Inician la 49° temporada de estudios de ballenas

Mariano Sirioni, John Atiknson y Marcos Ricciardi responsables de llevar adelante los relevamientos aéreos.

(ICB).- A un año de cumplirse medio siglo del Programa de Investigación Ballena Franca Austral, el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) inició junto al equipo de investigadores del Ocean Alliance la 49° temporada de estudios en Península Valdés.

Desde el 1 de septiembre y hasta mediados de octubre, el equipo de investigadores liderados por el Dr. Mariano Sironi y la Prof Victoria Rowntree, realizarán estudios de campo del Programa Ballena Franca Austral en el Área Natural Protegida Península Valdés. “La continuidad de este programa marca nuevos hitos en la historia de la investigación con ballenas tanto en Argentina como a nivel mundial, ya que éste es el estudio más largo del mundo basado en la foto-identificación de ballenas en su ambiente natural.

Fue iniciado por el Dr. Roger Payne en 1970. Este es un momento muy especial del año, ya que nos re-encontramos con las ballenas y -junto a un gran equipo de investigadores y voluntarios- recolectaremos nuevos datos que luego se transformarán en información esencial para la protección de esta población y su hábitat a largo plazo” explicaron desde el ICB Principales proyectos 2019 Según presentan los investigadores los proyectos de esta temporada son numerosos y variados, combinando metodologías no letales tradicionales con nuevas tecnologías que permiten aprender sobre la biología y el comportamiento de las ballenas. “Realizaremos el relevamiento aéreo de foto identificación para actualizar nuestra base de datos que contiene las historias de vida de más de 3.500 ballenas conocidas.

Además, este año planeamos complementar el relevamiento aéreo con otro realizado mediante un dron. Será una prueba piloto para evaluar si es posible mejorar la calidad de las imágenes obtenidas para la foto-identificación, incoporar más animales identificados en su año de nacimiento (ballenatos) y en especial eliminar el riesgo para las personas que realizan los vuelos tripulados en avión” explicaron.

En el marco del trabajo colaborativo con la Asociación de Guías Balleneros de Puerto Pirámides (AGB) continuarán con el proyecto para integrar las fotografías de ballenas francas tomadas desde las embarcaciones de avistaje turístico al catálogo de ballenas identificadas desde aviones. También se sostendrá el monitoreo de la frecuencia de los ataques de gaviotas sobre las ballenas en los golfos Nuevo y San José, como también la evaluación de la condición corporal aplicando tecnología de vehículos aéreos no tripulados para realizar fotogrametría.

“Adicionalmente, nuestros investigadores participarán de otros proyectos colaborativos y de diversas actividades de divulgación científica y educativas a lo largo de la temporada de campo. Observar lo que sucede con la ballena franca en el Atlántico Norte es un llamado de atención importante para actuar en la prevención. Esta especie fue cazada durante siglos, llevándola al límite de la extinción. A partir los años ‘90, estas ballenas de la costa atlántica de Estados Unidos y Canadá, vivieron una recuperación en sus números, desde menos de 300 hasta casi 500 individuos”, explican desde el ICB.

Sin embargo, a partir del año 2010 la población volvió a decaer y hoy se estima en apenas 400 ballenas. En la última década se perdieron unas 100 ballenas de una población en peligro. Y la situación actual es gravísima: 17 ballenas fueron encontradas muertas en 2017 y este año, 8 murieron en apenas dos meses, en junio y julio. Una de ellas, llamada “Punctuation” era conocida por los investigadores desde 1981. En su cuerpo llevaba las marcas de cinco enmallamientos en redes y dos colisiones con embarcaciones. Además, estas ballenas están cambiando su distribución para seguir al plancton del cual se alimentan, que se desplaza más al Norte como consecuencia del aumento de la temperatura del mar por el cambio climático.

Científicos y agentes de gobierno trabajan rediseñando las artes de pesca para hacerlos menos peligrosos, y relocalizando rutas de navegación para reducir las colisiones.

Los monitoreos científicos a largo plazo son esenciales para encender las alertas tempranas y poder anticiparse en las acciones necesarias para proteger hábitats críticos. “Es por este motivo que en el ICB estamos comprometidos a continuar con el monitoreo de la población que cada año elige las costas patagónicas de Argentina como área de cría y reproducción. Cada uno de los proyectos científicos, que realizamos en el Área Natural Protegida Península Valdés, cuentan con las autorizaciones correspondientes de la Dirección de Fauna y Flora y de la Subsecretaría de Turismo y Áreas Protegidas de la provincia de Chubut y organismos nacionales correspondientes”.

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