Buscan voluntarios para subvencionar la educación de niños en África

Miriam Rocci una de las docentes que viajó a África como voluntaria, contó que desde joven soñaba con poder realizar un viaje como voluntaria para ayudar en algún país de este continente.
Caleta Olivia (Agencia) La población donde permanecieron tiene 700.000 habitantes y hay un solo hospital público gratuito para la atención, pero los medicamentos deben comprarlos los mismos pacientes. “Lo que más nos tocó el corazón es que si estos niños no se escolarizan van a tener el mismo futuro que sus padres, la escuela representa su esperanza”, recordó la mujer que se convirtió en la primera voluntaria de América en esa institución.

Esta misma experiencia la hizo pública en una actividad organizada desde la Comuna el último fin de semana.

En una extensa entrevista a través de la emisora Municipal, la docente relató anécdotas, vivencias y sentimientos que tuvo en estos dos meses. “Cuando estaba en la secundaria en el Colegio Don Bosco en la adolescencia soñaba hacer algo extremadamente grande en cuanto a lo solidario porque al hacer un voluntariado uno se amolda a lo que le toque, ya jubilada con mi amiga Ana María Vaccaro charlando sobre las cosas pendientes que nos quedaban en la vida cuando las responsabilidades laborales y familiares ya no están, surgió que las dos teníamos el mismo sueño sin siquiera haberlo intentado realizar”.

Recordó que en el Colegio Don Bosco -actualmente Instituto Marcelo Spínola- “nos involucraban en campañas solidarias, uno dice África y se imagina un montón de cosas, en aquel entonces corría más la imaginación, ahora las nuevas tecnologías permiten obtener información inmediata”, y agregó: “Nos dimos cuenta de que se podían hacer un montón de cosas en ese lugar que estaba desprovisto de todo, tienen una gran cantidad de carencias en todo sentido, es como una Argentina de hace 70 años, nosotros que hemos evolucionado en un montón de cosas”, y en ese sentido contó que no buscaron el contacto de una institución de nuestro país, porque “acá no hay instituciones para recibir voluntarios, no hay garantías de nada, por otro lado tenemos salud pública y educación pública que en África no existe”.

La charla fue hace cinco años y tras anotarse en una ONG y no ser convocadas, otra amiga en común Rita Brevi quien en un viaje a Italia conoció al sacerdote fundador de la Fundación St. John Nursery School, logró finalmente el contacto. La institución apunta a erradicar la desnutrición infantil visitando las villas y haciendo controles a los niños y a las mujeres embarazadas, la gran mayoría analfabetas, en Malawi.

“Apenas hicimos el primer contacto con el Reverendo Joseph Kimu nos informó que nos esperaban con los brazos abiertos cuando decidiéramos ir. Entonces, compramos los pasajes y llegamos a Mangochi (Malawi) el 9 de octubre de 2018. Trabajamos en la escuela de la fundación a la que concurren alrededor de 500 niños de entre 1 y 5 años. Y una o dos veces por semana íbamos a una villa diferente donde se hacían los controles y el asesoramiento”.

Los primeros días, “fueron de mucho sufrimiento, nos invadió la tristeza, llorábamos porque no podíamos aceptar que había una realidad tan dura, no nos imaginamos nunca una realidad tan dura, nos preparamos para nosotras no para afrontar una realidad tan dura, fuimos las primeras voluntarias de América, hicimos la bisagra y pasada la primera semana entendimos que nuestra presencia debía responder a la demanda. Y fue así que transcurrieron estos dos maravillosos meses acompañando a los niños en el bus que los retira de las villas para traerlos a la escuela y luego llevarlos de regreso a sus hogares”, y además “preparábamos cada día sus desayunos y sus almuerzos.

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La experiencia de compartir las aulas nos facilitó un acercamiento que fue más allá del idioma y nos permitió recibir la frescura, la inocencia y la espontaneidad de estos alegres y hermosos niños africanos que nos llevaremos por siempre como abrigo de nuestras almas, una enfermera nos enseñó el idioma y también los chicos nos enseñaron algunas palabras”.

En África “la gente es muy religiosa, tienen alegría, ese canto que les sale del corazón y el movimiento corporal, estoy convencida de que la religión, el creer en Dios eso les da esperanza y alegría, no piden, no se quejan, nos encariñamos con los chicos, con todo el staff de la ONG que ahora está haciendo un hospital con tres pabellones sin ayuda del Gobierno”.

En ese sentido, afirmó: “cambiamos nuestro concepto de pobreza, los padres se las rebuscan para el alimento, el agua la tienen que ir a buscar, no hay redes y no había olor, la higiene es fundamental, ellos juegan entre ellos, no hay juguetes”, y al regreso: “nos costó reponernos, la experiencia fue importante para ellos pero más para nosotras, cumplí 60 años estando allá y creo que fue la experiencia de la que más aprendí en mi vida”.

“Nos dejó una gran satisfacción, fundamentalmente en lo que refiere a valoración y revaloración de todo, es impactante ver que no se quejan a pesar de las dificultades que afrontan día a día.

Aprendimos a mirar al otro desde el lugar del otro, lo que más nos tocó el corazón es que si estos niños no se escolarizan van a tener el mismo futuro que sus padres, la escuela representa su esperanza”.

El sacerdote con el que se contactaron, “fundó la ONG, porque estudió gracias a que un matrimonio pagó sus estudios, vamos a hacer en el mes de mayo un encuentro en mi casa para buscar voluntarios que puedan aportar y que la ayuda llega al niño, se paga la escolaridad por un año para que puedan estudiar y terminar el secundario, y eso es un montón, les da la posibilidad de elegir, nosotros no dimensionamos porque estamos familiarizados con lo que tenemos, son 300 euros anuales que se pueden juntar entre varios. Con corazones solidarios se le puede cambiar la vida a estos chicos”.

 

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