El resonante secuestro del sobrino del tesorero del Sindicato Petrolero en esta ciudad

Todos sus protagonistas fueron condenados, incluso Walter Flores, el ahora detenido por tentativa de robo.Se trató del segundo secuestro extorsivo en pocos años que tuvo trascendencia nacional ocurrido en esta ciudad. El anterior había sido el de un niño de 2 años, hijo de una reconocida familia de Rada Tilly, que pudo ser rescatado.

En este caso el detenido la noche del viernes por el intento de un robo domiciliario en barrio Juan XXIII, tuvo una activa participación. Walter Bambino Flores fue imputado y posteriormente condenado por secuestro extorsivo agravado junto a sus consortes de causa Iván Trillo, Jorge Alberto Ovando -que se desempeñaba como cajero de la Municipalidad- y Matías Ávila. La víctima fue José Miguel Díaz, a quien apodaban cariñosamente “Miguelito” y por cuyo rescate se pagaron en ese entonces $ 14.000, aunque en principio las pretensiones de la banda era cobrar por lo menos $ 75.000.

Según se desprende de las actuaciones judiciales que llevó adelante la Justicia Federal, un mediodía del año 2009 se presentó en la Seccional Cuarta de esta ciudad Susana D. denunciando que había recibido una carta anónima en el lugar donde trabajaba dos días a la semana, la Asociación vecinal Ceferino Namuncurá. La carta decía que tenía a su hermano secuestrado y pedían un rescate de $ 75.000. Aparte, daban pormenorizados detalles de la rutina familiar, haciendo entender que la cosa iba en serio y que había sido muy planificada.

La víctima había sido abordada por dos hombres esa mañana cuando caminaba las cuadras de siempre: desde su casa en avenida Polonia hacia un terreno familiar en el cordón forestal. Todas las mañanas “Miguelito” caminaba unas 20 cuadras para ir a regar plantas y alimentar a los perros. Fue llevado por la fuerza hacia un descampado donde le colocaron precintos plásticos negros en manos y pies para inmovilizarlo. También le vendaron la boca con cinta adhesiva negra y lo abandonaron no sin antes ponerle una gorra negra de lana y darle por alimento una manzana y una botella de gaseosa con agua.

“Miguelito” se las ingenió para romper la botella de vidrio y de esa manera romper el precinto de sus pies y empezar a caminar aún con las manos atadas hasta que lo halló un familiar en las inmediaciones.

Mientras tanto y previamente, ocurrían cosas insólitas, la hermana de la víctima empezaba a recibir mensajes intimidatorios desde el teléfono de su hermano: exigían urgente el pago del rescate o prometían “devolverlo en pedacitos” y también le seguían los pasos ya que sabían que en determinado momento del mediodía se encontraba en la Comisaría Cuarta. Le dieron una prueba de vida hablando con su hermano y negociaban la rebaja de la plata del rescate.

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Pasaron algunas horas y Susana D. se presentó en la Comisaría Cuarta con su esposo, el tesorero del Sindicato petrolero: 140 billetes de 100 pesos fueron fotografiados junto a su numeración como prueba y fueron puestos en una bolsa de nylon que luego depositaron en un tacho de basura frente a la iglesia que se encuentra en Avenida Polonia y 10 de Noviembre, en barrio San Cayetano.

La investigación daría cuentas que el botín lo retiraron Trillo, Flores y Ovando a bordo de un automóvil Volkswagen Gol gris y que los dos primeros fueron a encontrarse con Matías Ávila a quien le pagaron su parte en una vereda. La policía los seguía prudentemente y Ávila sería el primero en ser detenido y en uno de sus bolsillos le encontraron billetes de cien pesos que pertenecían al rescate. Al día siguiente caerían todos presos.

Matías Ávila era pariente lejano de los familiares de la víctima y según se investigó -y manifestó en el juicio- era quien aportó todos los datos de rutina de los movimientos rutinarios en el domicilio del tesorero del Sindicato del Petróleo.

Los detenidos cumplieron prisión preventiva hasta que recuperaron la libertad y la mantuvieron hasta que se realizó el juicio oral y público. Recibieron condenas de varios años de cárcel pero cuando se confirmó la sentencia Ovando ya no estaba en la ciudad y quedó en calidad de prófugo.

Matías Ávila fue protagonista de una cinematográfica fuga en la Alcaidía Policial y estuvo prófugo por 8 años hasta que en el 2018 fue detenido y cumple una condena de 10 años en la cárcel de Ezeiza.

Trillo cumplió condena, al igual que Walter Bambino Flores que estuvo menos de una década cumpliendo condena en la cárcel santacruceña de Río Gallegos. Actualmente trabaja en la planta asfáltica del Municipio y nada se sabía de él hasta que antenoche la policía de la Seccional Quinta lo atrapó in fraganti acopiando cosas de una casa de la calle Manuela Pedraza al 3.100 y ahora nuevamente espera estar frente a un Fiscal que lo acuse y un juez que resuelva su futuro inmediato.

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