Sixto Peralta, la semilla fundacional

Sixto "Mumo" Peralta, Foto: Christian Emmer

Depositaron su confianza en él. Apostaron. Tuvo la presión sobre su espalda y logró construir una carrera exitosa. Fuera de sus raíces formó una familia y, hace más de tres años, decidió volver a la ciudad que lo vio nacer, para devolverle experiencia al club de sus amores y que sus tres hijos fortalezcan los lazos familiares.

(Por Facundo Paredes) El viento es odioso. Genera mal humor y es el culpable de las cancelaciones de actividades fuera del hogar. Los comodorenses lo sabemos, convivimos a diario con sus ráfagas. Pero en la mismísima capital del viento, un grupo de futboleros decidió dejarlo de lado, ignorarlo y crear un torneo infantil en un espacio cerrado con el fin de promover el juego en la ciudad.

Así nació la Comisión de Actividades Infantiles (CAI), semillero que germinó en talento. El primero fue un nene que sobresalía mucho más por su habilidad que por sus particulares pecas. Dentro de nueve días cumplirá 40 años, pero el fin de semana festejó por adelantado: su primer amor avanzó a la siguiente instancia del Torneo Regional Amateur y con la otra pasión, Racing, gritó “¡dale campeón!” en la Superliga Argentina. Si bien la actualidad es una excusa válida, Sixto “Mumo” Peralta trasciende las urgencias periodísticas, porque su carrera marcó un antes y un después en el fútbol patagónico.

 

El pequeño Mumo recién iniciado en la competencia.
Sixto a la izquierda de la pelota; a la derecha del balón, Andrés Silvera y arriba con la cinta de capitán, el Pitu Barrientos.

 

-Fin de semana perfecto, la CAI clasificó y Racing salió campeón…

-Fue espectacular. Generalmente, no es tan fácil tener tantas alegrías. Lo de la CAI era difícil porque dependíamos de otro resultado y tuvimos la suerte de que se nos dio. Y a Racing lo vi con mi hijo menor, porque el más grande es de River y a la nena no le gusta el fútbol.

-En la previa del certamen, la CAI claramente era candidato para ocupar los primeros puestos ¿Qué los sorprendió en el transcurso?

-Mirá. En los últimos dos o tres años habíamos jugado con equipos jóvenes, sabiendo que nos iba a costar mucho. Pero sentimos que este año los chicos ya estaban preparados para dar el salto, además le sumamos jugadores importantes para armar un plantel competitivo. Pero la primera rueda fue muy mala, hubo partidos que no supimos definir, el equipo no se terminaba de encontrar y, bueno, como pasa habitualmente en el deporte, tuvimos un partido que nos dio el giro. Ganamos cuatro seguidos y ahora estamos para darle batalla a cualquiera, falta mucho pero cada cruce es una final.

-Y con respecto a Racing. ¿Cómo viste a Lisandro López? Fuiste su compañero cuando debutó.

-No es fácil llegar a esa etapa de la carrera como llegó él. Se reinventó, más allá de que toda la vida fue un goleador. Desde chico tuvo capacidad física, saltaba y era rápido. Obviamente, con esta edad, cambió su juego, no lo basó tanto en eso. En este torneo, fue

muy inteligente con respecto a su ubicación dentro de la cancha, evitó el roce de los centrales y tuvo buenas definiciones. También destaco su mentalidad, comandó al equipo y se hizo responsable de sus compañeros.

Con su hijo Esteban (izq.) y uno de sus sobrinos.

-¿Te quedó la espina de no haber podido salir campeón con Racing?

-Hubiese sido especial. Cuando llegué a Racing, la situación institucional era terrible. Y en 2001, estaba jugando la Premier League, que era un sueño. Pero bueno, no todo se puede en la vida ni en el deporte.

-Si te digo 80 pelotas, 60 pares de botines y 40 conjuntos deportivos. ¿Qué se te viene a la cabeza?

-Mi ida a Huracán. En septiembre de 1994 fui por primera vez a la Selección Argentina y José Pékerman me dijo que necesitaba competir en Buenos Aires. Por eso, empezó el ida y vuelta entre los clubes de allá. Terminé yendo a Huracán a préstamo por las pelotas, los conjuntos y demás, que no sé si alguna vez fueron pagados -sonríe-.

Saco de la mochila tres hojas de tamaño A4 y se las entrego. Desconcertado, Mumo las recibe, ve el título de la nota impresa y lanza: “La Serena, 97”. Lee las tres hojas y después de un minuto y diecinueve segundos y de sonreír al final, confiesa: “No la había leído nunca. Si la había leído, ya me olvidé”.

Clarín tituló la nota “Cuatro pibes y un solo sueño”, se publicó el 17 de enero de 1997, el día siguiente al inicio del Sudamericano Sub-20. Los pibes son Esteban Cambiasso, Juan Román Riquelme, Pablo Aimar y Sixto Peralta, los diferentes de aquel plantel al que le sobraba técnica. “Tengo un par de fotos de los cuatro juntos y ahora sé que son de algún diario. Es más, hace poco subí una a Instagram. Creo que falta el Cuchu, pero no había leído la nota”, responde Peralta.

Con la selección Argentina Sub 17 en el Estadio Municipal de Comodoro con La Paglia, Aimar, Duscher, entre otros.

-¿Qué te genera leerla?

-Me trae recuerdos, siempre me pasa. Sobre todo, con mis hijos -hace una pausa- que empiezan a crecer y a veces les muestro algunas de estas cosas. Tengo una anécdota con el más chico, Esteban (el hincha de Racing). Un día, hace como tres años, vino enojado y me dijo llorando: “¡Papá, papá, Felipe dice que vos fuiste jugador de fútbol!”, como diciendo que su hermano era un mentiroso -ríe-. Me quedó ese momento porque mis hijos no alcanzaron a vivir conmigo la etapa de futbolista. Felipe sí, en Rumania entraba al vestuario, nos tocó salir campeones y dábamos la vuelta juntos. Él es como que tiene una noción más grande, en Chile hasta me acompañaba a los entrenamientos. Pero Esteban no entiende mucho. Son cosas que se dan así, también me gustó tener a mis hijos a esa edad, pero me da lástima que en la parte profesional que más me gustó de mi vida, jugar al fútbol y que fue tan fuerte para mí, ellos no hayan podido estar.

-Estás emocionado, tenés los ojos llorosos…

-Sí, cuando lo pienso me conmueve. En el sentido de que me hubiera gustado vivirlo con ellos. Igualmente, ahora lo vivo yendo a la cancha a ver a la CAI, los sigo cuando juegan al fútbol, pero me quedó esa anécdota porque ahí reaccioné y dije: “puta, no tienen idea de lo que hice en mi vida”. Los chicos son chicos, tampoco les digo. Si algún día me preguntan, les cuento. Se ponen a ver camisetas y videos. A medida que van creciendo se interesan un poco más.

-¿Qué me decís de estos tres? (Señalando la foto en la que aparece junto con Aimar, Riquelme y Cambiasso)

-Con Pablo -Aimar, quien ahora dirige a la Selección Argentina Sub 17- hablé el otro día, cuando le ganaron 3-0 a Brasil. Lo saludé, estaba feliz por la clasificación. Y esta fue una etapa hermosa de mi carrera porque parecía tan fácil jugar al fútbol y ganar. Uno después se da cuenta que es por los compañeros que tuvo, eran y son ganadores. Jugábamos bien, nos divertíamos, no teníamos ningún quilombo en la cabeza, ninguna presión y, además, salíamos campeones con la camiseta más linda que existe. Me acuerdo que aquel Sudamericano lo ganamos de punta a punta. Es más, mi familia fue a verme en La Serena. Por eso te digo, cuando te hacés profesional todo cuesta más. Esta etapa fue como realmente jugar a la pelota, como en el barrio. Aparte, Pékerman nos ayudaba en eso, simplemente nos hacía jugar. No le daba muchas vueltas.

Aimar, Peralta y Riquelme.

-Si bien José Pékerman fue uno de tus primeros entrenadores a lo largo de tu trayectoria ¿crees que fue el mejor?

-Sin duda. Lo pongo como el mejor o uno de los mejores, seguro. Primero, porque me agarró cuando yo todavía no conocía bien el ambiente del fútbol. Recién llegaba a Buenos Aires, necesitaba contención en algunas cosas y él estaba encima nuestro. Me fui con 14 años. Eran todos de allá, los primeros que llegamos de afuera fuimos Aimar y yo, por eso nos hicimos bastante amigos.

-Jugaste en tres clubes de Argentina, pero no estuviste mucho tiempo en el país. ¿Cómo fueron esos cambios rotundos?

-Lindos, pero a la vez difíciles. Son períodos diferentes. Me fui de Buenos Aires a Europa con 20 años. Por ahí me acompañaban mis padres, mi novia, que ahora es mi esposa. Paula también es de Comodoro Rivadavia y me acompañó dos o tres meses en Italia, porque ella estaba terminando la facultad. En el segundo año, en Inglaterra, ya estábamos juntos. Teníamos un día libre y salíamos a conocer… por una parte estaba jugando y, por la otra, de vacaciones, conociendo lugares.

El cambio no me costó porque era todo nuevo, lindo, estaba en buenos clubes, descubriendo. En cambio, la ida a México fue con otra responsabilidad, el primer año fui solo. Me costó un poco más, hasta que después llegó Paula a Monterrey. A partir de ahí, estuvimos bárbaro. Afianzamos nuestra relación y terminamos casándonos. Europa fue descubrir y en México me enfoqué en lo deportivo.

-Los hinchas de Tigres te demuestran cariño constantemente a través de las redes sociales ¿Fue tu mejor versión?

-Me pasó algo similar como con la Selección Argentina. Estuve con Andrés Silvera y Walter Gaitán, me sentí cómodo. No sé si fue la mejor, como el equipo jugaba tan bien yo estaba a gusto. En Rumania gané ocho títulos y soy el jugador que más torneos ganó de toda la historia del club, pero en el fútbol en sí me costaba más. Ganábamos, me sentía fuerte, fui titular, pero no era el tipo de juego que me gustaba. No la pasaba tan bien como en Tigres, jugando al fútbol me refiero. Después fue una etapa espectacular. Estuve casi cinco años y logramos todo, jugamos Champions, Europa League.

Vistiendo la camiseta de Tigres de Monterrey en México

-¿Tu hija nació en Rumania?

-Lucía -la del medio- es rumana. Siempre me dice que quiere volver, le agarra curiosidad por saber del lugar. A Felipe igual, vivió su infancia ahí, aunque nació en Buenos Aires. Paula estaba embarazada cuando yo jugaba en Racing y él nació cuando pasé a River. Por eso se hizo hincha de River -entre risas-. Un día me preguntó cuál fue la primera cancha que pisó y le dije que estuvo en la panza cuando jugaba en el Cilindro y después en el Monumental. Le quedó eso en su cabeza y se hizo del “Millonario”.

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Y Esteban nació en Chile. Paula, mi señora, es fundamental, siempre me ayudó con la adaptación. Cuando éramos novios iba y venía, en México estuvo el 80% conmigo, nunca tuvo problema. Por más que uno en el fútbol va a buenos lugares y te atienden bien, son decisiones complejas. Sobre todo, en Rumania, Felipe tenía nueve meses y no quería ir porque recién había llegado a River, quería probar si realmente estaba a la altura.

Después de seis meses, llegó Diego Simeone y me dijo que no me iba a tener en cuenta. Necesitaba una salida y recuerdo que tuve dos opciones, Colo-Colo con Claudio Borghi de entrenador o CFR Cluj. Pero en Chile era un año y en Rumania, tres y medio. La diferencia económica también era importante. Nos sentamos y lo decidimos juntos. Es esencial el apoyo de alguien que la va a pelear al lado tuyo. No fue fácil, algo totalmente distinto. Por suerte, nos adaptamos re bien, nos quedaron amigos y las ganas de volver. Es más, me invitaron para un reconocimiento, pero no pude asistir porque estábamos en Italia. Sin duda que es una cuenta pendiente.

Jugando para Universidad Católica de Chile

-¿Cómo se manejaban con el idioma?

-Fue como volver al colegio. Una hora antes de los entrenamientos, íbamos a clases con el “Ogro” Fabbiani, Sebastián Dubarbier y Emmanuel Culio. Imagínate, los cuatro con una profesora rumana, las clases eran cualquier cosa. Pero terminé aprendiendo, hasta daba conferencia de prensa -ríe-. Aquel vestuario era un lío: sudamericanos, portugueses, rumanos y africanos. La pasábamos bien.

-¿Quién ponía la música?

-Los sudamericanos. Argentina y un poco de Brasil. Como éramos más nosotros, le copábamos la parada.

-Tus hijos, ¿cuándo conocieron Comodoro Rivadavia?

-No me acuerdo exactamente cuándo lo conoció cada uno. Pero veníamos todos los años para mantener la relación con la familia. A mi retiro lo decidimos un año y medio antes, porque quería terminar en diciembre para que los chicos comiencen el colegio en marzo en Comodoro.

Después, cuando terminé, te pica el bichito, me llamaron de algún que otro lado y es como que empezás a dudar. Pero ya tenía programado terminar mi casa acá, venir a la CAI y que los chicos se instalen. Fortalecer la relación con abuelos, tíos y primos. Somos una familia muy unida, pero el día a día es diferente. No me arrepiento, ellos son felices en Comodoro.

A mí, particularmente, en algunas cosas me cuesta, sobre todo en el fútbol por más que tengo a la CAI. Me gusta viajar y estar en el ambiente profesional que me gustó siempre. Igualmente me dedico al campo, tengo uno cerca de Trelevin (Chubut). Además, viajo porque visito a mis amigos, que están todos trabajando por suerte. Pablo -Aimar- en la Selección, Diego -Milito- en Racing, y encima le sirve a CAI.

Sixto Peralta hoy, hace más de tres años decidió volver a su ciudad. Foto: Christian Emmer

-¿Porque no te retiraste en la CAI?

-Físicamente podía, pero mentalmente no. Uno piensa que es venir y hacerlo de taquito. Hay que estar muy fuerte, creo que la CAI estaba en el Torneo Argentino “A” o “B” y eran muchos viajes en micro, jugar en canchas que hace años no jugaba, es otro fútbol.

Me hubiera gustado hacerlo, pero no estaba realmente bien. Tampoco le iba hacer bien al club, no es mi manera ser. Es más, me propusieron jugar un partido y retirarme. Pero no lo hice porque también se lo dijeron a Andrés -Silvera- y él no pudo venir desde Buenos Aires. Si no lo hizo él, tampoco yo. Si hacemos algo, lo hacemos juntos.

-¿Está abierta la posibilidad? Encima ustedes jugaron el primer partido de la historia de la institución.

-Claro, con Hugo -Barrientos-. Andrés metió el primer gol. Siempre está en mi mente tratar de juntar diez, quince, veinte chicos de los que llegaron a primera, más algunos que son muy representativos como José Tabares, Mario Santana, por ejemplo. También con Marcelo Fuentes, el entrenador que nos ascendió a la B Nacional. Hacer un partido en el estadio, que sea un reconocimiento del club para nosotros y de nosotros para el club. Pero todos juntos, sino no. Así que en cualquier momento lo voy a organizar.

-¿Se puede decir que “Cuqui” Silvera es tu compinche?

-Nos conocemos desde los ocho años. Jugamos en contra y a favor. Juntos en Huracán, Racing – Independiente, después nos encontramos en Tigres de México. A la vuelta, nos cruzamos en Racing – San Lorenzo. Previo al mundial de Malasia, compartimos en la Selección Argentina.

Es una relación de amistad porque no somos de hablarnos todos los días, pero sabemos que, si alguno necesita algo, el otro está. Es una persona recontra leal, no tiene grises. Es blanco o negro. Cuando te quiere, es de verdad. Y cuando no, no te quiere y listo. Ahora estamos laburando juntos y es espectacular, por eso es muy sentimental la CAI.

Peralta y Silvera nuevamente unidos por la camiseta de la CAI.

-En muchos festejos de gol, mostraste la camiseta de CAI ¿Qué tipo de repercusión tuvo? ¿Conocían el club?

-En Racing pensaban que era de Independiente por las siglas. Decí que la camiseta es azul -ríe-. Más allá del afecto, es una cuestión de agradecimiento. Obviamente que todos los que llegamos hicimos méritos para jugar en primera, nadie nos regaló nada. Pero si no hubiera existido la CAI, por lo menos los primeros no hubiéramos llegado.

Ahora es más fácil, vienen Boca y River porque saben que acá hay jugadores. Es un agradecimiento eterno, cuando era chico me abrieron el camino para que yo haga lo mío. Nos llevaron a jugar los mundialitos, también a Paraná. Me acuerdo de los primeros equipos que armaron, eran categoría 76 y yo soy 79. Tres años más grande. Pero vieron que teníamos cosas, entonces nos impulsaron. La parte linda es que le pudimos devolver en lo económico para que hoy sea un club ejemplar.

-Todos los clubes del mundo forman jugadores, pero, ¿por qué crees que surgieron tantos talentos de CAI? Tenían todas las de perder por el viento, las canchas de tierra, demasiadas dificultades para un deporte al aire libre.

-Porque no fue algo pensado, sino que era una cuestión sentimental. Se llama Comisión de Actividades Infantiles porque justamente armaron una comisión para realizar un torneo infantil. Digo que es sentimental, debido a que vieron que teníamos buen pie y apostaron por nosotros. Así empezó, se hizo una marca del club que saca chicos y se mantuvo hasta hoy. El hecho de que acá se juegue mucho en cancha chica y con el viento de afuera hizo que el jugador de Comodoro sea técnico, tenga buen control de pelota, juegue por abajo y sea habilidoso.

 

-Hasta te diste el lujo de jugar al básquet…

-Desde chico me gusta. Cuando estuve en México, fui a ver NBA. Como mi hermano jugaba con los amigos en CAI, me prendí. Fueron dos años lindos, porque no corté de golpe la competencia. Sentí la adrenalina, al que es competitivo le gusta ganar hasta en el truco. Después fue una vendida de humo -entre risas-, salió en todos lados, como si estuviera jugando en Gimnasia y Esgrima por la Liga Nacional. Es más, ¡hasta en México tuvo repercusión!

Finalizada la entrevista, Sixto mira la nota del Sudamericano y expresa: “Jugaban un poquito estos tres”. Desde afuera parece que por dentro se muere por volver el tiempo atrás, volver a cuando jugaban y a la vez se divertían como en el barrio. Porque precisamente el fútbol es un juego. Hermoso, pero sigue siendo un juego.

Se levanta de la silla, agarra las hojas antes que su celular, las mira nuevamente y las enrolla. Como cuando un nene recupera su juguete. Me mira fijo y pregunta con tono gracioso, pero en serio, sin esperar una respuesta: “¿esto es un regalo no?”.

En su dilatada carrera el “mumo” vistió los colores de River, Racing y Huracán en Argentina y jugó en clubes de Italia, Inglaterra, Rumania, México y Chile.

No empiecen la fiesta sin mí

El 19 de mayo de 2002, la Comisión de Actividades Infantiles igualó 1-1 ante Ben Hur de Rafaela en el Estadio Municipal de Comodoro Rivadavia y, gracias al empate entre 13 de Junio y Juventud Unida -el único que podía alcanzarlo-, logró el ascenso a la Primera B Nacional. De esta manera, se convirtió en el segundo equipo de la Patagonia que disputó en esa categoría.

Sixto “Mumo” Peralta llegó a la ciudad la noche anterior al partido de CAI – Ben Hur. Él jugaba en el Ipswich Town, equipo que en 2002 descendió de la Premier League (asimismo, fue la última participación en la máxima categoría del fútbol inglés).

Dos días después del hecho histórico, el presidente de la institución azurra, Carlos Peralta, escribió una columna en el Diario Olé: “Sé que es imposible en estos momentos… pero uno de mis sueños sería que mi hijo Sixto se vuelva a poner la camiseta de la CAI. Ojalá regrese algún día al club que fue su nacimiento en el fútbol”.

Vistiendo los colores de la Selección Nacional dirigida por José Pékerman

 

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