“No tengo trabajo fijo y vendo para darles de comer a mis hijos”

Sorprendente es que la gente se puso de su lado y al final le terminaron comprando su mercadería como gesto solidario.

Una conmovedora historia de vida apareció de la nada y en pleno centro de la ciudad en la tarde de ayer cuando en una concurrida vereda de la calle San Martín entre Mitre y 25 de Mayo dos inspectores municipales del área Habilitaciones multaron y quisieron sacar del lugar a un joven vendedor ambulante de cubanitos. También arribó una pareja de policías ante el pedido de los inspectores municipales y comenzó el ruego desesperado del vendedor que entre bronca contenida y de a ratos, sollozos, comenzó a vociferar que tenía familia que mantener. Ante esto no fueron pocos los transeúntes que se pusieron de su parte y gritaban a viva voz “¡Déjenlo trabajar, se está ganando la vida!”, y otros que directamente espetaban: “¿Acaso quieren que vaya a robar?” Crónica fue testigo del momento ocurrido entre las 18:15 y casi 19 de ayer sobre la concurrida calle San Martín.

Bronca e impotencia que conmovieron a transeúntes

La bronca y la impotencia del momento hicieron que Roberto Hugo Moreno (26) levantara de a ratos la voz y ese proceder casi lo lleva detenido ya que tanto el hombre como la mujer policía le solicitaban de buenos modales sus datos personales, aunque la bronca era contra el hombre y la mujer que dijeron ser inspectores municipales del área de Habilitaciones.
La mujer municipal que ante Crónica se identificó como Graciela labraba el acta de infracción y su compañero apoyado en un automóvil oscuro y con vidrios polarizados en que se movilizaban, filmaba al vendedor de cubanitos y a quienes se le acercaba. “Ustedes tienen trabajo, están cómodos en sus hogares, yo no; fui a la Municipalidad para que me otorguen un permiso y me dijeron que a los porteños no les damos trabajo; no soy porteño, me vine de Bahía Blanca con mi mujer y dos hijos chiquitos a quienes tengo que darles de comer” señalaba.

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Y, entre lágrimas y desesperación, agregaba ante este diario que “tengo que darle de comer y comprarle pañales a mis hijos, vivo en una casa sin calefacción en el Stella Maris y a veces tenemos que dormir en el auto bien tapados, ese auto que ven ahí, con mis hijitos adentro” decía, mientras señalaba un auto viejo estacionado enfrente del puesto, lugar al que debió cruzarse para buscar los documentos que le pedían los policías.

Pero la gente se fue juntando y escuchando los argumentos de uno y de otro lado y salieron en defensa del joven vendedor de cubanitos a quien la inspectora le aconsejaba que mañana (por hoy) se presentara con el acta de infracción al sector de Habilitaciones de Km. 3 para tratar de buscarle una solución.
“Veo que hay vendedores ambulantes por toda la ciudad ¿Por qué no van a la Saladita? Me discriminan por ser de Buenos Aires, pero no soy porteño, y veo que también hay muchos extranjeros vendiendo en las calles” expresó el vendedor.

El efecto que causaron los argumentos del joven vendedor hicieron que los efectivos policiales se retiraran y los inspectores subieran a su auto tras entregar la boleta pero lo más significativo que Crónica pudo observar, es que tras calmarse los ánimos varios hicieron cola para comprarle cubanitos a Roberto Hugo Moreno, quien dijo ser un exintegrante del Ejército Argentino.

 

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