Despidiendo a un gaucho patagónico

“El martes 27 de agosto de 2019, falleció don Raúl Orlando Costilla, al que todos llamábamos “El Bocha”.

Nacido en Comodoro Rivadavia en el año 1945, a los dos años sus padres se radicaron en Bahía Blanca.

A los 18 años volvió a la querencia, su Comodoro natal, en busca de un futuro mejor, trabajando en una empresa de transportes y también realizando tareas rurales. Su vinculación con los caballos siempre fue una constante; con el conocimiento adquirido desde muchachito, supo armarse de caballos potros que él mismo amansaba, sin dejarlos corcovear y sin maltratarlos.

Hemos visto al Bocha amansar como un verdadero gaucho, haciendo su presentación en el año 1981 desfilando solo, montado en su zainito (El Bolita) con la Bandera de la Patria un 10 de noviembre, el Día de la Tradición, por la avenida San Martín de Comodoro Rivadavia.
Nunca escatimó voluntad para participar en jineteadas, haciendo de capataz de campo, organizador de agrupaciones gauchas, siempre inquieto por darle valor al acervo nativo, presente en actos patrios, desfiles o representando a su ciudad en otras localidades donde supo cosechar admiración.

En agosto de 1986 tuvo la desgracia de sufrir un accidente cargando fardos de lana y eso motivó que no pudiera caminar más. La silla de ruedas se convirtió en la ayuda primordial para trasladarse y, durante 33 años, se las supo ingeniar para modificar la pedalera de su auto, entre otros elementos, para poder conducir y llegar al predio donde tenía sus caballos a los que trataba con mucho cariño. Nunca dejó de cabalgar, de participar; hombre de mucha fe, coraje y que sabía hacer valer su palabra.

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“Se fue luchando, con esa garra que siempre la caracterizó”

El amor por su familia, que lo apoyó incondicionalmente, fue uno de sus principales puntales.

En lo personal, me queda el recuerdo de haber compartido conversaciones de cosas rurales de la querida Patagonia que conocimos. Se nos fue para descansar en paz; fue un comodorense, un verdadero Gaucho Patagónico que dejó su impronta personal por la que será recordado; por su hombría de bien, su cordialidad, por haber sido un hombre de campo educado, siempre dispuesto a dar una mano.

Cuando un amigo es cabal, es el mejor aparcero que el gaucho tiene en la vida. Hasta siempre Bocha…” – Juan Soto.

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