Científicos encuentran misteriosas ballenas en el Cabo de Hornos

Las orcas tipo D tienen diferente coloración y fisonomía

Las orcas tipo D viven en regiones sub-Antárticas, en mares peligrosos, escenario de innumerables naufragios. Por esta es la razón se conoce tan poco de ellas.

(ICB).- En enero, un equipo internacional de científicos trabajando en el extremo sur de Chile logró tener el primer contacto visual con la que puede ser una nueva especie de orca.

Llamada Tipo D, sólo se la conocía por un varamiento de hace más de 60 años, por relatos de pescadores y por fotografías tomadas por turistas. El Dr. Mariano Sironi, Director Científico del Instituto de Conservación de Ballenas de Argentina fue uno de los integrantes de esta expedición Los análisis genéticos de las muestras que colectaron servirán para determinar si este animal, con un patrón de coloración diferente y su característica forma del cuerpo es, en efecto, nuevo para la ciencia.

“Estamos muy entusiasmados acerca de los análisis genéticos que haremos. Las orcas Tipo D pueden ser el animal más grande del planeta que aún queda por describir, y una señal clara de lo poco que sabemos sobre la vida en nuestros océanos,” expresó Bob Pitman, investigador del Centro Científico de Pesquerías del Sudoeste dependiente de National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) ubicado en La Jolla, California.

El encuentro con estas orcas tan peculiares se produjo después de que el equipo pasó una semana con su embarcación anclada, esperando que pasaran las tormentas perpetuas del Cabo de Hornos en el sur de Chile. Fue entonces cuando los científicos lograron obtener tres biopsias, pequeñas muestras de piel tomadas de un grupo de orcas Tipo D con un dardo y una ballesta sin causarles ningún daño.

La expedición fue liderada por el investigador Bob Pitman quien reunió un equipo multinacional integrado la Dra. Lisa Ballance (Estados Unidos), John Totterdell y Rebecca Wellard (Australia), Jared Towers (Canadá) y el Dr. Mariano Sironi (Argentina).

En el laboratorio

Ahora, el proceso para descifrar los secretos de estas orcas se traslada desde el tormentoso Océano Austral al laboratorio, donde científicos de la NOAA analizarán el ADN de las muestras de piel. “Estas muestras son la clave para determinar si este tipo de orca representa una especie diferente”, sostuvo Pitman.

El primer registro de estas inusuales orcas se obtuvo en 1955, cuando 17 animales vararon en la costa de Paraparaumu, Nueva Zelanda. Al compararlas con otras orcas, éstas tenían la cabeza más redondeada, la aleta dorsal más larga y puntiaguda, y la mancha ocular blanca mucho más pequeña que las orcas de tipo “regular”. Nunca antes se había descrito orcas así.

Inicialmente, los científicos especularon que se trataba sólo de una aberración genética presente en un único grupo familiar, y que esa aberración habría desaparecido con la muerte de las orcas varadas. Pero 50 años más tarde, en 2005, un científico francés le mostró a Pitman fotos de unas orcas de aspecto extraño que habían estado comiendo pescado en la pesquería comercial en la isla Crozet en el sur del Océano Indico.

Tenían las mismas manchas oculares pequeñas y las cabezas voluminosas.

Su localización a un cuarto de vuelta al mundo de Nueva Zelanda sugería que parientes de aquéllas orcas varadas estaban vivas y tal vez tuvieran amplia distribución.

Desde entonces, el creciente turismo en la Antártida ha generado fotografías de una calidad y cantidad sin precedentes. Para monitorear la distribución, movimientos y abundancia de las orcas en aguas antárticas, Pitman y colaboradores compilaron y catalogaron las imágenes de orcas, incluyendo las obtenidas desde barcos turísticos.

Entre las decenas de miles de imágenes que colectaron había seis registros adicionales de las orcas de Nueva Zelanda. En 2010, Pitman y sus colegas publicaron un artículo en la revista científica Polar Biology en el que describieron las orcas Tipo D. El artículo incluye fotos de cada avistamiento y un mapa que muestra su ubicación.

La localización de los avistamientos sugería una distribución alrededor de todo el continente antártico, pero en aguas subantárticas. Dado que las orcas Tipo D parecían evitar las aguas más frías de la Antártida, los autores sugirieron el nombre común de “orca subantártica”. También era evidente a partir de esos escasos registros que este animal vivía en aguas alejadas de las costas, en algunas de las latitudes más inhóspitas del planeta, conocidas como los 40 Bramadores y los 50 Furiosos. No sorprende que se trate un animal casi desconocido para la ciencia.

Las historias continuaron sumándose

Pescadores chilenos se han quejado de que las orcas frecuentemente se alimentan de la valiosa merluza negra en sus líneas de pesca en un área entre 60 y 80 millas al sur del Cabo de Hornos, donde las aguas de la plataforma continental llegan a profundidades abisales. En base a las fotografías tomadas por los observadores a bordo de los barcos pesqueros, la mayoría de las orcas que quitan el pescado son del tipo regular, pero también hay varios grupos de orcas Tipo D en esas imágenes. Los pescadores reportan que ambos tipos no se mezclan, y que las Tipo D se mantienen lejos de los botes cuando las orcas de tipo regular se encuentran cerca.

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Las historias se vuelven realidad Este año, las historias y fotos finalmente se volvieron realidad. Con el apoyo de un donante anónimo y de Cookson Adventure Tours, en colaboración con el Centro de Conservación Cetacea de Chile, Pitman reunió un equipo multinacional de expertos en cetáceos: Bob Pitman y Lisa Ballance de Estados Unidos, John Totterdell y Rebecca Wellard de Australia, Jared Towers de Canadá y Mariano Sironi de Argentina. En enero, se embarcaron desde Ushuaia, en el motovelero de 22 metros Australis para buscar las esquivas orcas Tipo D.

Al principio, la suerte pareció no acompañar al equipo del Australis.

De hecho, los investigadores pasaron ocho días de mucha ansiedad con la embarcación anclada en una pequeña bahía mientras el viento en el Cabo de Hornos soplaba entre 50 y 100 kilómetros por hora. Luego, el clima mejoró temporariamente, el Australis pudo salir a los golpes al mar abierto y la suerte del equipo cambió.

Finalmente, encontraron los animales que Pitman había buscado por 14 años. El Australis pasó tres horas con un grupo de unas 30 orcas, que se acercaron al barco muchas veces.

Cuando Rebecca Wellard, experta en comunicación acústica de orcas, colocó un hidrófono detrás del velero para grabar las vocalizaciones de las Tipo D, las orcas se acercaron inmediatamente a inspeccionar el instrumental.

A través de cámaras gran angular montadas en el hidrófono, obtuvo imágenes reveladoras cuando las orcas pasaron junto al aparato, mostrando detalles de su patrón de coloración y de la forma de su cuerpo.

El Dr. Mariano Sironi, Director Científico del Instituto de Conservación de Ballenas de Argentina e integrante de la expedición, recuerda sus impresiones del encuentro con estas misteriosas orcas. “Haber pasado una mañana rodeado por estos animales en el extremo sur de la Patagonia fue una experiencia que no olvidaré nunca. Los datos que obtuvimos son un gran paso adelante para comprender las relaciones de estas orcas con otras especies y sus necesidades ecológicas, algo clave para protegerlas.” Por su parte, Bárbara Galletti, Presidenta del Centro de Conservación Cetacea de Chile, dijo “estamos muy contentos de haber podido colaborar activamente para que esta expedición pudiese llevarse a cabo exitosamente. Los resultados de esta investigación son muy importantes para Chile, porque se trata de una orca muy diferente, posiblemente una nueva especie, pero aún más importante es que existe interacción entre orcas y pesquerías que operan en esa zona. Este es un llamado a que en Chile debemos comenzar a realizar mayores esfuerzos para asegurar la conservación de estos desconocidos animales”.

En primera persona

El Dr. Sironi describe con gran emoción el encuentro con estos animales de misterio: “Estuvimos en comunicación por radio con los capitanes de cuatro barcos pesqueros chilenos. Sin embargo, pasó toda la primera semana sin que pudiéramos encontrar las orcas. La segunda semana el viento hizo lo que temíamos: revolvió el mar, levantó olas de 6 metros o más, y nos obligó a permanecer anclados en una bahía protegida en la isla Herschel, en el archipiélago de las Wollaston, mientras veíamos cómo las ráfagas de 100 kilómetros por hora volvían el mar de color blanco”. “En la madrugada del 21 de enero, a las 5:40, en el pasillo del velero escuché el grito que tanto ansiábamos escuchar: ‘¡están las D, las D están aquí!’ Un revuelo de abrigos, máquinas de foto y equipos de muestreo invadió el velero, y en minutos estábamos todos en la cubierta. Unas 30 orcas nos rodeaban, nadando tranquilas, mostrando su mancha ocular pequeña e inconfundible.

¡Eran ellas!. Se acercaron muchas veces, curiosas por ver de qué se trataba el hidrófono y las cámaras con las que las grabamos y filmamos. El sol del amanecer brillaba sobre su piel negra y blanca, mientras petreles y albatros sobrevolaban el grupo. Nunca voy a olvidar esa mañana”.

Las orcas tipo D tienen diferente coloración y fisonomía (FOTO ICB)   La expedición fue liderada por el investigador Bob Pitman quien reunió un equipo multinacional integrado la Dra. Lisa Ballance (Estados Unidos), John Totterdell y Rebecca Wellard (Australia), Jared Towers (Canadá) y el Dr. Mariano Sironi (Argentina).

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