Las consecuencias del caso D’Alessio sacuden al mundo del espionaje

El caso D’Alessio sacudió al mundo del espionaje, que se entrometió, una vez más, en la vida política y en la Justicia Federal . Tal vez nunca dejó de hacerlo, pero este episodio expuso la instrumentación política de las tareas de inteligencia y la ineficiencia del gigante aparato estatal para impedir el espionaje clandestino.

Según indicó el juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla, el objeto de la investigación ya no consiste en verificar si el fiscal Carlos Stornelli participó o no de la extorsión a Pedro Etchebest, sino en investigar operaciones de inteligencia clandestinas y su presunta relación con el Ministerio Público Fiscal.

La figura de Marcelo D’Alessio es en parte una incógnita. Aún no se termina de esclarecer a quién respondía ni qué tan profundos son los vínculos que alega tener.

En declaraciones a los medios, dijo haber trabajado como agente inorgánico para la AFI. Desde ese organismo primero lo desconocieron y luego lo denunciaron. Cuando quedó detenido, D’Alessio dijo que trabajó para Ricardo Bogoliuk, un expolicía bonaerense que había sido contratado por la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) para desarrollar tareas desde el 4 de mayo hasta el 31 de diciembre de 2017, y para Aníbal Degastaldi, que fue separado de la policía bonaerense en 2003. También dijo que Etchebest, supuesta víctima de extorsión, trabajó en connivencia con Bogoliuk.

Bogoliuk y Degastaldi quedaron detenidos y se negaron a declarar. Quedan pendientes varios interrogantes, como saber con qué dinero Bogoliuk contrató a D’Alessio.

Desde la agencia de inteligencia sostienen que Bogoliuk dejó de trabajar allí en diciembre de 2017. “No se puede seguir a los que dejan de trabajar”, alegan en la AFI. Pero fuentes de la ex-SIDE consideraron que al organismo “se le escapó la tortuga” y que si bien Bogoliuk pudo haber actuado como mano de obra desocupada, el organismo tuvo elementos para detectar un posible conflicto.

Las escuchas a exfuncionarios kirchneristas que se encuentran detenidos en el penal de Ezeiza fueron desgrabadas, cuando tendrían que haber sido destruidas. Pero, además, esas charlas carcelarias fueron utilizadas para alertar a miembros de la Coalición Cívica de que existía una maniobra contra Stornelli en curso.

Aunque se habla de un clima de tensión entre el director de la AFI e íntimo amigo del Presidente, Gustavo Arribas , y la subdirectora, Silvia Majdalani, en la agencia de inteligencia no hay autocríticas.

En el Gobierno, estos episodios despiertan desagrado. No hubo demasiadas menciones al tema, pero se conjugan dos elementos: la mancha venenosa que se expande al ventilarse los vínculos de D’Alessio y la vigencia de prácticas de espionaje clandestino en una administración que prometía una regeneración institucional.

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Durante la campaña presidencial de 2015 el asesor Jaime Durán Barba sugirió, con el objetivo de “unir a los argentinos”, cerrar la AFI y reemplazarla por una nueva agencia contra el crimen organizado, para “dejar en la calle a ese ejército que se ocupa de espiar a los argentinos”. Pero aquella idea duró tan solo 48 horas.

Según relata en libro Cambiamos, el director de Comunicación Estratégica de la Jefatura de Gabinete, Hernán Iglesias Illia, fue eliminada de la lista de promesas de campaña sin explicación alguna.

Más vínculos

D’Alessio se entrometió en más de un expediente judicial. Ahora se encuentra procesado por el juez Luis Rodríguez por haber extorsionado en el año 2016 al despachante de aduanas Gabriel Traficante, involucrado en la causa conocida como mafia de los contenedores. Pero, según indicó Ramos Padilla en un oficio enviado a la Comisión Bicameral de Fiscalización de Organismos y Actividades de Inteligencia -cuyo rol es controlar el desempeño de la AFI-, en los allanamientos a D’Alessio se le secuestró información relacionada con otros expedientes judiciales, como el del doble crimen de Unicenter y el triple crimen de General Rodríguez.

Ramos Padilla irá este jueves a exponer en la comisión bicameral sus conclusiones sobre el material secuestrado.

Esta información ya tuvo sus coletazos. El viernes último se realizó un allanamiento en el domicilio de Juan Bidone, que fue el fiscal de la primera investigación sobre el triple crimen y que fue apartado de su cargo, quien admitió que conocía a D’Alessio y que intercambiaba información.

Llegó a decir que el falso abogado le había solicitado información sobre las llamadas entrantes y salientes de Pedro Etchebest.

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