Conocer al Washington Cucurto de hoy

Washington Cucurto es el seudónimo de Santiago Vega. Escritor, poeta y editor argentino nacido, en Quilmes en el año 1971. Su obra se vincula a las minorías y a los sectores más marginales. Irreverente, violenta tal vez, salvaje como él mismo dice. Fue traducido al alemán, al portugués y al inglés. Es el fundador de la editorial Eloísa Cartonera.

Cucurto en la mesa de lectura de la Feria del Libro de Comodoro Rivadavia.

(Por Ezequiel Murphy) Santiago Vega, más conocido como Washington Cucurto, participó de la Feria Internacional del libro 2018. Dictó un taller de encuadernación de libros y compartió en una mesa de lectura sus poemas. Participamos de esa mesa, donde el escritor llegó al Ceptur, lugar designado para la actividad, con una bolsa de libros y dibujos.

Comenzó sus lecturas con una voz serena y parsimoniosa. Tal vez cuando un poeta lee adopta una actitud, una forma de interpretar de mostrar al poeta, diferenciarlo de todo lo otro, que una persona puede ser.

Una vez terminada la mesa de lectura compartimos unos momentos con el escritor, con sus libros y sus dibujos y, por supuesto, con su gran predisposición para responder unas preguntas que nos permitieran conocerlo más.

-¿Qué impresión te deja venir a esta feria y a la ciudad ya que es la primera vez que venís? Vos que has viajado y andado por tantos otros lugares. 

– Bueno, siempre una ciudad nueva es interesante. Conocí poco de Comodoro pero ya la sola presencia del mar es algo muy interesante, la naturaleza ahí fluyendo por todas partes, esos cerros que hay acá ¿no? es algo muy singular y atractivo.

A veces uno no se da cuenta, pero la verdad es que siempre es muy importante la naturaleza cerca y uno conviviendo. Viviendo la misma geografía es algo muy valioso. En ese sentido me parece una ciudad que tiene un plus.

-¿Y la feria en sí?

La feria me parece que está muy bien y también sería bueno que las actividades continúen durante el año, que no se acote solo a este tiempo ¿no? Que haya algo antes y algo después. Para que realmente toda la comunidad lo pueda recibir. Todo necesita su tiempo, es un proceso.

El escritor compartiendo sus producciones con visitantes a la Feria.

-¿Vos decís que todo junto al ritmo de la feria, quizá no rinde?

Claro como que algunas cosas hay que sostenerlas, para que realmente lleguen a la comunidad. Eso es lo que creo con respecto a todas las ferias.

-¿Cómo sigue la editorial de Eloísa Cartonera?

Bien, como siempre fabricando los libros, ahora cuesta un poco más porque está todo caro, los lectores no tienen tanta plata. Entonces cuesta, pero ahí sobreviviendo.

-¿Cuánta gente trabaja en la editorial?

Nosotros somos seis. Éramos ocho. Hay dos compañeros que nos ayudan pero todavía no están tan integrados.

-¿Tenés ganas de hablar de tu obra?

Sí, claro.

-Crear un mundo, un lenguaje, códigos, una forma de leer es propio de grandes escritores. O más bien de la construcción de un escritor ¿Crees que algo de esto has logrado?

No sé, uno escribe más o menos lo que le gusta, más o menos lo que sabe, lo que conoció, de pronto la relación que uno tiene con su entorno. Es muy difícil de pronto decir: “yo voy a hacer esto, o voy a inventar tal cosa”. No creo que ningún escritor se ponga en esas ideas. Simplemente uno va escribiendo y van surgiendo algunas cosas y también lo que uno hace lo completan los demás. Entonces son tantas las opiniones diferentes y las lecturas que se hacen.

Por ejemplo hoy Silvia (Por Silvia López que acompañó la mesa de lectura) decía, que me leían en la universidad y bueno en la universidad harán su lectura de todo eso. Así que no creo que haya algo decidido, que te marque.

-¿Pero vos sos consciente que cuando se habla de Washington Cucurto hay como una idea de escritor y de lectura, más allá que lo hayas querido construir o no?

Mirá está todo el tema de la cumbia, de las mujeres, pero yo he publicado treinta libros por lo menos y muchos no tienen mucho que ver con eso, como los poemas que hoy leía.

Porque uno como que va creciendo, no es lo mismo lo que uno piensa a los veinte, ni a los treinta ni a los cuarenta. A uno le pasan cosas entonces uno va ir cambiando, no podés estar pensando siempre lo mismo.

Algunos de los libros del autor.

-¿Sostenés todavía lo del realismo atolondrado?

Bueno eso también está ligado con la juventud, porque yo no pensaba escribir, yo soy un muchacho proletario, en mi familia nadie lee, nadie fue al colegio, somos todos vendedores ambulantes. Somos de otro mundo digamos, entonces cuando yo entré en el mundo de los libros me sorprendí y bueno también era una protección para mí, de pronto en un mundo desconocido poner todas esas etiquetas. Como jugar un poco.

Yo era joven inexperto, no sabía bien como era todo el mundo cultural. Era una actitud muy salvaje, muy de la época. Después uno crece, va cambiando de estilo y formas, de la manera de pensar también. Entonces creo que lo que escribo es coherente con el tiempo. No siempre escribí lo mismo, porque no soy el mismo. Además yo no soy un escritor profesional.

-¿En el sentido en que no vivís de la literatura?

No, en el sentido en que un escritor profesional tiene otra actitud con respecto a la literatura. Otra posición. Para mí es importante pero siempre fue una cosa dentro de otras cosas que hago. Tampoco nunca me he dedicado plenamente.

Un escritor se dedica siempre, organiza su tiempo, sus horarios, sus lecturas, su información, todo. Es como un trabajo. Yo soy más autodidacta y me equivoco mucho. Soy desparejo porque la vida es despareja. No quiero ser un profesional, hacer todo bien. Porque se pierde la gracia. No quiero hacer toda la vida lo mismo, es re aburrido. Por eso a mí me gusta pintar, hacer los libros, dibujar, hacer otras cosas.

-¿La búsqueda de identificación forma parte de tu literatura?

Soy un muchacho de las barriadas, no soy una persona intelectual, más tipo teórica. Y a veces creo que la gente se identifica con eso, por el modo de decir las cosas y a veces las cosas que uno dice, como que son parte de cierto sector social.

-¿Más que por el personaje pasa por tu origen y por tu forma de construir la literatura?

Yo creo que pasa más por eso, por eso, algunos se sienten identificados. Porque es como algo que sale del barrio. Se identifica con una calle, con el bar, con la gente que habla. A veces la literatura más alabada está más intelectualizada y por lo general no está construida por la gente del barrio, sino por gente de otro sector social, con otra mirada; otra formación, otras posibilidades, otra sensibilidad, otros sentimientos.

-En ese sentido era acertada la comparación que hizo Piglia, cuando te comparó con Arlt.

En ese sentido sí, estéticamente yo no creo porque son cosas distintas. Pero toda la cuestión de la calle y del barrio es como la parte de la sociedad, como la voz de la sociedad que está y que sale de la sociedad misma, del barrio mismo entonces hay como cierta identificación.

-¿Qué estás leyendo ahora?

Estoy leyendo El perseguidor de Cortázar, entre otras cosas. También un escritor dominicano muy bueno que se llama Junot Diaz, que me gusta mucho.

-¿En la poesía está más Santiago Vega y en la prosa está más presente Cucurto?

No, no, Cucurto me apodaron, pero a mí toda mi vida me apodaron. Nunca me llamaron por mi nombre. Es decir no tiene ninguna importancia el nombre, en personas como yo. Cucurto en mi vida fue medio discriminatorio, porque a ningún escritor blanco le ponen un sobrenombre. Al principio me ofendía pero después lo tome como algo positivo. Me pareció divertido y construí el personaje, me empecé a divertir con eso. Como un juego. Como devolver la burla y devolverla multiplicada. Asumir la distorsión y devolverla multiplicada. Porque ¿qué vas a hacer? ¿Te vas a poner solemne? ¿Te vas a pelear? Un día me hicieron un librito con mis poemas y decía Washington Cucurto y yo le digo: “No, pero mi nombre es Santiago Vega”, “No dejate de joder vos sos Cucurto. Sos Cucurto”. A mí me daba bronca. Era medio despectivo, no me gustaba.

-¿Qué elementos están más presentes en los que haces?

Mi padre, la música, Buenos Aires, las mujeres, son elementos típicos de esa literatura. También uno juega un poco con eso, porque empieza a manejar esos elementos y es como que uno va construyendo un mundito, en el cual uno puede hacer funcionar a sus personajes, también de eso se trata.

Yo por un lado tuve mucha libertad porque no pertenezco al mundo cultural. No estaba atado. Era medio salvaje y no me daba cuenta, nunca tomé mucha conciencia siempre escribía. Otra gente capaz no escribe de esas cosas, se las guarda, se censura tienen miedo de que el padre lo lea y le diga algo, el hermano le diga algo. Igual a mí me han insultado en todos los colores también.

-¿Por qué?

Porque cuando salieron mis libros eran muy fuertes, molestaba mucho. A mucha gente le gustaban y a mucha gente le parecía violento. Pero yo nunca escribí como para ofender a nadie, ni para molestar a nadie, escribía simplemente lo que veía. Lo que me decían, lo que me pasaba. Mi libro del supermercado es todo lo que me pasaba en el supermercado, no inventé nada.

El escritor tiene que ser fiel a sí mismo. No tiene que estar pensando si escribe bien o si está mal, eso es una estupidez. Sino uno no se relaja, no disfruta. Siempre es mejor divertirse con lo que uno hace. Yo me divertí,  por eso escribí, sino no hubiese escrito. Yo era un repositor no tenía nada que ver con los libros. Con la literatura yo me divertía, era algo con lo que yo la pasaba bien, era como un juguete nuevo que había descubierto. Pero si a mí me producía esfuerzo, sacrificio, dolor y sufrimiento no lo hacía, me iba a bailar.

También yo salía de bailar y cuando volvía me iba a escribir los relatos era feliz, todo transpirado todavía, con olor a perfume, con todo del baile. Como que todo eso del baile lo ponía en el papel. Estaba bueno.

Para mí siempre fue así tuve suerte, de que la literatura fuera algo positivo en mi vida. Me hizo bien digamos. Tengo compañeros que todavía están en el supermercado y a veces leen mis libros. Les llama la atención. A mi familia también, a mis hermanos.

Agradecido de poder contar en la Feria del Libro aquí en Comodoro Rivadavia con la presencia de escritores reconocidos a nivel nacional e internacional; también algo sorprendido de la escasa concurrencia a la mesa de lectura de Cucurto. Tal vez por la gran cantidad de actividades que se desarrollaban en ese momento, tal vez porque más allá de estar todo en el programa, la difusión de quienes participaban en la feria fue algo dispar. Es llamativo que para una feria del libro, los eventos más convocantes hayan tenido que ver con cuestiones no tan vinculadas al libro y la literatura.

Para la presentación de quienes estuvieron en la mesa de lectura -la poeta local Silvia López y el escritor Washington Cucurto- la persona a cargo no contaba con una breve biografía de cada uno de ellos y desconocía el nombre y la importancia del invitado. Y no hubo nadie de la organización para realizar un cierre o un saludo final para los autores. Seguramente cosas perfectibles y mejorables. Detalles, que ayudan a un mejor trato de los invitados e invitadas y a hacer más provechosas estas oportunidades. Quizás únicas. Cierro entonces con una sensación de gran satisfacción, de haber compartido esta entrevista; de dar cuenta de la importancia de contar con ciertas figuras de la escena de la literatura argentina contemporánea.

¿Qué es Eloísa Cartonera?

Es una cooperativa del barrio de la Boca, en Buenos Aires, Argentina, que edita libros con tapas de cartón. Con el cartón que los cartoneros juntan en la calle. Son de literatura latinoamericana. Algunos de los autores publicados, que ceden sus derechos son Washington Cucurto, Fabián Casas, Ricardo Piglia, Néstor Perlongher, Leónidas Lamborghini, César Aira, Enrique Lihn, Fogwill, Alan Pauls, Mario Bellatin, Pedro Lemebel, Tomás Eloy Martínez.

Eloísa Cartonera nació en el 2003, en un contexto de crisis protestas, luchas, asambleas barriales y populares.

En un principio Cucurto y Javier Barilaro hacían unos libritos de colores y poesía: Ediciones Eloísa. Después, junto con los desocupados, el club del trueque y los cartoneros. Luego, abrieron un taller. Así nació Eloísa Cartonera, en la primavera de 2003.

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