Una mujer fue asesinada a golpes y su novia confesó el crimen ante el jefe

Una mujer de 30 años asesinó a su pareja, también mujer, y le confesó el crimen al dueño de la remisería en la que trabaja. El hecho ocurrió en la madrugada de este jueves en un departamento ubicado en la calle Leopardi al 200, en el barrio porteño de Villa Luro.

Una mujer de 40 años fue asesinada de un fuerte golpe en la cabeza en un PH del barrio porteño de Villa Luro y por el crimen está detenida su novia, de 30, quien le confesó el hecho a su jefe.

La policía intervino en el caso a las 3.30 de la mañana de ayer, después de que Sabrina Pereyra (30) llamó al 911 desde la remisería donde era chofer. “Está agonizando tirada en el piso, bañada en sangre”, les dijo a los operadores. Se refería a Mariel Rodríguez (40), la mujer con la que convivía, a siete cuadras de donde llamó. Pero mientras el SAME buscaba signos vitales en la víctima, Pereyra le dijo a su jefe: “A vos no te puedo mentir. Maté a Mariel”.

Según el informe, Mariel Rodríguez, la víctima, presentaba un fuerte traumatismo de cráneo y una herida profunda en la cabeza, y cuando arribó al lugar el servicio médico, ya había fallecido.

La mujer fue detenida y se encuentra a disposición de la Justicia. El jueves al mediodía, el cuerpo de Mariel fue trasladado a la morgue judicial y la Policía Científica comenzó a peritar el auto que Rodríguez conducía como remisería: se buscaron huellas en el parabrisas, en las manijas y en los espejos del Ford KA patente AC716AW.

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En ese auto blanco, también encontraron una mochila azul que, dispusieron en la vereda al igual que cada uno de los objetos que había en su interior. Pero hicieron especial foco en un álbum de fotos impresas: los oficiales pidieron a una testigo que mirara las fotos y otro oficial registró el momento con una cámara. También encontraron un cuaderno anillado.

En este barrio tranquilo, de casas bajas, el hermetismo es absoluto. Los vecinos huyen de los periodistas ubicados frente al PH. “Se mudaron hace poco. Por eso no las veíamos. Ahí hay ocho casas, así que no se sabe en dónde vivían ellas”, dijo la empleada doméstica del chalet que está pegado al lugar del asesinato.

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