“Almacén de Antigüedades”, aprender historia y deleitarse con piezas antiquísimas

Silvia Marcela López es docente e investigadora de Literatura Patagónica en la Universidad de la Patagonia. Con dos libros publicados y 22 años de ejercicio de su profesión le detectaron una enfermedad que le impidió seguir adelante con su tarea.

En el año 2013 comenzó con un emprendimiento de antigüedades. Lo define como una manera de transmutar a través de ello su propia historia y también porta el mensaje de inspirar a otros a hacerlo.

Silvia no es convencional, como tampoco lo es su emprendimiento: “Almacén de Vintage y Antigüedades”

Almacén de Vintage y Antigüedades tiene un espacio en las redes sociales, tarjetas de visita, un logotipo y está inscripto en AFIP. Sin embargo para llegar a encontrarlo –prácticamente- el único camino fue la recomendación de alguien que haya previamente dado con él.

Marcela esperaba al equipo de Empresas + Negocios, para realizar la entrevista, con una mesa desplegada y lista para tomar el té. Con candelabros de plata que portaban velas, todo tipo de delicias dulces y saladas, infusiones y un juego de vajilla inglés.
Indicó varias tradiciones culturales e históricas acerca de lo que significa tomar el té. Cuando todos estuvimos listos y servidos comenzó la entrevista.

Cómo se inicia su emprendimiento

Yo era docente de Literatura Patagónica, daba clases en varios colegios para cumplimentar un total de 36 horas cátedra y así poder vivir de la docencia. Un año me superó el estrés y desencadenó en una serie de problemas de salud. Me diagnosticaron una retinoplastia autoinmune mezclada con un reumatismo asociado a la fibromialgia. Todo eso deprimió mi sistema inmunológico y me dijeron que debía dejar de trabajar. Después de 22 años de docencia pensé ¿y ahora qué hago?

Recuerda que no sabía cuándo ni en qué condiciones iba a llegar su jubilación. Daba clases en más de cinco escuelas, se define como una trabajadora golondrina ya que acudía a diferentes instituciones, en total cinco o seis colegios de esta ciudad.

“Con 22 años de servicio y 48 años de edad me dicen que ya no podía seguir ejerciendo mi profesión. Siempre lo había hecho por vocación, por lo que necesitaba apasionarme por otra cosa para continuar. Después de dos décadas de trabajo es cuando una persona está más que afianzada en su labor y el tener que dejar es algo similar a cualquier otro duelo y que se supera haciendo algo que sea superador”.

Mientras realizaba su tratamiento de salud en Buenos Aires, en los ratos libres visitaba la feria de San Telmo, los mercados de pulgas, y los ejércitos de salvación. También recorría zonas denominadas peligrosas en Buenos Aires, como Constitución, pero donde sabía iba a encontrar “joyas” históricas a excelentes precios para poder seguir adelante con el emprendimiento.

“Empecé a sentir que me gustaba y que tenía criterio para ver las cosas. No me gustaba todo ni cualquier cosa. En un momento se me ocurrió pensar en llevar eso a Comodoro”.
Así nace la idea de trabajar las antigüedades en la ciudad donde vivía. No disponía del espacio físico pero lo generó en el garaje de su casa. Buscó una proveedora a la altura de las circunstancias, que además de ojo clínico embale esos objetos tan costosos de manera que lleguen en condiciones.

Porcelana inglesa, francesa y alemana

Comenzó haciendo ferias americanas, vendiendo todo lo que tenía al alcance. Por un lado para sobrellevar los primeros meses de tratamiento y solventar gastos y más tarde para poder comprar lo que descubrió que le apasionaba: las antigüedades.
Dentro del universo de antigüedades, primero optó por comprar y vender desde juguetes, adornos, revistas, libros, artefactos de ferrocarril, ollas, y todos aquellos objetos que sobrevivieron a su época. Con el pasar de los años se fue quedando solo con la exclusividad de la vajilla.

Tanto en Buenos Aires, como en Europa o en cualquier ciudad del mundo es muy difícil encontrar un juego completo de vajilla. Un juego que tenga las seis tazas, con sus platos de té, con el pie de masas, la azucarera, la tetera y la jarra lechera. Porque son cosas que por el mismo uso se fueron rompiendo.

Menciona que ella dispone de un juego que data del año 1870 y posee todas las piezas.
Por aquellos años la vajilla era una señal de lujo. Invitar a tomar el té era desplegar la vajilla y ostentar quién tenía la mejor colección. Muchas familias encargaban especialmente el trabajo a su medida.

Cuenta que en Europa en épocas de guerra se debía guardar ya que estaba prohibido mostrar lujo, era ofensivo y hasta podía ser una causa de desacato castigada fuertemente.
En Argentina hasta 1950 la vajilla llegaba en baúles desde Europa junto a las familias que emigraban. Luego durante la presidencia de Perón, como una manera de estimular la industria nacional, facilitó la creación de la fábrica Tsuji de porcelana y Verbano aunque ya no pintada a mano.

Explica que la vajilla era artesanalmente pintada a mano, algunas con simple o doble virola de oro. También -que se puede reconocer en la parte posterior- el sello, el escudo o hasta el nombre de la familia propietaria del juego que se lo hacía hacer a medida y también es común ver la fecha de origen.

El espíritu de su Almacén de Antigüedades

Esto no es una cuestión comercial. Es algo que hago con el corazón, como cuando daba clases. Acá llega quien tiene que llegar. Yo siempre digo que la vajilla es celosa, busca su dueño o su dueña. También para mí la vajilla deja de ser un artículo de lujo para ser un momento de reunión, decía al referirse al momento que estábamos viviendo mientras se lleva adelante la entrevista.

“Cada vez que alguien viene a comprar deseo que por favor le dure y le sirva y que si no es así no lo lleve, porque estas cosas tienen vida”.

Luego de mencionar que los objetos antiguos tienen vida, se levanta de su silla en búsqueda de un objeto que guarda como a su tesoro más preciado. Abre un baúl y retira una muñeca negra, una muñeca que explica que es de pasta. “La pasta tiene vida porque proviene de un árbol, no es como el plástico.
No es como lo descartable. Fue pintada por un artesano, no por una máquina. Eso siempre hace dificultoso poner precio a las antigüedades. Que lo entienda quien lo tenga que entender”.

Acerca de por qué no hace publicidad esto responde

Cuando me preguntan eso es porque siento que al almacén tiene que llegar la persona indicada. En este rubro es difícil tener mentalidad comercial. Yo me desprendo de las cosas asegurándome de que sean las personas indicadas. Hay personas que se emocionan diciéndome este juego lo tenía mi mamá, sobre todo los `Festival azules’. Eso me hace entender cuánto vale ese objeto para esa persona.

Y cuando me preguntan cómo te desprendes de ciertas cosas de semejante valor respondo que al principio fue por necesidad ya que toda la primera parte del tratamiento era muy costosa. Ahora trato de no aferrarme.

“Aunque parezca una paradoja este almacén es una forma de despojo y desapego”

Habla de no aferrarse al pasado. Que las cosas deben fluir. “Este juego que hoy lo disfrutamos acá, mañana quizás estará en otro lugar. Las cosas tienen que fluir” dice mientras entendemos que esa enseñanza es la que rige su propia experiencia de vida.
Comenta que a pesar de que la enfermedad le afectó severamente su visión ahora siente que los objetos le permiten ver a través de la textura y del tacto. Los objetos tienen su propio lenguaje.

Respecto a qué consejo les daría a otros emprendedores o personas que deseen emprender

Uno tiene que conocerse a sí mismo y ver para qué es más competente. Yo nunca lo fui en matemáticas, de hecho, hoy por hoy me cuesta llevar un stock de lo que entra y lo que sale. Lo mismo con la informática, por eso mi talonario de recibos es manual.

Muchas veces el recurso somos nosotros mismos, nuestra actitud y nuestra tenacidad. Los patagónicos de por sí sacamos de la nada recursos. Agua, petróleo, alimentos y hasta vajilla antigua, dice como un remate propio de una especialista en Literatura cuando la entrevista ya estaba llegando a su fin.

Contacto

En Facebook la página es: Almacén de Vintage y Antigüedades
Mail: silviamarcelalopezahoo.com.ar
Celular: (297) 419-5178
Tel. Fijo: (297) 453-5989

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