Una mujer alemana del Estado Islámico encadenó y dejó morir de sed a nena esclava

Jennifer Wenisch, de 27 años, y su marido compraron a una niña de cinco años y a su madre, ambas de la minoría yazidí, para explotarlos como esclavos, según la acusación. Tiempo después dejaron morir a la niña. El juicio comenzó en Munich este martes.

Una alemana de Estado Islámico acusada de crímenes de guerra y asesinato por dejar morir de sed a una niña yazidí que tenía como esclava es juzgada desde este martes en Alemania. Los abogados que representan a la madre de la víctima, entre ellos la británico-libanesa Amal Clooney y la premio Nobel de la Paz, Nadia Murad, consideran este juicio como “el primero en el mundo por los crímenes cometidos por Estado Islámico contra los yazidís”, minoría religiosa perseguida y sometida en Irak por los yihadistas a partir del 2014.

La acusada, Jennifer Wenisch, de 27 años y que puede ser condenada a perpetua, compareció con el rostro escondido tras una carpeta.

De origen desfavorecido, sin formación y sin haber terminado la escuela secundaria, la joven abandonó Alemania para unirse al Estado Islámico en setiembre de 2014.

Entre junio y septiembre de 2015 patrullaba, armada y equipada con un chaleco de explosivos, para la policía moral en Faluya y Mosul, dos ciudades iraquíes. Esta fuerza velaba por el respeto de las reglas de tránsito y vestimenta fijadas por la organización.

Atrapada gracias al FBI 

En esa misma época, ella y su marido compraron a una niña de cinco años y a su madre, ambas de la minoría yazidí, para explotarlos como esclavos, según la acusación.

“Un día que la pequeña estaba enferma, mojó su colchón. El marido de la acusada la castigó encadenándola fuera bajo un calor de plomo, dejándola morir de sed de manera atroz”, explicó la fiscalía en un comunicado.

“La acusada dejó a su marido hacer eso y no hizo nada para salvar a la niña”, acusa.

Para el abogado de la defensa, Ali Aydin, interrogado por Der Spiegel, “el tema es en realidad, saber si mi clienta hubiese podido hacer algo”.

Según la prensa alemana, Nora B., la madre de la víctima que vive refugiada en Alemania, indicó a los investigadores que la acusada sólo intervino cuando era muy tarde. Deshidratada, la niña murió.

Wenisch fue detenida por los servicios de seguridad turcos en enero de 2016 en Ankara cuando intentaba tramitar su documentación en la embajada de Alemania. Unos días después fue extraditada hacia Alemania.

Pero recién fue colocada en detención provisoria en junio del 2018 tras ser detenida cuando intentaba llegar a territorios controlados por el Estado Islámico en Siria.

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Según Der Spiegel fue durante este último intento de llegar a Siria que la mujer contó su vida al chofer que la conducía en Irak. El chofer era un informante del FBI y el coche estaba repleto de micrófonos. La fiscalía utilizó esas grabaciones para procesarla.

“Demasiado, incluso para el Estado Islámico” 

En ese viaje la mujer le habría contado sobre la muerte de la niña yazidí. Los abogados alemanes de la parte civil, Clooney y Murad, ex esclava sexual del Estado Islámico, reclaman en un comunicado conjunto que Jennifer W. sea condenada por crímenes contra la humanidad, tráfico de seres humanos y tortura.

Las dos mujeres, que no están en Munich, lideran una campaña internacional para hacer reconocer los crímenes contra los yazidís como un genocidio.

“Este caso es importante para todos los sobrevivientes yazidís. Cada sobreviviente con quien pude reunirme espera lo mismo: que los culpables sean juzgados (…) este es por lo tanto un gran momento para mí, para toda la comunidad yazidí”, subrayó Nadia Murad.

En la grabación de lo que dijo Wenisch, la mujer, según Der Spiegel, parece ser consciente de la gravedad de los maltratos infligidos a la niña. “Era demasiado, incluso para el Estado Islámico”, habría dicho.

Según el semanario, el grupo Estado Islámico castigó físicamente por ello al marido de la mujer. Según el periódico Süddeutsche Zeitung, el hombre, identificado como Taha Sabah Noori Al-J., estaría en la zona fronteriza turco-iraquí.

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