La lucha entre trabajadores

Con un tiempo de crisis en el que no se observan soluciones que mejoren la situación general, la situación no solo no mejora con las reiteradas medidas de fuerza de un colectivo de gremios representando a trabajadores estatales sino que, lo que es más peligroso aun, pone en riesgo la paz social ante eventuales enfrentamientos ruteros que podrían sucederse en los próximos días.La advertencia fue realizada ayer cuando se aseguró que los trabajadores petroleros saldrán a trabajar, una posición gremial que seguramente tiene que ver con las respuestas que estarían exigiendo los mismos operarios del sector y que podría desatar los enfrentamientos cuando, dentro de unas horas no más, comiencen a cobrar sus salarios con fuertes descuentos.

Con excusas que son entendibles -si cabe el término- desde todos lados, se vuelve a caer en el dilema de “el huevo o la gallina” y en las culpabilidades primarias o secundarias de una situación que nadie quería pero que debemos transitar pensando en un futuro sin que, entre todos, prendamos fuego lo que nos queda.

Se han sucedido reuniones e intentos dialoguistas que no han arrojado resultados positivos o mejor dicho, no han arrojado resultados que calmen los ánimos. Eso se debe a que desde el ámbito oficial -sector que aparece como el mayor responsable de la situación- se anunció en cada encuentro lo que se puede hacer y no lo que se quiere escuchar.

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Esas soluciones definitivas, que nada más y nada menos tienen que ver con cobrar sueldos en tiempo y forma, parecen no poder cumplirse por los dineros disponibles en las arcas del Estado pero, y reaparece el gran dilema, qué se hace entonces: se acepta lo que se propone para atender la coyuntura, con pagos salariales parciales y promesas de soluciones definitivas en el corto plazo -lo que cada vez se cree menos- o, por otro lado, se sostiene una lucha que comienza a afectar gravemente al resto de la comunidad y que amenaza con convertirse en un caos.

Ese caos, al que se avanza irremediablemente si no hay decisiones urgentes, podría graficarse en enfrentamientos ruteros; en la lucha entre trabajadores que podría derivar en consecuencias imprevisibles e irremediables, si se habla de eventuales lesionados o hasta de una víctima fatal.

La otra consecuencia de continuar tensando la soga es el costo político y, con rutas en llamas pero sin los dineros para salvar la situación original, estaríamos dejando atrás el tiempo de crisis para pasar a transitar momentos de una anarquía creciente que nunca ha dejado buenas cosechas.

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