Laura Angelina, mundo pestaña: historias, muñecas & podcasts

Nombre de muñeca: Laura encontró en las pestañas y la colección de muñecas, una pasión.

(Por Flor Nieto) “Yo no sé hablar si no trabajo” dice. Saca unas pinzas chiquititas y empieza a colocar pestaña por pestaña.

Su atelier está repleto de tocadores vintage, de fotos enmarcadas de Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Marilyn Monroe, además de divas del cine nacional. Entre ellas, una de una jovencísima Mirtha Legrand autografiada. Teléfonos, brochas, botellas de perfume, juegos de té, cepillos y en un costado, Angelina la muñeca. Todo antiguo, ya hablaremos de eso: primero las pestañas.

Laura Angelina, es comodorense y la actual ganadora del Tercer Puesto de Volumen Profesional Experto en en Guerra de Pestañas. Formadora por la Asociación Española de Profesionales de Extensiones de Pestañas e Instructora de la Universidad Sudamericana de Extensiones de Pestañas. Jurado del primer Patagonia Lash y conductora del segundo. Antes de lanzar Lash Time, el primer podcast especializado es pestañas, charlamos con ella.

-¿Cómo empezaste?

-Empecé hace 11 años. Primero fui maquilladora. Hice un curso en ACP, un taller chiquitito que me sirvió para descubrir que me gustaba.

Soy coleccionista y siempre me dediqué al coleccionismo en miniatura, casitas, cositas a escala. Mi otra profesión también me gustaba.

Cuando iba a la radio, todos se asombraban de que siempre estaba con lápices, dibujando, tejiendo, bordando. Después me di cuenta de que el maquillaje necesitaba el mejor accesorio: las pestañas. Las pestañas de tiras son incómodas para poner, incómodas para llevar y pensé: “Tiene que haber algo más. Siempre hay algo más”. Busqué pestañas pelo a pelo, empecé a traer de afuera. En Europa también era nuevo, íbamos en paralelo, por eso estoy re contenta. Hice cursos en Buenos Aires. Primero vino una rusa, Nelly Malinina, y nos abrió la cabeza a todas porque descubrimos que el efecto natural estaba bueno pero que nosotras queríamos mucha cantidad de pestaña, mucho volumen pero que no pese nada y eso era lo difícil. Me volví adicta a los cursos -risas-. En México competí en volumen ruso. Fue la primera experiencia que tuve con las competencias y me gustó.

¿Qué significan las pestañas?

-Yo creo que es lo más bello que tiene el maquillaje, es el mejor accesorio que tenemos las mujeres. Nosotras con pestañas lindas no necesitamos maquillarnos mucho, no necesitamos depender del rimel. La pestaña es el mejor accesorio. Para nosotros es un vicio, pensamos en pestañas todo el tiempo. No nos compramos anillos: nos compramos pestañas. Yo leía la historia de Tita Merello y ella decía que no salía ni a comprar el pan si no se ponía las pestañas. Yo dejé la profesión que me dio trabajo toda la vida por las pestañas, por esa ambición de andar por todos lados.

-Además sos coleccionista…

-Siempre me gustaron las muñecas y tengo una colección de casi 500 en casa. Como eran muñecas muy viejas casi siempre venían sin un zapatito, sin un ojo, con la ropa para restaurar. Yo cosía, yo bordaba, les sacaba el pelito, buscaba un ojito y se lo ponía. Después me di cuenta de que me gustaba todo lo antiguo y con las muñecas llegaron los muebles. Mi primer objeto de colección fue una radio y esa radio no combinaba con nada de lo que había en mi casa. Después busqué un mueble para poner la radio, me di cuenta de que la máquina de coser de la abuela también estaba buena. Arriba le puse dos platitos, una bandejita, el florero, después que lo podía aggiornar con el tema del maquillaje, que las fotos quedaban muy lindas en un tocador Luis XV y con un perfumero, un velador de bronce y al velador de bronce le vino otro perfumero, unas portabrochas y al lado quedaba re lindo un baúl y ya le buscamos un sillón. Todo llevó a todo. Si bien mi nombre es Laura yo llevo el nombre de una de mis muñecas, de mi muñeca más importante que se llama Angelina.

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Ella está acá en el estudio. Cuando quería separar mis dos profesiones me decían: “¿Cuál Laura? ¿Laura la de la radio o Laura la que maquilla?”.

Y era la misma. Una amiga me sugirió ponerme un nombre ficticio, que sea como romántico, y yo no sabía. Me dice: “Ponete el nombre de esa muñeca que tenés, esa muñeca vieja y fea que tenés ahí adelante”. Y para mí era bella mi muñeca. Y de repente todos me decían Angelina y yo me daba vuelta, me decían Laura y no -risas-.

-¿Cuál es la historia de Angelina, la muñeca?

-Esa muñeca la compré hace mucho tiempo. Yo recuerdo que cuando era chiquita tenía muchas muñecas lindas pero no sé donde quedaron. Empecé a coleccionar de grande. Siempre me preguntan qué me pasa con las muñecas, si no tuve de chica y es mentira, tuve un montón pero no sé dónde están.

Mi hermana les arrancaba el pelo, le rayaba las caritas. A Angelina la compré a un coleccionista, era de su hija y me gustó mucho. Es italiana, estuvo mucho tiempo en su familia y que antes que se caiga, la quería vender. Nosotros tenemos un círculo importante de coleccionistas de muñecas. Las muñecas lindas siempre vienen solitas si tienen buena onda. Todos te dicen: “¿Cómo vas a tener cosas viejas?” Yo creo que, de todas las muñecas que tengo, las dueñas originales ninguna está viva. Son muy viejas y están hermosas. Tengo historias muy raras, tengo algo con ella pero no sé qué me pasa.

-¿Y dónde tenés todas las muñecas?

-En casa, siempre trabajé de maquilladora y tuve mi primer estudio. Algunas salían despavoridas porque mis muñecas son las que dan miedo. Yo las amo. Hace un tiempo hice una muestra que se llamaba: “Un mundo de muñecas en el Mundo del Ajedrez” y se llenó.. Se llenó de mujeres grandes, de abuelas, mucha gente que colaboró con sus muñecas e historias. Es difícil sacarlas del estudio porque son muy grandes, muy pesadas, muy delicadas, tenés que plancharle los vestidos, acomodarle los rulitos, cambiarle la ropita. El otro día estaba pensando de que uno no se compra perfumes ni zapatos pero yo soy una loca de las muñecas. Hay gente que compra carteras, bueno, yo muñecas y pestañas. Maquillaje, muñecas y pestañas, vivo para eso.

Angelina acondiciona Estudio Lash donde antes funcionaba Analí, una tienda de ropa de los años 50. Ahí encontraron portaretratos, fotos autografiadas, lámparas, prendas, historias: “Es la continuidad del tiempo que no vuelve. En estas cosas la gente disfrutó, cosió, te ponés a pensar en quién las usó, en una taza quién tomó. A mucha gente le da miedo pero a mí no, a mí me da satisfacción, alegría. No soy una persona que guarda cosas oscuras, las cosas que llegan acá llegan bien, son cosas lindas, donde la gente fue feliz” dice. Agrega: “Nosotros hacemos todo con pasión. No me conformo con ser buena, me conformo con seguir creciendo. No hay límites. Siempre quiero aprender, quiero saber más.

No quiero ser la mejor porque todas somos distintas pero sí me enfoco mucho en mi trabajo. Esto es una artesanía. Muchas veces regalamos a una novia, a una quinceañera, a la mamá, a la hermanita porque no me va a ser rica un maquillaje más o un maquillaje menos, menos unas pestañas, pestañas para todas -risas-. No se llama plata, esto es arte y es pasión”. Podés conocerla mejor en el podcast Lash Time, ahora disponible en Spotify.

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