Ex militantes denuncian violencia de género en La Cámpora

En un caso se señala al legislador Juan Cabandié como “uno de los famosos acosadores” K; y también a un asesor de Mariano Recalde. En otro de los casos denuncian manoseo durante un acto en 2015 en la Casa Rosada. 

“Durante años, quienes fuimos militantes nos callamos porque “no convenía” hablar de abusos en las filas kirchneristas: no quisimos que quienes fueron nuestros compañeros, ni nuestros familiares o nuestros amigos, nos acusen de traidoras del Proyecto Nacional. Si nombramos a Juan Cabandié como uno de los más famosos acosadores de La Cámpora (conmigo lo hizo verbalmente y delante de todos en un campamento en Cañuelas), o a personajes menores como Julián Eyzaguirre (ya denunciado por violencia de género), nos condenan a la esquina donde yacen los “funcionales a la derecha”. Las que nos fuimos en silencio hace años hoy denunciamos, no porque seamos anti kirchneristas, ni traidoras, sino porque no nos callamos más. Porque sabemos que no es apenas un “compañero” el que expuso sus “aprendizajes” en Facebook luego de haber sido denunciado mediáticamente. Ni una, dos o diez chicas las que sufrieron abusos. Es una estructura de poder machista que yo conozco bien desde sus inicios”.

Este mensaje integra la columna “Militantes de La Cámpora: no se callen más” y pertenece a Marisol De Ambrosio, quien afirma haber militando en ese espacio kirchnerista durante poco más de un año (un poquito antes de que falleciese Néstor Kirchner, un poquito después del triunfo de Cristina Kirchner).

“Me fui sola, abusada y humillada”, afirma.

Fragmentos de “Militantes de La Cámpora: no se callen más”:

1. “Entré en el mundo donde las mujeres valíamos cuando éramos parejas de referentes (ese era el mejor escudo, en La Cámpora, para defendernos de abusadores: decían a viva voz que “no te metas con ‘tal'” porque es “la novia de” y te des-sexualizaban: eras el objeto de otro), o cuando éramos hermanas del jeque barrial”.

2. “Y yo, que nunca me concebí como mujer-delante-de-varones (en el sentido de que nunca me concebí a mí misma de segunda por la forma de mis genitales), sentía que reírme de otras mujeres con los varones que tenían algún tipo de poder simbólico estaba bien. Bah, no es que lo sentía: lo naturalizaba. Pero a mí nunca me “ascendieron” a nada, nunca me escucharon; más bien me ignoraron”.

3. “Julián Eyzaguirre Valderrama, que tiene una denuncia por violencia de género de su ex novia, y que a mí (a tantas, la verdad) me manoseó en una fiesta. Salió del Colegio Nacional con un currículum militante intachable, excelente capacidad de oratoria, formó parte de la mesa nacional de La Cámpora (ni la Mesa Redonda del Rey Arturo tenía tanto de misterioso y poderoso), tuvo su puesto de poder en la agencia Télam, y (leo en los medios que) lo contrató Recalde en la Legislatura porteña”.

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4. “Uno de los recuerdos más dolorosos que tengo de esas épocas son los mails kilométricos con propuestas, puntos de vistas, planes de acción, que ni siquiera fueron respondidos. Yo creía en Cristina Kirchner y en la militancia, y tenía una obstinación por crecer que no me la sacaba nadie. Ni los que me tocaban el culo en las fiestas, ni los que me gritaban guasadas delante de todos, ni los que me pedían que les cuente qué es lo que más me gusta de coger mediante mensaje de Blackberry”.

Manoseos en la Rosada

Un joven identificado como Benjamín Nicolás, ex militante de la filial de Hurlingham, acusó a tres compañeros de haberlo manoseado durante un acto de Cristina Kirchner dentro de la Casa Rosada en 2015. Dos de los denunciados -según el testimonio que comparte en Infobae- todavía siguen en la agrupación K.

A las tres personas que denuncia por manoseo son integrantes de La Cámpora Hulringham:  los primos Alejandro y Alberto Monzón y  Nicolás “Chimbu” Abregú.  Esto ocurrió  el 1º de julio de 2015, durante uno de los últimos años de Cristina Kirchner como presidenta de la Argentina. Aquella cita tuvo la particularidad de que cientos de militantes kirchneristas ingresaron a los patios de la Casa de Gobierno para que la entonces presidenta los saludara desde uno de los balcones.

“Desde la puerta de La Rosada hasta llegar al balcón había una multitud de gente, ellos me iban tocando todo el culo, yo, inocente, pensando que era porque estábamos amontonados. Siento una mano en mi pierna derecha miro y era la mano de Alejandro, me quiero tirar para atrás, no me dejan los otros dos, me empujan cada vez más cerca de Alejandro, Alejandro vuelve a ponerme su mano pero está vez sube y me empieza a tocar, me intenta meter la mano bajo el pantalón, yo quedé helado…”, expresó Benjamín Nicolás.

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