Leonardo Batic: “Sólo es cuestión de soñar y actuar un poco más”

(Por Gustavo Grosso) Leo Batic es escritor y dibujante. Dibuja y escribe mucho, muchísimo. Es autor de más de veinte libros entre los que se encuentran la saga de Seres Mitológicos Argentinos y varios libros entre los que se destacan Seres fantásticos del mundo, Dragones del mundo -junto a Diego Barletta-, Duendes del mundo, con Pablo Zamboni y Princesas del mundo, en un trabajo realizado junto a Jimena Arroyo.

El autor en un evento que se llamó Magic Meeting.

Como ilustrador hizo más de tres mil páginas de historietas para Disney, Hanna Barbera y Warner Bros y fue seleccionado para representar a la Argentina en la Bienal de ilustración de Bratislava en 2005 y 2007, y en la primera quedó entre los cinco finalistas para el premio Poroti, entregado por los chicos de Polonia al mejor ilustrador. Formó parte del grupo literario Nación Cracovia, dirigido por la escritora Graciela Repún y en la actualidad dicta clases de dibujo y escritura, además de organizar el grupo literario La Cofradía de la Luna Llena. El flamante Bestiario Mitológico, es un homenaje a quienes jamás olvidan las raíces y a los que se nutren y nutren de símbolos y mitos el mundo. “A los hermanos en el arte, que me permitieron caminar a su lado con la humildad del que sabe que sus manos están formadas por otras manos y sus pies, por otros pies”. Lo que sigue es la charla con un trovador, un contador de historias antiguas, chamanes, machis, niños, dragones… Un hacedor de las palabras y dibujos en forma de semilla.

-¿Qué significa ser un buscador de misterios?

-Cuando terminé la secundaria no sabía muy bien qué quería estudiar. Me gustaba dibujar, me gustaba escribir, me gustaba la fotografía y la radio. Al final terminé estudiando periodismo, como una manera de aunar todo lo que me apasionaba. Descubrí entonces que soy un curioso, ojalá como el Leonardo que inspiró a mis padres para ponerme el nombre, Da Vinci. Esa es la curiosidad que me empuja, la de buscar dentro y fuera de los hombres, las respuestas de por qué amamos, por qué creemos, por qué avanzamos, por qué tenemos fantasías. Un buscador de misterios es alguien que no puede conformarse con la realidad como la encontró, necesita ir más allá, hacerse las preguntas que nadie se hizo, buscar donde nadie sabía que había perdido algo. Para realizar el Bestiario Mitológico, y los libros que lo antecedieron, podría haber tomado lo que había, los seres mágicos de la Argentina como se los conocen hoy: el Pombero con sus pies para atrás, el Sombrerudo con una mano de hierro y otra de paño, el duende como la aparición del hijo de un indio que no bautizó a su hijo antes de morir. Para mí, que ya conocía la mitología europea y cristiana, había una pregunta que me taladraba el cerebro, un misterio que otros no se habían planteado: ¿qué había antes de la llegada de los españoles? ¿Cómo eran nuestros mitos previos?

Tuve que aceptar que todos los mitos siempre están teñidos de culturas que se invaden, se superponen, se sincretizan, se solapan. Sin embargo era necesario para mí encontrar una línea que nos permitiera bucear en los seres de nuestra tierra antes de la colonización. ¿Por qué? Porque quería saber si había duendes, hadas, dragones y sirenas en nuestras tierras antes de la llegada de una cultura tan conocida por nosotros hoy.

-¿Cuales son las grandes diferencias que existen entre la Patagonia, el Noroeste y el Litoral cuando hablamos de seres mitológicos?

-Es una pregunta muy interesante. Dividir a la Argentina en sólo tres regiones fue una necesidad mía para bucear en nuestra mitología de una manera más simple. Podría parecer arbitrario, pero resultó ser una interesante forma de entrar en las tres grandes inspiraciones que tienen nuestros mitos. En la Patagonia, los seres fueron inspirados por las culturas mapuches y selkn´am. No tenemos nada escrito, todo fue llevado a textos por investigadores muy posteriores a la conquista. Quizás en Chile se mantuvo un poco más arraigada a las tradiciones y ahí se pueden todavía encontrar los seres menos intervenidos por el ojo del observador extranjero. Sin embargo es en el Sur donde las leyendas galesas, irlandesas, celtas, más distorsionaron a los duendes y las hadas locales. Quien busca, encontrará mayoritariamente los seres que pueblan el imaginario europeo. El Norte fue para mí un descubrimiento. No solo por la riquísima cultura, sino porque se convirtió en un viaje espiritual personal. Ahí la cultura Inca ya había hecho el trabajo de conquista sobre los collas y otras culturas previas. Sin embargo, la mezcla de creencias hizo del Norte un foco de luchas silenciosas entre los misioneros católicos y las fuertes costumbres ya arraigadas. El resultado es un poderoso sincretismo entre culturas, pero también, un muro de contención que separó con suertes diversas, las antiguas leyendas y mitos. El Litoral y su selva permitió a la cultura guaraní, sobretodo, permanecer más fuerte, menos contaminada. Floreció y tomó elementos de lo español, pero aún así se mantuvo viva con seres particulares y únicos, casi sin deformaciones. De todas maneras, reconocernos parte de una cultura sin fronteras, que se mezcla con los mitos de toda América, nos hace pensar en raíces más profundas, poderosas, extendidas y vivas. Convertidas hoy en una forma diferente, no tan española como algunos creen, no tan americana como desearíamos. No por separar y dividir, sino todo lo contrario. Al descubrir en los orígenes temas similares, nos hace pensar que el mundo es mucho más chico, y que somos más iguales de lo que creemos.

Al buscar los mitos originarios es cuando descubrimos que las particularidades nos dan identidad, pero las similitudes nos hacen parte de una misma cultura, mundial, única, integradora. Diferentes voces de un mismo coro. Es importante diferenciarlas pero para que suenen armónicas y poderosas en la canción de la humanidad.

-Dijo Liliana Bodoc acerca de tu trabajo que “mientras alguien reescriba los mitos, la memoria será posible” ¿Qué podés decir vos de la inolvidable Liliana Bodoc?

-Liliana es, sin dudas, una amiga y referente única. Y más allá que publicamos muy cerca en el tiempo, siempre la consideré una maestra. Su maestría para llevar a la prosa su poesía interna, su claridad y honestidad, me hizo muchas veces consultarla para encontrar mi propia forma de ver el mundo. Junto con otros autores intentamos apropiarnos del fantasy anglosajón y darle nuestra propia visión americana. Casi como una conquista al revés. Aceptamos el formato propuesto, los temas y los brillos, pero los pusimos en el contexto de nuestra realidad, de nuestra cultura y nuestro mundo. Liliana buscaba siempre en los que no tenían voz, en los que habían quedado fuera de aquellos relatos y los ponía en primer plano, los hacía visibles. La excusa fue Tolkien en su “Saga de los Confines”, pero rápidamente se descubrió en su prosa una voz única, una interpelación imprescindible en nuestra literatura. Quizás para los que la seguiremos admirando, encontraremos en otros libros de ella su dulzura, su dolor, su empatía con las problemáticas americanas más profundas.

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Mi homenaje será siempre seguir mi camino, con mis preguntas, siendo fiel a mi visión, como ella lo fue a la suya. Aprovechando las herramientas que nos permitan llamar la atención del lector acostumbrado a las culturas de masas, pero sin olvidar nuestras raíces y nuestro trabajo de hacer visible lo invisible.

Junto a Guille Moya, su esposa y su hija.

-A la hora de escribir ¿existen límites entre la realidad y la fantasía?

-La realidad de la escritura, ese mundo en el que entramos cada vez que tomamos nuestro papel en blanco en la cabeza y lo llenamos de ideas, no conoce de fronteras. No sabe de amores ciertos o inventados, no recuerda fechas o fórmulas. En nuestra imaginación el universo no está contenido en cajas, ni etiquetados. No hay límites de raza, credo o posición económica o ideología. Las únicas fronteras claras son nuestras propias limitaciones, nuestros condicionamientos, aquello que nos atrevemos o no a pensar. Es en ése caldo primigenio que buceamos buscando nuevas preguntas, nuevos desafíos, y surgimos con ideas que parecen fantásticas, pero son solo reflejos metafóricos de nuestra vida cotidiana. Leo “El señor de los anillos” y ahí me encuentro con árboles que hablan. Me fascino con su discurso, con su pensamiento, con su interpelación al humano y su ataque a la Naturaleza, y reflexiono. Cuando vuelvo a mi mundo, a la supuesta realidad cotidiana, y descubro que el árbol en la puerta de casa también me habla, también me increpa, me advierte de la contaminación, del intento del hombre de hacer que la Naturaleza se doblegue a sus caprichos y comprendo que los Ents y el algarrobo junto a la vereda no son tan diferentes si puedo ver y escuchar de una manera distinta. Ahí está el poder de lo fantástico. Nos lleva por un recorrido que parece fuera de este mundo, pero en definitiva es nuestro mundo, nuestra realidad aumentada para que podamos hacer el cambio en la realidad de todos los días.

-Dicen por ahí que existe otro mundo, pero habita en éste ¿Cómo es tu mundo?

-Curiosamente todos mis libros están interconectados por un universo que se asemeja, se amalgama y se funde en un solo mundo. Ese mundo no es tan diferente de este pero tiene algunas ventajas. La magia está al alcance de la mano. Solo es cuestión de creer que esas energías están en el corazón, y solo es cuestión de tener la certeza que uno puede para hacerlo realidad. En mi mundo la gente no es mala ni buena, actúa en contra o a favor porque no entiende, eso es doloroso, para el mundo y para la persona, pero no se puede más que mostrarle otra forma esperando que cambie. Y si no cambia, en mi mundo las revoluciones silenciosas, las que surgen del interior de cada uno y se multiplican en abrazos y se potencian con otras voces, razas y credos, son imparables y a la larga son quienes llevan a mi universo a otro nivel, subiendo otro escalón. En mi mundo los dragones son seres ancestrales que saben más por experiencia vivida que por libros leídos. Están en el mundo pero se esconden como humanos, para susurrar en los oídos dormidos, y aprenden más de la gente humilde que de los que tienen el poder. Las sirenas, las hadas y los duendes, protegen como pueden la Naturaleza y buscan a los gritos que los niños cambien su forma de pensar para proteger esta enorme nave celestial que vaga por el universo, y que no podremos reparar si la dañamos severamente.

En mi mundo todo es tan diferente que el amor modifica el pensamiento y el pensamiento la realidad. Y es tan utópico, tan maravilloso, que tengo que abrir los ojos todos los días, para recordarme que todavía no llegamos ahí. Pero tampoco falta tanto. Solo es cuestión de soñar un poco más. Y actuar.

Dijeron de Leo

“La conquista de América, que asoló tanto el territorio geográfico como el cultural, que derrumbó arquitecturas y lenguajes, encontró mayor resistencia en los mitos. Porque suele ser allí donde se preservan las verdades más significativas de los pueblos. Leo Batic se adentró en este espacio simbólico para sacar de él, casi ilesos, seres mitológicos que, contra viento y pólvora, preservaron su identidad profunda. En este maravilloso bestiario, rescata del olvido a estas criaturas, les insufla nuevo aliento y las pone a andar para que, milagrosamente, nosotros podamos caminar a su lado. Mientras alguien reescriba los mitos, la memoria será posible”. Liliana Bodoc

 

“Hay mucha más vida por ahí de lo que nos han contado y más realidades en diferentes dimensiones de las que conocemos. Esto nos lo dijeron siempre las culturas antiguas y nos lo dice Leo Batic con sus textos y dibujos en este valioso libro. Porque Leo es tan escritor como ilustrador. Y también es investigador y buscador de misterios. Es un estudioso que comparte sus descubrimientos y que sabe que los seres mitológicos nos observan desde lugares ocultos. En la antigüedad, lo hubiesen llamado hombre de conocimiento. Yo lo defino con una palabra que aúna todas esas cualidades y muchas más: artista. Leo es un gran artista”. Ciruelo Cabral

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