La actividad industrial en caída: presente y futuro de seis rubros claves

La industria manufacturera en la Argentina arrastra años de estancamiento. Con un nivel de producción que no crece (medido de punta a punta) desde 2012 y tras ocho meses consecutivos de bajas (en la comparación interanual) como efecto de la corrida cambiaria que sacudió la economía hasta sus cimientos el año pasado, la crisis del sector atraviesa gobiernos y no encuentra por ahora caminos a la recuperación.

Tras el repunte de 1,8% de 2017, que no compensó la baja de 4,6% de 2016, la industria cayó 5% en 2018. Este año arrancó con un descenso interanual de 10,8% en enero, aunque a la vez registró un avance de 4,6% respecto de diciembre.

“La industria está estancada desde 2012 y la dinámica se convirtió en caída y recesión desde 2016, especialmente en los rubros intensivos en trabajo y dependientes del consumo interno”, plantea Diego Coatz, economista jefe de la Unión Industrial Argentina (UIA), quien señala que el piso llegará entre abril y mayo.

“Es un sector relevante porque genera empleos de alta calificación y otros de media calificación pero mejor remunerados. Además de la cuestión laboral y social, la industria en los próximos años es clave para generar divisas genuinas a través de la exportación de valor agregado”, añade.

Más allá de la heterogeneidad que caracteriza a las manufacturas, hubo factores que tuvieron impacto en toda la actividad: la aceleración de la inflación y la consecuente caída del consumo interno, y la suba de las tasas de interés que encareció el crédito y limitó el acceso al financiamiento. “Y hay dos temas centrales que son estructurales y se mantienen. No se aceleró la inversión en investigación y desarrollo y no se mejoró la calificación de la fuerza laboral”, afirma el economista Bernardo Kosacoff.

Según los especialistas, la industria recién comenzaría a ver cierto rebote a partir de julio de este año, aunque el ritmo será heterogéneo dependiendo del segmento. Además de medidas de estímulo lanzadas por el Gobierno, como el programa de créditos para pymes a tasa subsidiada por $100.000 millones o la baja de las contribuciones patronales, se espera una cierta recuperación del poder adquisitivo a partir de la renegociación de salarios en paritarias y el cobro del medio aguinaldo. “El mercado doméstico es el 75% de la generación de valor y el crecimiento debe apoyarse sobre esos activos. El problema requiere entender la diversidad y no caer en falsos eslóganes sobre sectores inviables”, enfatiza Kosacoff.

En materia de empleo, mientras tanto, el escenario luce hundido y está lejos de ofrecer indicios de mejora a lo largo de este año. La industria, el segundo rubro en cantidad de puestos registrados detrás del comercio, fue el sector más afectado en 2018: la cantidad de puestos se redujo 5,1%, según datos de la Secretaría de Trabajo. El nivel de caída duplicó al dato promedio de todo el sector privado.

Los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) muestran que se destruyeron 61.000 empleos formales fabriles en 2018. Es casi la mitad (47%) del total de puestos en blanco que se perdieron el año pasado. Pese a que funcionarios del Gobierno insisten en que la creación de “empleo privado de calidad” es prioridad, la caída del 0,3% en enero de este año en el sector configura un panorama sombrío, al menos para el corto plazo. “No se espera una recomposición del empleo porque todavía hay sectores ajustando. Cuando la actividad se empiece a mover, lo que van a hacer es eliminar suspensiones, sumar horas extra y recién ahí, contratar. En promedio, el empleo en la industria va a caer”, añade Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL.

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