Ascendieron en el trabajo al joven que escribió su CV a mano

“Todavía me quedan muchas cosas por aprender”, aseguró el joven cordobés que escribió su CV a mano porque no tenía cómo imprimirlo. A un año de su primer día de trabajo, contó sus logros y proyectos.

Carlos Duarte trabaja en la fábrica de vidrios más grande del país. Tiene 21 años y es cordobés. Él es “el chico que escribió su CV a mano porque no tenía plata para imprimirlo”. En unos días se cumple un año de su primer día de trabajo formal en blanco.

“Avancé bastante. Aprendí un montonazo. Muchísimo. Pasé a cargar vidrios a la lavadora. Que es donde pasa el vidrio y después pegan el marco que antes salaba yo. Ya tengo Categoría 2”, aseguró al dar cuenta de su ascenso.

Y explicó qué significa: “Arranqué como operario base, categoría 1, y ya pasé a donde estoy hoy. Es otra responsabilidad.” Después de los cuatro meses de trabajo, el jefe de planta de Vidrios Piazze, Christian Trivieri, debe evaluar el ascenso. “Es según lo que aprendas. Y de las referencias que dejen sobre vos los jefes de sectores. O esa me tiraron, para hacerme sentir bien”, dice entre risas. En la fábrica hay 5 categorías.

“Todavía me quedan muchas cosas por aprender. No les quiero faltar el respeto a los que de verdad saben del oficio. Pero digamos que soy bueno en ponerme las pilas pensando ‘qué puedo hacer para subir a la próxima categoría’. Porque gano más plata y puedo seguir ayudando en casa”.

“Estoy más maduro”, dice. Sigue siendo puntual. Aunque “una vez me quedé dormido y llegué tarde”, apunta. Carlos tiene horarios rotativos. Antes tenía que levantarse a las 4.30 y tomar dos colectivos para llegar a las 6 de la mañana. Pero ahora se compró una moto. “Le meto y en media hora estoy en la fábrica. Sólo para llegar a laburar la compré”.

Su papá acaba de tener un bebé. Así que dejó de ser el más chico de la familia. También de la fábrica. “Entraron muchos del PPP”, cuenta. Habla del Programa Primer Paso, que promueve el gobierno de esa provincia para facilitar la transición hacia el empleo formal de jóvenes. “Se acercan a preguntarme cosas. Que cómo se me dio por hacer eso (escribir los cv a mano). Que cómo me sentí cuando todo se viralizó. Que cómo estoy después de todo este tiempo.”

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Cuando Eugenia cumplió 40, el 13 de marzo, entró con un ramo de flores a la confitería. Fue una sorpresa para ella, como la llama, su “salvadora viral”.

Antes de toda esta fama viral. Eugenia ya era experta en currículums. “Soy un filtro”, dice ella. Al estar en la caja de la confitería donde trabaja, recibe todos los papeles.

“Algunos vienen con la hoja hecha un bollo. Leo y veo que tienen 18 años. Los entiendo y la estiro. Otros ven que estoy atendiendo a un cliente y no les importa nada: ‘te dejo mi currículum’. Te interrumpen. Carlos vino un 21 de septiembre. El local estaba lleno. Esperó a que atendiera al último y ahí recién se acercó”, recuerda.

El primer proyecto a cumplir: la casa propia. Es que en Carlos, detrás de tanta sonrisa, también hay algo de tristeza. Una historia familiar difícil, que prefiere reservar. “Quiero retribuirles a quienes me ayudaron. A Euge, la número uno.”

Carlos ni siquiera deja de sonreír al hablar de los horarios rotativos en la fábrica. “Todos tienen un beneficio. De mañana: te queda toda la tarde para vos. Pero te levantás a la mañana tempranito, que es muy difícil. A la tarde: tenés la mañana para hacer cosas, trámites. A la noche también está bueno, porque ya no voy al baile. Pero en la línea donde estoy yo no piden mucho a la noche.”

Aunque Eugenia aún no recibió el abrazo de Abel Pintos, su ídolo, -que es lo que Carlos intenta conseguirle-, a partir de lo qué pasó con el CV ella empezó a ser “guardiana” de otros. Cómo de Angelo, el chico de 12 años que estudia inglés en una peatonal de Córdoba con 4 grados y se sacó 9.50. “Ya está a punto de empezar la beca para estudiar mecánica en la escuela Fiat o Renault”, contó”.

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