En los módulos de Laprida todavía viven 53 personas

Hace casi dos años que 53 personas (entre ellos, niños y adolescentes) viven en módulos con un baño y dos duchas, en el terreno contiguo a la escuela. Las condiciones de vida cambiaron radicalmente desde 2017: primero evacuados en la escuela secundaria, luego trasladados a esos tráileres donde iban a permanecer un año mientras se construían las viviendas en Restinga Alí y en Laprida donde serían reubicados luego de comprobar que las casas donde estaban el día de la tormenta no son habitables.

“Tenemos dos duchas para adultos, niños y adolescentes”, “hacemos cola para bañarnos”, “a la madrugada, usan los sanitarios como baños públicos así que si los chicos tienen ganas de ir, les decimos que no”, relatan, entre la amargura y la resignación, quienes siguen allí, esperando respuestas.

María Olima, Sara Guerrero y Agustina Giacchino comentaron a este medio cómo es vivir en esas condiciones desde hace dos años.

Hace dos años…

Dos años atrás, Sara salió con su bebé de 8 meses en brazos, mientras su casa se inundaba: “lo envolví en una mantita y salimos con lo puesto, ni ropa seca teníamos”, recuerda.

Agustina estaba embarazada: tuvo a su bebé que hoy corretea entre los módulos, con los vecinos que le trajo el temporal. No sabe lo que es vivir en una casa de verdad. En este tiempo, su mamá quedó nuevamente embarazada y está a punto de tener otro bebé, que espera que llegue con la casa prometida bajo el brazo.

La hija de María tenía 13 años, está a punto de cumplir sus quince: “y sueña con una casa, es muy triste porque una chica de su edad sueña con otras cosas, pero ella me dice que quiere tener la casa que nos dijeron que íbamos a tener acá en el barrio”. Por ahora, saben que tienen que esperar otros 4 o 5 meses más hasta que se realicen las obras.

“Políticos vimos muy pocos en este tiempo, solamente viene Fernando Álvarez de Celis”, el secretario de Planificación Territorial de Nación que les prometió que hoy regresaría con novedades al lugar.

Las vecinas y los vecinos se acostumbraron a vivir de prestado, Sara incluso se dedica a cultivar plantas para tratar de mejorar un poco ese espacio. Se organizan para mantener limpios los espacios comunes o, a veces, para alguna comida comunitaria.

“Un aniversario de mucha impotencia”

“Estamos en la misma, es un aniversario que no es para celebrar sino de mucha impotencia para cada uno de nosotros”, dijo Olima.

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Aunque no se conocían de antes, aprendieron a vivir en comunidad. Saben que serán divididos en dos grupos: quienes tendrán una de las casas que se construye en Restinga Alí y quienes quedarán en Laprida, donde se construirán otras viviendas.

Pero por ahora siguen juntos, compartiendo mañanas, tardes, cumpleaños, un módulo sanitario y muchas penurias. Al ser construcciones de emergencia, los módulos presentan deficiencias: falta de ventilación en días calurosos, instalaciones precarias de energía eléctrica, falta de calefacción en invierno y roturas de picaportes y ventanas, entre otras cosas. Además, “hay ratas debajo de los módulos y estamos siempre preocupados que entre algo y nos enferme”, relataron las mujeres.

También comentaron que “si llueve, se inundan algunos módulos y otros se llenan de agua abajo”.

Luego de bañarse, corren al aire libre para llegar al módulo y evitar enfermarse por el pelo mojado. “Dormimos uno encima del otro porque son cuchetas”, dijeron.

Discriminación

No todos los vecinos quieren hablar: “algunos no pueden, porque empiezan y se les corta la voz, es muy grande la impotencia”, dijeron las entrevistadas.

A todos esos problemas se suma la discriminación que dicen sufrir por parte de los otros habitantes del barrio: “a veces ponemos música para darnos ánimo o para festejar un cumpleaños y viene la policía a decirnos que bajemos el volumen porque llamaron los vecinos”, relatan.

Incluso, mencionaron que los niños de los módulos son discriminados en el jardín y en la escuela por su condición de evacuados.

Tienen un tanque de 800 litros que comparten entre las 53 personas que viven allí y “la otra vez lo tiraron abajo”, recordaron las vecinas. Además, señalaron que “cuando entraron a robar a la escuela, nos miraban a nosotros con sospecha”.

“Nos tratan de oportunistas”

“Da mucha bronca que digan que estamos acá porque queremos o porque somos cómodos porque antes nos traían viandas de Desarrollo Social, pero si pudiéramos volver a nuestras casas, lo haríamos, quedaron en riesgo de derrumbe, uno como grande puede ir, pero con los nenes, no”, comentó Agustina.

María agregó que “nos tratan de oportunistas, dicen que estamos bien, pero no estamos acá porque queremos o porque nos gusta. A mí me gustaría que uno de los que habla venga un segundo y vea cómo es vivir así”, agregó.

Las vecinas recordaron que hay familias y niños creciendo allí. Por eso, “llega esta fecha y nos bajoneamos porque íbamos a estar un año acá y ya se cumplen dos y cada vez estamos peor”, concluyeron.

 

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