Dos años del temporal que cambió la ciudad para siempre

Pasaron 730 días desde aquel temporal que marcó un antes y un después en Comodoro Rivadavia y, en particular, en los residentes de algunos barrios como Juan XXIII, Pueyrredón, Laprida por nombrar solo los más afectados.

El 29 de marzo, minutos antes de las 18:00 empezó a llover, como ningún vecino recordaba que hubiera llovido en esta ciudad. En pocos minutos, las calles se transformaron en ríos, que llevaban a su paso vehículos, veredas, paredones.

Fueron 30 milímetros de lluvia en poco menos de media hora. Hubo inundaciones, calles cortadas, caos, pero solo sería el preludio de lo que una semana después (el 6 y el 7 de abril) terminara de ocurrir.

Todavía resuenan los gritos de las personas que -desde el techo de sus casas inundadas- pedían auxilio la madrugada del viernes 7, cuando las calles solo podían ser transitadas por botes de Prefectura y vehículos del Ejército Argentino.

Los pluviómetros locales dan una variación de entre 343 y 361 milímetros de lluvia entre el 25 de marzo y el 9 de abril, mucho más de lo que llueve en un año. El Servicio Meteorológico Nacional menciona 399 milímetros para el mismo período. Todos los registros coinciden en que no había llovido tanto en 60 años.

Las huellas persisten, a dos años de ese temporal.

Casas vacías

Todavía hay casas deshabitadas, personas que no pudieron regresar a la vivienda donde vieron crecer sus hijos y donde, hasta hace dos años, jugaban sus nietos.

Otros se rearmaron desde sus propios retazos para volver, después de mucho trabajo. Aunque muchos pusieron compuertas robustas, tiemblan cada vez que el cielo se pone gris. Aún pasan noches en vela cuando llueve.

Las grietas que se abrieron entre el 29 de marzo y el 7 de abril de 2017 siguen abiertas. Tanto en el suelo (cerros, calles y avenidas que no se recuperaron) como en el ánimo.

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Las consecuencias de esos diez días seguirán durante años.

Volver a ser

Hubo algunas respuestas, es dable admitirlo, pero también quedan muchas cuentas pendientes. Hay familias que siguen viviendo en módulos -que iban a ser transitorios- en Laprida. Hay pluviales que resisten como pueden cada lluvia intensa, aunque ninguna llegó a los registros de aquellos días.

Hay personas que transitan a diario sobre calles destruidas, y arterias principales como las mosconianas Fray Luis Beltrán y Petrolero San Lorenzo o Juana Azurduy, Lisandro de la Torre y Patricios en barrio Juan XXIII, o Chile, Constituyentes y Congreso en los barrios Pueyrredón, 30 de Octubre y Abel Amaya. Y son solo algunas de las avenidas que no volvieron a ser lo que eran.

Pero sobre todo, hay personas que tampoco pueden volver a ser las mismas. Las secuelas en el ánimo y en los hábitos cotidianos tienen cicatrices de aquellos días, de los que hoy se cumple un triste nuevo aniversario.

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