Alemania discute la suba de impuestos a la carne como medida medioambiental

Friedrich Ostendorff

Greenpeace calcula que la medida reduciría el consumo de carne en un 11% y elevaría los ingresos públicos en 3.600 millones. El Gobierno alemán se limitó a destacar las dificultades prácticas de la medida y la existencia de otras más efectivas.

A raíz de la columna de opinión del portavoz parlamentario de Los Verdes para política agraria, Friedrich Ostendorff, en el diario Welt. “Estoy a favor de eliminar la reducción del impuesto sobre el valor añadido (IVA) para la carne y destinarlos a medidas a favor del bienestar animal”, aseguró el veterano político.

La frase significaba que el gravamen sobre los productos cárnicos pasaba del actual 7 % al 19 %. El kilo de carne picada de ternera, esta semana a 4,99 euros en los supermercados Lidl de toda Alemania, pasaría instantáneamente a costar 5,55 euros. La bandeja de pechugas de pollo, ahora a 2,99 euros en la cadena Aldi, se incrementaría hasta los 3,32 euros.

Las asociaciones para la conservación del medioambiente y los colectivos vegetarianos y veganos -minoritarios pero con un creciente ascendiente en las grandes ciudades aplaudieron, con mayor o menor cautela, las distintas ideas que, como globos sonda,  lanzaron en las últimas horas a la opinión pública los principales partidos.

El Gobierno alega “dificultades prácticas de la medida” 

Tras la propuesta inicial de Ostendorff, que respaldó a título individual varios políticos de Los Verdes, el Partido Socialdemócrata (SPD) y la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller, Angela Merkel, el Gobierno alemán se limitó a destacar las dificultades prácticas de la medida y apuntar que hay otras fórmulas más efectivas para mejorar el bienestar de los animales para la producción cárnica.

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El diputado socialdemócrata Rainer Spiering, especializado en política agraria, valoró la eliminación del impuesto reducido para la carne el Estado alemán y estimó que esto podría recaudar unos 5.000 millones de euros extra al año y financiar una mejora en las condiciones de las instalaciones agropecuarias intensivas.

El grupo ecologista Greenpeace celebró también la iniciativa por tratar de “poner fin a la reducción impositiva de los productos cárnicos y lácteos” y calculó, por su parte, que el cambio fiscal reduciría el consumo de carne en un 11 % y elevaría los ingresos públicos en 3.600 millones.

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