“Para mí, la chica asesinada es Daniela”, dijo una vecina

Daniela Esther Fernández Quelca residía en un inquilinato situado sobre la calle Código 765 al 1.700 del barrio Moure, a una cuadra y media de la avenida Roca y cerca de la calle Wilfredo Andrade. Ya sobre las 19 de ayer se confirmaba a través del sistema AFIS que se trataba de la mujer asesinada durante la madrugada del jueves en la zona de extensión del mismo barrio.
Desde la División Policial de Investigaciones dejaron trascender que por el caso hay más de un sospechoso, entre ellos la expareja.

Pero horas antes que se confirmara la identidad de la víctima, Crónica buscó en el lugar donde residía, el inquilinato donde dos niñas de 1 y 3 años pasaron varias y largas horas solas esperando por su madre y Mery, una vecina oriunda de Cochabamba, Bolivia, que reside hace unos dos años, se prestó al diálogo informal con este diario. Y señalando con el dedo a media cuadra, dijo que Daniela se había ido a vivir sola ya que se había separado de Eduardo.

“A ella la vi el último domingo, cuando vino a ver a Eduardo para pedirle que le hable a su amigo fletero para que le lleve ropas a La Saladita; ella vendía ropas en la Saladita; estaban separados pero tenían otra pieza aparte”.

Mery desconocía al igual que el cronista, la verdadera identidad de la mujer encontrada asesinada el día anterior, pero consultada respondió: “para mí esa chica muerta es Daniela, cómo iba a dejar tantas horas sola a sus nenas?” se preguntaba, agregando que la tarde anterior llegó una hermana de Daniela y se encontró con las pequeñas solas. “Trataba de comunicarse con su hermana y nada; yo también, a eso de la una de la mañana me pareció que su celular se había activado, y llamé a su hermana, pero tampoco contestaba nadie” agregó.

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Cuenta Mery que tiene un trabajo del que sale en horas de la madrugada y que ayer llegaba como a eso de las 5 y algo de la mañana y en una de las esquinas se encontró con la figura de dos individuos con caras de facinerosos que miraban atentamente para el inquilinato y le causaron miedo.

“Le golpeé la puerta a la Daniela para que me abriera la puerta, pero no contestó, tampoco después cuando la llamé, estaba la luz prendida, yo llegué muy cansada y me acosté enseguida” dijo.

Luego se levantó después del mediodía, quiso golpear a la puerta de Daniela y prefirió no molestar. No escuchar el llanto de los niños. “Nunca pensé que estaban solos, solo cuando vino la tía y las encontró solas. Después vinieron con la policía y se llevaron a los nenes. A Eduardo no lo he visto” señaló, entre otras cuestiones la vecina de la mujer que apareciera brutalmente asesinada la madrugada del jueves en un zanjón oscuro y rodeado de matorrales, sobre la calle que lleva el nombre del periodista comodorense Ricardo Torá, a la altura del 2.000.

 

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