.

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“Ellos también fueron extorsionados”

Por otro lado, Piñeiro recordó que la idea era no confrontar con nadie y que no esperaban una reacción violenta porque siempre habían tenido apoyo de los petroleros. En cuanto llegaron los hombres a la ruta, la mujer relata: “nos pusimos todas las mujeres a cara descubierta para que nos vean y nos escuchen, pensábamos dialogar. Pero en un abrir y cerrar de ojos teníamos a unos 200 hombres con capuchas y rostros tapados. Sentí miedo, algunos tenían palos y caños en sus manos y se acercaban con insultos y amenazas”.
Por otra parte, la docente destacó que había otros petroleros: “vi algunos hombres trabajadores como nosotros, que miraban lo que sucedía. Uno de ellos se acercó con su rostro descubierto y me abrazó, llorando me dijo que él no quería estar ahí”. Al respecto, Piñeiro señala que “ellos también fueron intimados”, y lo mismo mencionó sobre el accionar policial: “fueron obligados a desatender el llamado de auxilio que hacíamos desde la ruta, al empezar su carrera hacen un juramento de servicio y protección a la sociedad y esa noche tuvieron que acallar su juramento”.

 

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