Lingüística Forense: cuando el lenguaje es la evidencia

Alicia Poderti, perito lingüístico.

Alicia Poderti es la primer perito lingüístico forense de la Argentina. La especialista brinda una capacitación para agentes judiciales sobre los aportes que la Lingüística Forense hace al Derecho.

(CONICET) Si la frase el pez por la boca muere no alcanza, la serie Manhunt: Unabomber que en 2017 se estrenó en la plataforma de Netflix, puede echar más luz sobre el asunto: el lenguaje que usamos para expresarnos es también una evidencia científica. Para entenderlo, alcanza con ver la serie de ocho capítulos que se basó en aquel caso verídico y emblemático, sucedido entre los 80 y 90, en Estados Unidos. La serie refleja la historia de James Fitzgerald, contratado por el FBI para localizar a Unabomber, un hombre que sembraba terror porque enviaba paquetes bomba a lugares inesperados, como universidades y aerolíneas. ¿Cómo logró Fitzgerald dar con el asesino? A través de una carta de 56 hojas que él mismo escribió para la opinión pública. Como buen perito lingüístico, Fitzgerald utilizó aquel documento escrito a máquina para identificar los rasgos del asesino y en esa evidencia encontró más pistas que las que hubiese hallado en cualquier huella dactilar o prueba de ADN. “La Lingüística Forense es una ciencia bastante dura porque tiene un vínculo estrecho con la lógica: trabaja con pruebas, sin margen para la especulación”, explica Alicia Poderti, doctora en Lingüística del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que además se desempeña como perito lingüístico forense desde 2006 y acaba de incorporarse al Programa Nacional Ciencia y Justicia para brindar una capacitación en la temática para agentes judiciales.

Ted Kaczynski, conocido como Unabomber

La lengua, la huella

En esencia, la lengua, que es la materia prima de los lingüísticos forenses, permite develar tres intríngulis judiciales: la autoría de un escrito, la identificación de personas y las situaciones de plagio. “Cada ser humano tiene su ideolecto, es decir, su forma particular de expresarse, según su educación, su clase social, sus influencias, su lugar de nacimiento, su formación, incluso el estrato ideológico: el lenguaje cambia rotundamente de persona a persona y uno lo puede identificar de forma casi cristalina al analizarlo”, señala Poderti. Si bien es lingüista, la científica inició sus estudios interdisciplinarios sobre el cerebro humano en 1995 motivada por una razón personal: el autismo de su hijo. Por esos años había solo un puñado de especialistas dedicados a esa patología específica, lo que la llevó a trabajar de la mano de neurólogos, fisioterapeutas, terapistas cognitivo conductuales, psiquiatras y genetistas para ahondar ella misma en las posibilidades del cerebro y sus limitaciones ante la enfermedad que padecía su hijo. “La búsqueda de la explicación acerca de por qué algunos acceden y otros no al lenguaje hablado fue fundamental en mi perfil transdisciplinario”, recuerda Poderti. Entre los 80 y 90 realizó estudios profundos de la ciencia Semiótica. Allí comenzó su viaje de la Lengua hacia el Derecho, surcando un camino que aún no tenía trayectoria en el país, bajo la premisa de que el lenguaje puede ser un material de prueba y servir como evidencia en investigaciones legales y policiales. “La lengua es como nuestra huella digital –advierte-, nos define de una forma precisa”.

Historia de la Lingüística forense

La historia de la Lingüística ligada a contextos de investigaciones policíacas a nivel mundial se remonta a 1754, en Scotland Yard, donde comenzó a identificarse a los criminales por su voz. En 1968, surgió la disciplina de la Lingüística Forense formal, ligada a la estadística y la medicina, y en 1987, en el Octavo Congreso de la Asociación Internacional de Lingüística Aplicada celebrado en Sydney, la disciplina tuvo un lugar especial, considerado ya como interfaz entre el lenguaje y la administración de la Justicia.

Además de prestar atención a la coherencia y a la cohesión de un mensaje, la Lingüística Forense también estudia las marcas que las emociones de las personas dejan en el texto. “Uno puede identificar inmediatamente si el lenguaje está roto. Si uno está apurado, por ejemplo, suele romper las reglas de la lógica, porque escribe bajo presión. “Si el emisor está nervioso se nota en detalles como el abuso de conectores: la repetición de ‘y que’, ‘y que’, colocados en períodos breves de la misma oración, tornándola incomprensible”, dice Poderti, que se desempeña como perito del Poder Judicial de la Nación y participó en tribunales internacionales en más de cien causas. Para llegar a ese tipo de conclusiones, Poderti y los peritos lingüísticos en general utilizan varias técnicas: analizan el soporte del mensaje –el papel o la grabación-, rastrean documentos complementarios producidos por la misma persona para cotejarla, amplían la dimensión de los documentos doscientas veces, estudian las voces en estudios de grabación profesional.


Campo de acción

En sus comienzos en 2006, Poderti era la primer perito lingüístico de la Argentina. Doce años después, los que se desempeñan en la disciplina a nivel local son más, aunque el auge, señala la especialista, sigue estando en España. “Actuamos en el ámbito criminal y penal pero también en el comercial. En casos de empresas, donde un hombre obliga a otro a pagar una suma sideral y hay que analizar todos esos documentos, cómo están realizados, cuál es la coherencia, la cohesión entre ellos, si alguien fue obligado a firmar de alguna manera, si las firmas están en correcta sintonía”, ejemplifica Poderti. Los peritos lingüísticos, incluso, pueden analizar mensajes escritos a máquina y, sobre todo, por mail. “Los mensajes virtuales tienen las mismas marcas discursivas, a través de la huella digital del lenguaje: hoy las cookies, los algoritmos y otras herramientas pueden detectar a las personas detrás de las computadoras, porque el lenguaje virtual también funciona a partir de lo de lo que escribimos, de lo que tipeamos y hasta de nuestro mouse… así que ahí también estamos nosotros. En síntesis –concluye la científica- nadie puede escapar al lenguaje”.

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