El ladrón linchado en Ciudad Evita había estado preso por homicidio

Fue atado y golpeado hasta la muerte en medio de un Via Crucis por intentar robar en una casa el último viernes.

Gustavo Marcelo Quispe intentó el último viernes entrar a robar en una casa de Ciudad Evita en El Jume al 2900. María Cecilia Geordan (52) y su hija, se encontraban en la casa, escucharon ruidos extraños y fueron sorprendidas por dos ladrones que ingresaron al domicilio con una ganzúa. Mientras la madre era reducida por los asaltantes la menor logró salir al balcón a gritar el pedido de auxilio. Ante esta situación los delincuentes huyeron. A 200 metros del lugar, en la intersección de las calles El Tala y La Peperina sucedía la procesión de Semana Santa.

Según fuentes de la investigación, un grupo de personas que participaba en ese momento del Via Crucis los empezó a correr junto a otros ajenos al rito que se sumaron a la persecución. Uno  logró escapar; el otro, de contextura robusta, fue reducido.

El hombre fue puesto boca abajo, le ataron las manos con los cordones de sus zapatillas, y tres personas lo contenían mientras el resto lo asesinó a patadas. A la espera de la autopsia los informes preliminares de los médicos forenses indican que la víctima falleció por asfixia. Por ese motivo se intenta averiguar si mientras era sometido al linchamiento se le tapó la boca con un pañuelo u otro elemento.

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Tras el llamado al 911 efectivos del Comando Patrulla y de la comisaría 3ra. de Ciudad Evita fueron al lugar y encontraron el cuerpo del asaltante sin vida sobre una de las veredas. El fiscal Marcos Borghi, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Temática Homicidios del Departamento Judicial La Matanza, a cargo del caso ordenó el relevamiento de las cámaras de seguridad de la zona para intentar identificar a las personas que participaron del linchamiento.

Quispe ya había estado preso por homicidio. ”Homicidio agravado por el uso de arma y robo calificado” fue la carátula del caso, que lo mantuvo tras las rejas en la Unidad Penal número nueve de La Plata durante cinco años, hasta noviembre del año pasado.

Su madre había estado presa también por ser parte de una toma de rehenes en 2006, alegando necesidad para alimentar a sus hijos. Dos años de cárcel fueron las consecuencias de aquel acto.

Raquel Quispe tuvo que reconocer el cuerpo de Gustavo. Su otro hijo, hermano mellizo de Gustavo, también había fallecido.

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