Alejandro Aguado, Tesoro Regional

Patagonia tierra adentro: Su nuevo libro relata con crónicas ilustradas historias del territorio desconocido (foto: Pablo Villagra).

Dice que se siente más patagónico que comodorense y que lo que más le gusta de Comodoro es poder moverse por los alrededores y ver qué hay. Alejandro no se queda quieto y la historia de la Patagonia se lo agradece.

(Por Flor Nieto) “Es un libro que nació de Facebook” explica Alejandro. “Empecé a escribir las notas como complemento de las fotos para Facebook. Empecé a ver que la gente se enganchaba así que se me ocurrió contar un poquito más. Tenían mucha repercusión, el del Puesto embrujado de Moyano, un lugar muy famoso, tuvo 1500 me gusta, 2500 compartidos y uno no está acostumbrado a eso. Gustó tanto que empecé a escribir cada vez más. A Daniela -Zamit- le interesó, se las pasé y las va publicando en Dom. Hay para rato y vienen más. Tenemos tanto acá y nadie lo sabe…y lo que se ha perdido. En Europa circula una versión más breve de 64 páginas” cuenta.

Alejandro Aguado es historietista, ilustrador, escritor, investigador, guionista, explorador y patagónico. Eso. Antes del lanzamiento de “Patagonia tierra adentro”, su nuevo libro, y la incorporación de sus obras al archivo de la Biblioteca Nacional, charlamos con él.

-Nos contaron que acabas de mandar tu próximo libro a imprenta ¿De qué se trata?

-Se trata de viajes por lugares desconocidos de la Patagonia, de la región. Con unos amigos salimos a recorrer los alrededores, hay lugares muy desconocidos que tienen mucha historia. Como he investigado bastante y conozco bastante la historia de la región entonces voy con una cierta ventaja porque puedo hacer una lectura más profunda del lugar, no solo me quedo con el paisaje.

Entonces voy conociendo que ahí había una ruta antigua, que iban los carros, que ahí vivía tal gente, si estuvieron hace miles de años, si hay un chenque o pinturas rupestres, te da un panorama espectacular. Estos lugares podrían ser recontra turísticos pero son desconocidos y los tenemos acá cerca.

Detrás de Comodoro hay una cordillera que era de la época de Pangea, cuando el mundo era un solo continente, de 370.000.000 de años atrás y está acá cerca y nadie sabe. Después que está lleno de cementerios indígenas, de pinturas rupestres, lo que pasa es que no se puede decir dónde porque si no los saquean. En el libro indico donde están pero no cómo llegar por el tema de que tuvieron que cerrar todas las tranqueras de los campos porque mucha gente empezó a saquear. En todos hay que entrar con permiso, es importante aclararlo. Ha pasado mucho, pasa en Comodoro mismo, que han empezado a robar, a romper, a quemar, a ensuciar entonces la gente de los campos cerró las tranqueras. Son todas crónicas breves que se fueron publicando los domingos en Crónica, las Cró- nicas Ilustradas. Las compilo y hay unas cuantas inéditas. Ya son 88 páginas en tamaño grande, si no tendrían muchas más.

-Hay copias de tus notas e historietas en la Biblioteca Nacional ¿Qué se siente?

-Que estoy más viejo -risas-. Y sí, pasaron un montón de años, tenés un montón de cosas hechas y: “Uh, estoy viejo” -risas-. Ya te va a pasar a vos en algún momento -risas-.

-¿Cómo lees los paisajes? ¿Cómo llegás a estos lugares?

-Primero empecé a recorrer mucho con el tema de los libros, desde la costa hacia el interior del territorio. Primero, con el ferrocarril fui conociendo, veía lugares a la distancia que me llamaban la atención, una montaña grande y “¿Qué habrá en ese lugar?” hasta que un día vas para allá. Después empezás a encontrar caminos antiguos y las mismas historias te van llevando a diferentes lugares.

Terminás aprendiendo a leer el paisaje, determinado tipo de montaña con determinada forma, un vallecito, un cañadón, sabés que eso era un paso, que ahí puede haber un cementerio o pinturas, aprendés. Generalmen- te salgo con amigos, somos medio parecidos, o nos conocimos porque ellos hacían algo parecido. Con uno de los que más salgo es Hugo Covaro, que él también es escritor y durante muchos años hizo lo mismo.

-¿Y el proceso de ilustrar? ¿Ilustrás en el momento?

-No, no te dan los tiempos. En Patagonia las distancias son muy grandes así que no te dan los tiempos para ir, sentarte, dibujar tranquilo. Para llegar a algunos lugares a veces tenés que caminar 10 ó 15 kilómetros. En algunos tenés suerte y caminás menos. Hacemos esto porque nos gusta, nos gusta andar por el campo. Aparte, después se te vuelve un vicio -risas-. Por ejemplo, el Cerro de las Calaveras, son dos cimas de un cerro que está mil y pico de metros de altura frente a Facundo.

De ahí ves hasta la cordillera en Chile, ves los lagos de Sarmiento y se llama Cerro de las Calaveras porque es un cementerio indígena, un lugar sagrado. Para llegar tenés que caminar como 10 km. en subida. El último tramo es un empinado terrible entonces no te da tiempo. Es: sacar foto, sacar foto e ir viendo. En la ilustración hago un resumen de la vivencias del lugar o las principales características.

Después te empiezan a pasar muchas cosas, siempre algo inesperado pasa. Hay experiencias con seres de los que se ven en la Patagonia, son unos 20. Eso es de mi libro anterior. Te pasan cosas, tenés testimonios, fotos, filmaciones, es muy loco. No solo, con más gente. Hay unos testimonios en las Crónicas que cuentan encuentros con la luz mala. En uno de los encuentros estuvimos una hora filmándola. Esas cosas van apareciendo. Una vez nos atacó un ser que se llama El Viento Vivo, que es como una especie de remolino.

Empezás a ver cosas relacionadas con la presencia antigua de los indígenas, con sus lugares, sus asentamientos. Estoy descubriendo un mundo que es nuestro pero que no lo conocemos.

Después se te vuelve como un vicio esto, el mismo paisaje te llama y necesitas salir a descubrir esos lugares nuevos. Encontrás cascos abandonados, casas y cuando sabés leer el paisaje sabés como se llama. Estás en el medio de una sierra y ves un vallecito, ves dos cerros y sabés que hay pinturas o cementerios. Sabés hace cuánto había gente, por dónde andaban, dónde vivían, qué hacían, es re loco. Esto estuvo poblado pero impresionante acá.

-¿Cómo empezó tu fascinación con la Patagonia?

-Yo creo que se terminó de definir una vez que fui a Europa y vi que lo que tenemos acá es único. Allá los paisajes abiertos no existen, ni los paisajes originarios. Ponele, por acá andamos caminando arriba de fósiles, de rastros que tienen millones de años. Perderte en lugares en los que no anda nadie, que están intactos y que tienen mucha historia. Cuando uno va por la ruta piensa que acá no hay nada, ve todo medio pelado, vacío y sin embargo empezás a meterte en esos lugares y te das cuenta de que hay de todo. Uno no se lo imagina. Aparte la ruta la han hecho por los lugares más planos para acortar distancia y los cañadones, los valles, ni se ven desde la ruta. Desde Europa aprendí a valorar más esto, eso fue hace un montón ya, en los 90. Patagonia a nivel mundial es un mito.

-¿Encontrás las historias o ellas te encuentran? ¿Tenés alguna favorita?

-Es una mezcla. A veces voy a algunos lugares porque sé que tienen una historia fuerte o linda o interesante y ahí con las vivencias aparecen más. Por eso es importante saber algo de arqueología, antropología, historia de la zona, investigar, vas al lugar y ya lo ves distinto. Si ves un cerrito, capaz te parece lindo o feo, fuiste, subiste, bajaste y ya. Tuviste la experiencia física pero si vos vas, conocés la historia, que por ahí pasó una ruta antigua de carros en 1910 o en 1890 ya lo empezás a ver distinto.

O subir al cerro y encontrar esquirlas de flechas, sabés que hubo indígenas, que se encuentra un chenque, un cementerio y todo cambia. No tengo historia favorita, todas son interesantes y siempre encontrás algo nuevo. Lo que tenemos acá es impresionante, pasa que no lo sabemos y hay que cuidarlo porque la gente está muy depredadora. Está lleno de lugares con pinturas rupestres, opté por no nombrar algunos porque los pintan, los rayan, los rompen.

Uno pensaría que es ilógico pero hay gente que lo hace. Somos nosotros y ese es el problema, la gente de afuera es la que más respeta.

En el libro lo aclaro, que no se ponen los datos concretos de cómo llegar porque hay que entrar con autorización de los dueños de los campos por, justamente, ese problema. Igual incluí un mapita pero no cómo llegar.

-¿Cómo sigue el año?

-Tratando de seguir adelante porque este libro lo saco a pesar de la crisis que hay. Estamos viviendo una crisis editorial peor que la del 2001. Son datos oficiales: En el 2015 la Argentina estaba editando 86.000.000 de ejemplares por año, el año pasado terminamos con 22.000.000 y la Feria del Libro de Buenos Aires este año fue un fracaso en término de ventas. Es terrible. Pese a eso y a contracorriente estoy sacando el libro. Hay que seguir adelante y no dejarse aplastar. Aparte los que tenemos cierta edad ya la vivimos, durante los 90 fue muy parecido.

Yo empecé de bien pibe, como a los 18 hice la primera revista de historietas de la provincia y me agarró la primera hiperinflación de Alfonsín. Ahí me fundí por primera vez. Después a mitad de los 90 empezó el despelote en la época de Menem y hasta el Crónica tuvo que reducir la cantidad de páginas. Una crisis tremenda, yo trabajaba en Página/12 en ese momento y quedamos 80 afuera.

Después nos agarró la época de De La Rúa y ahora otra vez en la misma. Sube y baja, sube y baja entonces uno dice: “Tengo que tener paciencia, tirar para adelante y ver qué pasa”.

“Patagonia tierra adentro” tiene tapa, fecha, historias y gente que las espera. “No creo que lo presente, no estoy presentando mis libros. Me gusta más el proceso, lo largo y que circule, es lo más entretenido.

Crónicas voy a seguir haciendo, es algo que me gusta escribir, me sirve y ya tengo pensando 10 lugares a donde voy a ir.

Aparte vas conociendo gente muy especial y vas creando lazos, quiero ir a visitar varias de esas personas.

En todo eso algo surge, también vas detectando qué sirve para escribir y qué no. Los viajes están re buenos, salís un día, te trepaste una terrible montaña, viviste experiencias espectaculares, viste lugares que no ve nadie.

Cuando estás ahí te sentís un privilegiado y deseas que todos pudieran ver lo que estás viendo, eso es genial” dice. Lo dice y sin querer queriendo lo hace, privilegiados somos nosotros al ver Patagonia a través de sus ojos.

Descubriendo huellas del pasado: con amigos con los que comparte su pasión, Alejandro recorre la Patagonia (ilustración: Alejandro Aguado).

Alejandro de la Patagonia al mundo

Nació en 1972 y desde entonces reside en Comodoro Rivadavia, Chubut. Se recibió de Bachiller con orientación artística y estudió Licenciatura en Comunicación Social. Como dibujante (historietas, tiras e ilustraciones), publicó en diarios, suplementos, revistas y libros de Argentina, España, Chile, Venezuela, Colombia, Bolivia, Estados Unidos, Uruguay, Francia e Italia.

Publicó 15 libros sobre historieta e investigaciones sobre Patagonia, que llevan entre dos y cuatro ediciones cada uno: “Patagónicas”, “Chiri Von Fiesta”, “Tinta Densa Patagónica” (dos ediciones), “Chiri Von Fiesta y Las Tunas” (reseñado en 2010 por el sitio especializado Cuadritos como uno de los mejores libros de historietas de Argentina del año), “Crónicas Patagónicas”, “El Espejo de los dibujantes del sur” (suplemento en Diario Crónica), “Episodios Patagónicos”, “Aventuras sobre rieles patagónicos” (dos ediciones), “Cañadón Lagarto.

Un pueblo patagónico de leyenda, sacrificio y muerte” (tres ediciones), “El viejo oeste de la Patagonia” (cuatro ediciones), “La Colonización del oeste de la Patagonia central” (tres ediciones), “Aquellos exploradores olvidados”, “El valle de los ancestros” (dos ediciones), “La tierra tehuelche” (cuatro ediciones), “Tehuelches.

Entre la prehistoria y el presente” (dos ediciones), “Patagonia Fantástica. Seres e historias de las creencias populares actuales” (dos ediciones), “General Ingeniero Enrique Mosconi. Una historia de novela” (dos ediciones).

Sus libros se utilizan en colegios y universidades, circulan en la Patagonia, el país y el extranjero (España, Francia, Estados Unidos, Holanda, Australia, Inglaterra y Chile). Dirigió y coordinó “Duendes del Sur” (primera revista de historietas de Chubut), “El Espejo de los dibujantes del Sur” (89 números publicados en el Diario Crónica), y actualmente dirige la editoral “La Duendes – Historieta Patagónica” (con más de 70 títulos publicados a nivel nacional y tres sitios en Internet desde 2008).

Su obra fue difundida por medio de entrevistas y notas en medios regionales y nacionales (Página/ 12, Clarín, La Nación, Revista Ñ, Revista Radar, Crítica, Télam, Canal Encuentro, Canal 7, ATC y otros). También tuvo éxito en medios de España, Italia, Francia y Holanda. Expuso en la Argentina (más de 40 exposiciones grupales e individuales en Chubut, Santa Cruz, Río Negro, Neuquén, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe), Ecuador, Colombia, Brasil, España y Alemania. Tres de sus obras fueron adaptadas en documentales

Premios: Alejandro obtuvo premios y diversos reconocimientos en la Argentina y el exterior, entre los que se destacan: Mejor libro de 2012 de autor extranjero en Francia (Asociación de Críticos de Francia) por la novela gráfica “Dear Patagonia”, de la que participó como guionista y asesor de contenidos; Socio Honorario Nº1 de la Sociedad de Historia y Geografía de Aysen, Chile; Vecino Distinguido de la ciudad de Comodoro Rivadavia (2011). Además participó del libro “Malvinas, el Sur, el mar, el frío”, que obtuvo el primer premio en los Premios Nacionales Banda Dibujada 2017, en el rubro historietas sobre temas históricos y sociales.

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