Interno de la Alcaidía Policial creó una réplica del “Titanic” realizada con papel de diario

Dicen que quienes viven en las cárceles encuentran en sus sueños diferentes modos de expresarse; ya sea con la palabra, con las estrofas de un futuro poema o canción, o con la magia que sus manos puedan sacar algo de la galera, pero que se convierte en un camino a la libertad.

El interno del pabellón 9 de la Alcaidía Policial, Héctor Rubén Gallardo (38) se convirtió en el artesano que fabricó el barco más grande que otro interno del lugar jamás haya fabricado. Y nada menos que el “Titanic”.

Sí, ese barco trágico que fuera botado allá por 1911 y cuyo viaje inaugural tuviera lugar un 10 de abril de 1912 desde un puerto inglés (Southampton) y que 3 días después se convirtiera en noticia mundial que daba cuentas que el más lujoso y, por ese entonces, más grande barco del mundo chocaba contra un iceberg y motivara muchas historias que se fueron conociendo con el paso de las décadas, pero que dejó el saldo trágico de casi 1.500 personas muertas. Eso es simplemente historia del siglo pasado y esta otra historia, más pequeña, es actual.

De una simple foto de revista, a la difícil tarea de recrear copia exacta del “Titanic”
“Él se dedica a hacer revestimientos, es electricista también, le surgió esto de hacer una exacta réplica del Titanic, como veía que otros internos hacían barcos, se le ocurrió hacer este tan famoso, pero los demás decían que era muy pero muy difícil; un mes y medio después tanto en la escuela a la que va como en la iglesia, ponderan su esfuerzo y su trabajo”.

“Es muy detallista, no solo en las manualidades, sino en todos sus trabajos, siempre fue muy requerido”. Es lo que manifestaban sus hermanas Jessica y Lilian y su madre Lilian Campos en una de las salidas de la Alcaidía al término de una visita que realizaban.
Las mujeres fueron el nexo para solicitarle el permiso al jefe de la Alcaidía Policial, el comisario Diego Rhumbling, de un breve diálogo con el interno y realizar las fotografías para trascender ese trabajo artístico fabricado en una angosta celda. Y por los angostos pasillos del antiguo edificio construido por un patronato para presos y encausados, apareció el “Titanic” de 1.65 cm de largo por 30 de ancho y su creador Héctor Rubén Gallardo.

“Era muy difícil de realizar ya que no tenemos acceso a las herramientas principales, pero me di cuenta que tenía algunos elementos para empezar y arrancamos con el casco; se hizo en un día toda la parte de abajo de la nave… se me ocurrió después que me llegó una revista que suelen traernos y me gustó el desafío; me propuse hacerlo y estoy más que conforme con lo que salió” contaba el artesano.

Y ante la pregunta sobre qué materiales usó para la tarea, señaló: “papel de diario, plasticola y acrílicos y máquinas de afeitar para usar los cortes, algunas lijas, pincel y regla, nada más, no tenemos otras herramientas acá…” contaba Rubén, que dice estar haciendo cuanto curso se presenta para matar el tiempo, como corte y confección, estudios primarios que debe terminar e incluso en algunas disciplinas relacionadas con el arte.

Ya hubo en el pasado, trabajos de otros internos que fueron expuestos en algunas exposiciones artesanales de la ciudad y la región; consultado Héctor Rubén Gallardo si el “Titanic” podrá ser expuesto para el público en un futuro próximo o, si está interesado en venderlo, solo se limitó a decir, risueñamente, que “yo no soy bueno negociando, prefiero que de ese tema se encargue mi hermana Jessica o cualquier otro familiar; ellos están afuera y dispondrán de mis trabajos” dijo; y se despidió con un apretón de manos con los reporteros que caminaban rumbo a la salida y atrás quedaban los ruidos de fuertes candados cerrando grandes portones y el de los borceguíes de los celadores que conducían al artesano hacia su celda del pabellón 9.

Las personas privadas de su libertad y sus derechos
Héctor Rubén Gallardo (38) es uno de los casi 200 internos que alberga la Alcaidía Policial y afronta una por demás difícil situación con la Justicia. Han confirmado dos fallos de una sentencia condenatoria que castiga con la pena más severa que tiene el Código Penal argentino.
Se encuentra a la espera de sendos recursos ante el Superior Tribunal de Justicia provincial, o la Corte Suprema de Justicia. Es el mayor de tres hermanos varones y con otras 6 hermanas se criaron en barrio Pietrobelli y fueron alumnos de las escuelas provinciales Nº 2 y Nº 19; pasa el tiempo en su celda del pabellón 9, estudia la secundaria y otros oficios que llevan profesores, además de recibir contención religiosa cristiana. De su situación judicial este medio y otros de la región han informado acabadamente en sus respectivos momentos. (Ver recuadro en esta misma página).

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Derechos de los privados de libertad
Según la Ley y los Derechos Humanos, las personas privadas de libertad tienen derecho a que se respete su dignidad, a estudiar, trabajar, comunicarse y recibir visitas, con la finalidad de que tenga la capacidad para respetar y entender la Ley, pero también comprender la gravedad del delito que cometió y aceptar la sanción que uno o más jueces le impusieron.

Condenado a prisión perpetua por femicidio
Gallardo transcurre el tiempo con escuela y fabricando cosas artesanales mientras se entrega a la Iglesia Cristiana. Ha sido condenado a prisión perpetua por un gravísimo delito que en estos tiempos trajo reformas en el Código Penal Argentino: la violencia de género y, en este caso, el femicidio.
El pasado 7 de agosto la Cámara penal de esta ciudad realizó una audiencia de impugnación presentada por su defensora Viviana Barilla. Gallardo ya había sido condenado en primera instancia a la pena de prisión perpetua en relación al femicidio de Valeria Vivar, acontecido el 24 de enero de 2016 que en principio se intentó pasar como un suicidio.
Tras deliberar, el tribunal integrante de la Cámara en lo penal conformada por Guillermo Muller, Martín Montenovo y Daniel Pintos resolvieron “no hacer lugar a la impugnación ordinaria interpuesta por la defensa de Gallardo y confirmar en todos sus términos la sentencia”.
“¿Qué móvil podría haber tenido mi asistido para haber querido matar a Vivar?, ninguno”. Sin embargo, muchas eran las circunstancias personales de Vivar para tomar la lamentable decisión de quitarse la vida, según había expuesto la defensa, que solicitó por todo ello se anule la sentencia condenatoria y ante la ausencia de una conducta a ser reprochada a su asistido se lo absuelva.
Sin embargo, fueron más contundentes los dichos de la fiscal: el hecho probado en el debate fue el acontecido el 24 de enero de 2016, entre las 4 y las 4,30 aproximadamente, en el interior del domicilio sito en calle Saavedra 1.490 del Barrio Pietrobelli de esta ciudad, cuando Rubén Héctor Gallardo estranguló a Valeria Soledad Vivar presionando el cuello de la misma con su antebrazo -estrangulación antebraquial-.
Inmediatamente después de ocurrida la muerte de Vivar, Gallardo procedió, a los fines de ocultar el hecho delictivo, a realizarle un total de 23 cortes en ambas muñecas a Valeria Vivar, y a continuación colgar una sábana desde las vigas del techo del lavadero de la vivienda y colocar un trozo de sábana al lado del cuerpo simulando que era el trozo con el cual se anudó el cuello de Vivar, y asimismo procedió a imprimir una marca en el cuello de la víctima simulando la marca de ahorcadura”.
Tanto en primera como segunda instancia, las pruebas y testimoniales presentadas por la parte acusadora fueron contundentes que desembocaron con la máxima sentencia: prisión perpetua. Ahora la Defensa del condenado pueden interponer otros dos recursos, uno ante el Superior Tribunal de Justicia provincial, lo que demandaría varios meses, y, en última instancia, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la que también se tomaría varios meses en contestar.

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