Tres voluntarios comodorenses en los Juegos Olímpicos de la Juventud

Los Juegos Olímpicos tienen una mística sagrada. El mundo que imaginó John Lennon no parece tan utópico bajo la bandera de los cinco aros de colores. Naciones en guerra dejan de estarlo, las diferencias culturales e idiomáticas se salvan con fraternidad.

No parece imposible pensar que el mundo puede ser un mejor lugar. El espíritu se contagia, aúna. Tres comodorenses trabajaron como voluntarios durante los Juegos Olímpicos de la Juventud que se desarrollan en Buenos Aires. Ver de cerca a estos ya grandes atletas, vivenciar la unión de naciones, experimentar un gran evento; las motivaciones que los llevaron a participar pueden ser diversas, pero todos disfrutan de formar parte de la mística que enciende la antorcha, hermanar países, borrar fronteras.

Para poder trabajar como voluntarios tuvieron que superar varios meses de test y la capacitación. Las inscripciones comenzaron en el verano y recién los primeros días de junio se enteraron que fueron elegidos entre los más de 20.000 inscriptos. Actualmente trabajan alrededor de 8.000 voluntarios en diferentes sectores de la organización.

Maxi Águila tiene 31 años, es técnico gastronómico, en Comodoro trabaja en un estudio de cobranza con su madrina y tiene con su pareja una academia de danzas. Se anoto al segundo día que abrió la inscripción, “no lo dudé ni un segundo”, dice. Quería formar parte de este enorme evento mundial, pero hasta el fin de la preselección no pensó que tendría la suerte.

Camila con sus compañeros de trabajo en la cancha de bádminton.

Hasta el cierre de los Juegos Olímpicos para la juventud Maxi trabaja como voluntario en el sector de atención al cliente del Parque Verde, ubicado en los Bosques de Palermo. “Es increíble lo que estoy viviendo, nunca pensé que iba a vivir esto. Tenía algo en mente pero lo superó completamente, por lo que estoy viviendo, lo que estoy aprendiendo, la gente que estoy conociendo. La organización es muy buena, me cruzo gente de todo el mundo porque son 206 países y la verdad es que la gente está fascinada”, cuenta con emoción en la voz.

“Estoy en varios sectores, me toca estar en Beach Voley, acomodar a la gente en sus lugares, asesorar, dar información. Uno de los lemas de los juegos es ‘amistad, respeto y excelencia’ y eso es lo que nos hacen reflejar en todos los aspectos, con nuestros compañeros, con los visitantes. Lo que esta buenísimo es que van los chicos de todas las escuelas porque esta es la primera vez que los Juegos Olímpicos son completamente gratuitos para el público”, añade.

Santiago Menna, es estudiante de abogacía y su posición en el voluntariado es ser asistente del Comité Olímpico Nacional de Kazajistán. “En palabras simples, soy el nexo entre la organización de los Juegos y el Comité de Kazajistán. Ayudo a la delegación de Kazajistán a desenvolverse en diferentes ámbitos de los Juegos, ya sea consiguiendo información sobre algún deporte en particular, acompañándolos a lugares icónicos de Buenos Aires, o cuestiones de logística para algún atleta o miembro del Comité kazajo. Si bien es demandante y llego al final del día bastante cansado y debiendo afrontar las restantes obligaciones de la facultad y el trabajo, hasta ahora la experiencia ha sido altamente positiva y he aprendido mucho, tanto sobre deporte como sobre las diferentes nacionalidades” sostiene.

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Santiago y amigos con la mascota de los Juegos Olímpicos.

La emoción del podio

Santiago se inscribió para el voluntariado porque considera que los Juegos Olímpicos son un evento único en el mundo, en donde delegaciones de todo el mundo se reúnen en un ambiente sano de respeto y competitividad. “El ambiente que se vive es increíble. Ver a los atletas competir por llegar a lo más alto del podio, exigiéndose día a día, dejando muchas cosas de lado, es un aspecto maravilloso para valorar. Vivirlo desde adentro es una experiencia que no podía dejar pasar”, finalizó.

Camila Peñaloza Caamaño se enteró de la convocatoria a través de Instagram y decidió postularse. Tiene 21 años, estudia el profesorado de educación física en la INEF. En su casa se respira deporte porque su mamá y su papá también son profes. “Me anoté porque sabía que iba a ser una experiencia única tener la posibilidad de ver a todos los chicos que son futuras promesas del deporte, todos van a estar en los próximos Juegos Olímpicos en Tokyo 2020, así que esta era la oportunidad de verlos más cerca”, cuenta.

Maxi en uno de los recorridos del Parque Verde.

Camila en su salsa

Jugadora de handball, fanática de la natacion,jugadora de badminton y hockey, Camila estaba en su salsa. El viernes fue su último día de trabajo con la final de badminton. “Arranco a las 7 de la mañana en Tecnopolis, ahí nos reunimos y dividimos las tareas. Algunos están con las delegaciones, otros están a cargo de repartir el agua o bebidas energéticas, otros están dentro de la cancha limpiando entre set y set o cuidado puertas de emergencia, asisteiendo al comité… vamos rotando”, señala detallando sus tareas en estos diez días de voluntariado. Mientras habla se escucha el bullicio, está en el parque olímpico esperando para ingresar a ver las competencias de natación.

“Me llevo el haber convivido con toda esta gente extraordinaria, la gente de la organización es excelente, nos dieron una responsabilidad bastane grande que pudimos llevar”, finaliza Camila.

Maxi se queda hasta el final de los Juegos, pero su cabeza está pensando en Tokyo 2020 ¿Será muy lejos? Por lo pronto solo repite que quiere agradecer a su pareja y a su madrina que lo bancan reemplazándolo en su trabajo. “Sin ellos sería imposible estar acá, porque me están re bancando”.

“Lo más importante de la vivencia es compartir los valores olímpicos con todos los que me rodean, con mis ahijados, que los extraño. Me llena de orgullo saber que pude ser parte de esta gran historia que tuvo el país, van a pasar muchos años para que pueda haber otros juegos así en la Argentina”, finalizó Maxi.

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