África juega sus últimas cartas para salvar al elefante

(DW) El comercio ilegal de cuerno de elefante es un negocio lucrativo en África. Detrás de las medidas inhibitorias actuales podría esconderse incluso la acción armada de grupos paramilitares. ¿Qué queda por hacer?

Nunca antes habían sido cazados furtivamente tantos elefantes en África. Los paquidermos son víctimas de la fiebre por el marfil, el preciado material orgánico del que se componen sus cuernos. En Uganda, en el este del continente, las autoridades incautaron hace poco 750 colmillos de la especie paquidérmica, un monumental hallazgo.

“Los cazadores furtivos reciben sanciones muy leves”, dijo a DW el experto ugandés en temáticas ambientales Abiaz Rwamwiri. Esta sería la una de las causas por las cuales los episodios de caza furtiva aumentan exponencialmente. El magistrado del Supremo del dicho país Kenneth Kakuru exige mayor severidad en el manejo de la problemática. “Nuestro aparato judicial persigue a los traficantes de droga, ¿por qué no le sigue la pista a los traficantes de marfil?”, añade en entrevista con esta casa periodística.

Sin embargo, no debe olvidarse que los colmillos de elefante son un bien comercial muy solicitado en los mercados asiáticos. Por lo general son empleados en rituales ornamentales y para la talla de figuras simbólicas. “Más de 20.000 elefantes son sacrificados anualmente por bandas criminales y distribuidos posteriormente en el sur y el este de Asia”, enumera Arnulf Köhncke, director de conservación y divulgación de la organización ambiental suiza WWF. Esta entidad asegura realizar campañas de prevención en las zonas en las que se practica la caza furtiva, en muchos casos a través de subcontratistas.

Serias acusaciones en contra de WWF

WWF implementó junto a más de veinte organizaciones ambientales la iniciativa “Zero Poaching Framework”, un catálogo de pautas para el desarrollo de políticas en el núcleo de comunidades africanas contiguas al ecosistema silvestre. Se incluyen imágenes satelitales de las sabanas en las que habitan los elefantes y se propone el uso de perros entrenados, cámaras infrarrojas y drones. En última instancia, se menciona la necesidad de brindar mejor entrenamiento a los guardabosques, quienes en muchos casos están armados.

Un extenso dossier del portal web de noticias Buzzfeed News pone en duda el carácter filántropo de estos últimos y asegura que se trataría de grupos paramilitares, que actúan no solo en contra de forajidos, sino también de la población civil. En la cercana República Centroafricana, WWF podría ser patrocinador por omisión del comercio ilegal de armas. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar la organización para proteger a esta majestuosa especie animal?

“Estamos consternados por estas acusaciones y realizaremos todos las investigaciones necesarias”, aseguro Köhncke a DW, al mismo tiempo que prometió una auditoría externa.

Turismo como alternativa

Los analistas consultados coinciden en que la pobreza de las comunidades es un detonante de esta crisis ambiental, en la medida que los pobladores no tienen otra alternativa de sustento que cooperar en el negocio ilegal. “A largo plazo podría pensarse en alternativas turísticas en las regiones. Sus habitantes pueden jugar un rol esencial en la planeación y operación de actividades, en las que elefantes vivos sean el mayor atractivo”, finaliza Köhncke.

El turismo es ahora mismo un área económica fundamental para Uganda y contribuye con cerca del 10% del producto interior bruto del país, según datos de la oficina de aduanas.

Actualmente se calcula la población de elefantes en África en 415.000 ejemplares. El país con la mayor concentración es Botsuana, en donde podrían concentrarse cerca de 126.000 de estos paquidermos. Pequeños agricultores rechazan su presencia, en la medida que se han presentado casos de destrucción de cosechas atribuibles a estos. No obstante, su colosal presencia seguirá determinando el rumbo de la economía y las políticas públicas africanas por largo tiempo.

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