Una ciudad sueca impone una tarifa a quienes pidan limosna en la calle

Jimmy Jansson

En Eskilstuna, una ciudad de unos 100.000 habitantes al oeste de Estocolmo, las personas que piden limosna están obligadas desde ayer a solicitar una licencia a la policía, previo desembolso de 250 coronas (unos 23,5 euros).

Es el primer municipio de Suecia que opta por esta vía para intentar acabar con esta práctica, eludiendo así el término prohibición, pese a que para muchos de los mendigos supondrá, en efecto, una prohibición. Según la nueva normativa, cualquiera que quiera “recaudar dinero pasivamente” en las calles y plazas públicas de Eskilstuna debe rellenar una solicitud –remarcan, como facilidad, que lo pueden hacer también online–, aunque la organización benéfica Stadsmission alerta de que muchas de estas personas son analfabetas. Además, deberán presentar un documento de identidad válido.

Según informa la televisión pública SVT, la policía afirma que pueden tener una validez máxima de tres meses, aunque todavía está por determinar cada cuánto se deberán renovar los permisos. Se debate incluso si podrían ser licencias de un día, un extremo por el que se decanta el alcalde de Eskilstuna, el socialdemócrata Jimmy Jansson, aunque subraya que se trata de una decisión policial.

Esta normativa fue votada en junio del año pasado por la coalición de gobierno del Partido Socialdemócrata, Moderados (conservadores) y Partido de Centro, con el apoyo también del partido xenófobo Demócratas de Suecia. El alcalde defendió que esta medida debía servir para ayudar a los mendigos a entrar en contacto con Stadsmission y otras organizaciones de beneficencia, o bien “ayudarlos a volver a casa”.

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La normativa tendría que haber entrado en vigor en octubre, pero estuvo cajoneada en los tribunales hasta mediados de julio, cuando recibió la luz verde definitiva.

Los mendigos de Eskilstuna tendrán que pagar 23,5 euros cada tres meses para poder mendigar

Por ahora policía no recibió ninguna solicitud, y desde Stadsmission aseguran que probablemente los afectados –se calcula que hay entre 30 y 50 personas limosneando en las calles de la ciudad– no son conscientes de esta nueva ordenanza, aunque el consistorio afirma que hizo llegar folletos informativos a las organizaciones sociales, las tiendas y centros comerciales y los guardas de seguridad.

“Ellos (los mendigos) no saben qué está pasando, probablemente no lo entienden. Muchos son analfabetos, no conocen ningún otro idioma que el suyo, es muy difícil comunicarse con ellos”, relata Tomas Lindroos, director de Stadsmission en Eskilstuna, que critica que la creación de un permiso implica la aceptación y legitimación de la mendicidad y que supondrá un aumento de la vulnerabilidad de este grupo, mayoritariamente gitanos. Según la organización, se exponen a ser explotados por personas que pretendan ganar dinero a través de préstamos para pagar las licencias, a la vez que las mujeres pueden ser obligadas a prostituirse si no se les permite mendigar.

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