Lidiando con las rabietas

Lidiando con las rabietas: Es difícil como padres controlar nuestra respuesta ante las rabietas de los chicos, responder con amor cuando los nenes se descontrolan y  explotan con furia. Pequeños terremotos que gritan, patean y pegan, sacándonos de quicio

El manejo del enojo es una de las tareas más difíciles que las personas enfrentamos. Muchos adultos aún no han logrado el control, imaginen lo que puede costarle a un niño pequeño.

Pasar a la acción cuando algo nos llena de rabia, es la más primitiva de las respuestas: la violencia, el ataque, la pelea cuerpo a cuerpo. Crecer en una familia capaz de contener y moderar la agresión sin devolverla es la manera en que esa reacción puede moderarse hasta lograr reemplazar la acción por la palabra.

Hasta un insulto es menos violento que el golpe, pero aún es necesario aprender a hablar de los enojos, expresarlos, sin insultar.

La función de los padres es educar

La función de los padres es educar, pero muchos no han crecido en familias que los hayan ayudado y educado en este tema, aprendieron (o no), como pudieron el “qué hacer” con los enojos.

Cuando, ya padres, tienen que enfrentarse al qué hacer con las rabietas de los hijos, se encuentran sin un modelo que los ayude, desinstrumentados.

Lo ideal sería responder con amor a ese descontrol, pero los chicos suelen sacarnos de las casillas y nos sentimos enojados e impotentes para contener-parar el desborde (propio y de los nenes). Retos y gritos no ayudan, aumentan la tormenta y la culpa por no saber qué hacer.

Una técnica que me ha sido útil, fue pararme a pensar en el porqué de la reacción, encontrar adentro mío un lugar de calma en medio de la tormenta. Muchas veces los nenes responden con violencia porque se han sentido dejados de lado, no tenidos en cuenta (celos), o porque le hemos dicho que no a algo que deseaban.

Aceptar que el mundo no siempre se va a doblegar a nuestros deseos y que no siempre seremos el centro de atención, es un doloroso proceso. Si entendemos que el enojo esconde un sufrimiento, un dolor que para un nene chico es insoportable, podremos conectarnos con el amor que le tenemos y encontrar un modo de consolarlo. Los celos duelen, lastiman adentro y cuando algo duele mucho nos enojamos.

Aprendiendo

Hay abrazos contenedores que, a la vez impiden los movimientos violentos y transmiten seguridad y calma. Si van acompañados de palabras de consuelo, logran que la rabieta pierda fuerza y sea reemplazada por un llanto dolido.

Para lograr ese abrazo al hijo en un momento tan difícil, tendríamos primero que abrazarnos a nosotros mismos, perdonarnos por enojarnos y por no ser padres perfectos.

No es fácil educar hijos. Ellos no son difíciles, son chicos y están aprendiendo. Nosotros también.

Lic. Diana Ponce

MP 0040

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