El mayor parque eólico del continente continúa en “etapa de degradación”

Lo que fue denominado como “el mayor parque eólico del continente” que generaría la energía del futuro, se mantiene totalmente detenido, sin producción alguna y en una etapa de degradación de materiales que en octubre del año pasado, tuvo su primer consecuencia con el quiebre de una de las torres sin que, afortunadamente, se produjeran víctimas personales.

De aquel parque modelo, que generaría energía eólica capaz de abaratar costos en la ciudad, no queda más que la millonaria inversión realizada para su montaje en cerro Arenales -en su cuerpo principal- además de otros aerogeneradores en diferentes lugares de la ciudad, incluido uno en la entrada a Rada Tilly.

La energía “renovable y no contaminante” no se produjo nunca desde esos molinos -como popularmente se los conoce- y el mayor parque eólico de Sudamérica, como se lo conoció en su momento, dejó paso a otros que sí se encuentran en producción, incluido el más recientemente inaugurado por YPF Luz, en Manantiales Behr.

De acuerdo a lo que se proponía, el parque eólico montado a 400 mts. sobre el nivel del mar generaría “una sana energía para el medio ambiente, ya que producirá energía renovable y no contaminante, evitará el uso de combustibles no renovables, la emisión de contaminantes a la atmósfera y colaborará con el Programa Internacional de Cambio Climático Global, y por ende con el efecto invernadero, según con lo prescrito en el Tratado del Clima, en la Reunión Cumbre de la Tierra en 1992”.

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Desafortunadamente, nada de eso ocurrió y ni siquiera se utilizó el pretendido “atractivo turístico” que representaba la serie de aerogeneradores del Parque Antonio Morán que, al menos en principio, contó con 8 equipos y una potencia instalada de 6.000 KW.

Más allá de lo que no ocurrió, lo cierto es que cada uno de los 16 “molinos” existentes, salvo el que terminó colapsando por la falta de mantenimiento y la fuerza del viento -precisamente lo que le permitiría generar energía- continúan degradándose por lo que, si no hubiera intención o posibilidad de reactivar su capacidad generadora, debería iniciarse un proceso de desmonte para recuperar lo que se pueda de aquella millonaria inversión o bien, y quizás de manera prioritaria, evitar que otro accidente termine haciendo peligrar a un eventual observador de los “inmóviles gigantes”.

 

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