Esguince de rodilla

La articulación de la rodilla tiene la particularidad de que brinda inserción y es accionada por músculos potentes del muslo y la pierna, los cuales la asisten en forma activa; pero son los ligamentos los que le brindan estabilidad.

Por dentro, el ligamento medial; por fuera, el ligamento lateral externo y los ligamentos cruzados anterior y posterior. Sumado a esto, los meniscos brindan aumento de superficie articular para transferir las cargas y rodeados por cápsulas que cierran la articulación, como un anillo, para protegerla y contener el líquido sinovial que lubrica los cartílagos articulares.

La práctica de deportes o accidentes de la vida diaria, nos puede llevar a padecer una lesión de estas estructuras encargadas de proteger a la rodilla, lo que comúnmente escuchamos como una torcedura al practicar futbol, esquiar, bajarse de una camioneta, etc., donde sentí que se trabó el pie y se me dobló la rodilla y lo que produjo dolor, dificultad para caminar e hinchazón.

La rodilla tiene una movilidad propia, la cual es controlada por estos ligamentos y a su vez le brindan un tope o restricción. Cuando es llevada más allá de su capacidad fisiológica normal, estos se ven dañados y de acuerdo a la gravedad de la afección se clasifica, en orden general, en tres grados.

El grado 1 o leve, indica estiramiento simple del ligamento, lo que le produce microrupturas  internas pero conservando su elasticidad.

El grado 2 o moderado, se asocia a una lesión con ruptura parcial del ligamento, lo cual provoca un cierto grado de inestabilidad con una elasticidad aumentada.

El grado 3 o grave, consiste en un desgarro completo del ligamento implicado, asociado a una notable inestabilidad.

Los síntomas que se presentan son: dolor, el cual aumenta su intensidad dependiendo de la gravedad de la afección por el sangrado de la articulación (hemartrosis), la presencia de un chasquido puede ser indicador de una fractura, y la Impotencia Funcional como cuando un jugador se quiere poner de pie y no logra siquiera llegar al banquillo. En ocasiones, la rodilla puede llegar a una postura       de rigidez donde no la podemos mover.

Si alguien sufre esta lesión, como primera medida hasta ser evaluado por un traumatólogo, debe realizar los principios que denominamos bajo la sigla RICE: Reposo – Hielo – Compresión – Elevación.

Luego de ser evaluado por el traumatólogo este le indicará estudios, que pueden ir, desde una radiografía, ecografía, resonancia magnética. Dependiendo del grado de lesión, podrá solucionarse con reposo y medicación analgésica, inmovilización o reparación quirúrgica de las estructuras dañadas.

Y allí es donde llegamos a un trabajo que los kinesiólogos consideramos vital en la recuperación de la funcionalidad de la rodilla donde tienen que articularse las herramientas fisioterápicas como magneto, electroterapia, ultrasonido, etc. Sumado a esto, se requiere de una correcta reeducación muscular y propioceptiva de la articulación readaptando las funciones de su rodilla a través de ejercicios, para la vuelta a la práctica deportiva.

Se deben tener en cuenta: una correcta progresión en los ejercicios, la determinación de las superficies de trabajo de acuerdo al impacto (no es lo mismo correr en el cerro que en el asfalto), el acondicionamiento de la masa muscular y del peso, el  uso de taping, vendajes o accesorios como rodilleras de ser necesario; y en el caso de practicar deportes, tener en cuenta la correcta selección del calzado.

Escrito por:

Emilio Jorge Álvarez

Kinesiólogo M.P. 0066

 

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