El último luthier patagónico

"Cumplimos el sueño de todo acordeonista, el de comprar un acordeón en Alemania" y agrega que están catalogados como los mejores del mundo.

Daniel Mansilla es hijo de acordeonistas, y hoy por hoy, el único y último luthier que afina y arregla acordeones en la Patagonia. Para acortar las distancias viaja junto a su esposa Lidia Vásquez por todos los pueblos de la región, ingresando sin discriminar, a cada comuna, localidad y ciudad de Chubut y Santa Cruz en busca de músicos que necesiten “curar” sus instrumentos. Por eso le llaman a su móvil utilitario “La Clínica del Acordeón”.

“Queríamos hacer algo que se destaque y se nos ocurrió ser el primer móvil de afinación del país” fue la primera declaración que hizo el entrevistado. “Llegamos a lugares donde nadie llega. Creímos que era un trabajo muy necesario en la Patagonia, ya que antes para afinar un acordeón había que enviarlo a Buenos Aires y tardaba un año en regresar”. Cuenta que literalmente el trámite tardaba 12 meses y que abundan entre sus colegas y amigos historias de instrumentos que se han “perdido en el camino” que nunca regresaron al sur. “Pensá que cada acordeonista se quedaba sin su instrumento, en muchos casos su elemento de trabajo, todo ese tiempo” relata Daniel.

El acordeón más antiguo que han afinado tiene 100 años. “Estaba próximo a no servir más y por eso le pusimos la “Clínica del acordeón” a nuestro emprendimiento, porque salvamos ese acordeón que es de Aldea Beleiro”.

Daniel Mansilla sueña con que lo trasciendan y con inculcar una cultura musical que se base en conocer profundamente el instrumento para poder conservarlo en las condiciones que requiere algo tan valioso.

El luthier patagónico nació en Comodoro Rivadavia, se crió en Pico Truncado y trabajó en Las Heras. Dice que esas tres localidades estarán siempre en su corazón. Aunque de manera graciosa cuenta que, a pesar de ser comodorense de nacimiento se autodenomina un “nativo truncadense”.

Es hijo de inmigrantes chilenos, quienes prácticamente fundaron el pueblo de Pico Truncado. Recuerda que cuando llegaron eran una de las primeras familias en asentarse y tomar dicha localidad como su hogar, ya que la mayoría solo estaba allí por razones de trabajo. “Somos una familia que trae consigo valores de respeto y disciplina hacia las otras personas” dijo Daniel cuando recuerda sus orígenes.

Su señora Lidia Vásquez es artesana. Ella también vivió su niñez y adolescencia en la localidad santacruceña y de adulta se mudó unos 15 años a Arica, Chile donde perfeccionó sus técnicas de hilado y tejido. También aprendió a trabajar con piedras y otras artesanías por lo que rápidamente supo que podría también llegar a ser una luthier, ya que lo describe como un oficio netamente artesanal.

Entre los lugares donde han estado recientemente mencionan a Los Antiguos, Río Mayo, Perito Moreno, Caleta Olivia, Río Gallegos, San Julián y Facundo. A Facundo lo recuerdan como el sitio más significativo, que los llena de orgullo, ya que a pesar de tener una población de pocos cientos de habitantes, allí vivían cuatro acordeonistas.

Gajes del oficio

Mientras transcurre la entrevista Daniel saca de su bolso una tableta pc donde imaginamos mostraría algunas fotos. Sin embargo la tableta es desde algunos meses su “Herramienta cibernética”. Comenta que les permite detectar con mayor rapidez niveles de afinación y otras cuestiones que en definitiva les aliviana un poco el trabajo.

“Hoy con ayuda de la tecnología los tiempos se pueden reducir a una semana de trabajo cuando antes llevaba entre seis meses y un año” explica, aunque aclara que nunca dejará de ser un trabajo artesanal y de allí la cantidad de días que requiere. “Son 320 notas más los bajos que da un total de casi 400 notas que necesitan de un trabajo manual” comentan ambos y para rematar con contundencia afirman: “Cada afinación de un acordeón es única. Es como la huella digital de una persona. No hay dos iguales”.

Un oficio que requiere de un maestro dispuesto de iniciar a un discípulo

Cuando se le consulta cómo aprendió la tarea, jamás imaginamos que la respuesta encerraría algo tan místico como un juramento o iniciación.

Cuenta que un tal “Don Iro Ito Sudán”, descendiente de suizos, llegó desde Chile a instalarse a Pico Truncado donde se hizo muy amigo de su familia.

Don Iro Ito Sudán era un hombre mayor, luthier de oficio, y cuando comenzó a perder la vista y sus manos a perder precisión tomó de ayudante a Daniel. Aunque no fue sino después de 15 años que le tomó juramento y comenzó a enseñarle cada detalle.

“Después de 15 años de amistad Iro decidió transmitirme todos sus secretos y enseñarme el oficio de luthier. Fue mediante un juramento donde di mi palabra que iba a afinar y arreglar acordeones. Es un legado, no me hubiera permitido no cumplir mi palabra” recuerda Daniel y agrega que Ito había estado esperando a alguien a quien preparar antes de morir ya que sus hijos no se habían mostrado interesados. “Sus hijos no quisieron aprender el oficio y así pude tener el privilegio de la herencia de tan noble profesión”.

Respecto de por qué cree que esperó tantos años responde que era de esas personas que no entregan lo que tienen tan fácilmente. Que necesitaba estar seguro de a quién enseñarle. “Me enseñó cómo estaba compuesta cada pieza, cómo limarlas y cómo encerarlas con cera de abeja o resina de pino” por ejemplo.

Luego fue él quien le tomó juramento a su señora Lidia, quien actualmente es su mano derecha. “La gente lo toma como un oficio pero esto se trata de un legado. Esto se transmite de generación en generación” explica la pareja de luthiers.

Su pasado de canillita que vendía Diario Crónica

 “Yo vendía diario Crónica” dice de pronto y su señora agrega entre risas -era canillita- algo que el recuerda con mucho orgullo. Vendía diarios en Pico Truncado cuando era adolescente. “Eso es algo que para mí nunca cambió. Todos los días necesito salir a comprar el diario” confiesa y dice que no se acostumbra a leer desde la computadora o el celular.

Se le pregunta qué siente de ser esta vez él mismo el protagonista de la nota, a lo que responde que será algo que no olvidará jamás. “Este es un sueño hecho realidad” dice y volvemos al tema que nos convocaba: el acordeón.

De acordeones y acordeonistas

Aunque suene algo extraño asegura que en la Patagonia deben haber unos diez mil acordeonistas, y redobla su apuesta diciendo que esa cantidad puede haber entre Chubut y Santa Cruz, dejando afuera el resto de las provincias, ya que asegura que en las familias de músicos continúan la tradición los hijos, nietos y demás generaciones.

“Es muy importante ver a quién uno está entregando su acordeón” dice y agregan que cuando llegan a una localidad si lo que requiere se puede resolver en poco tiempo, digamos entre 24 y 48 horas, se quedan alojados y lo entregan. Cuando requiere de más trabajo lo cargan en su “Clínica Móvil” y una vez restaurado ellos mismos en persona lo entregan nuevamente a su dueño.

Prepararse para emprender

Lejos de improvisar, Daniel fue alertado por la empresa que en algún momento quedaría desvinculado. “Sabía que cuando me quede sin trabajo me tendría que ganar la vida como luthier”. Trabajó cuatro años con la incertidumbre de que cada día podía ser el último. Sin embargo lejos de desanimarse se preparó para ese momento. “Empecé a comprar con cada sueldo herramientas. Todas las que sabía iba a necesitar”. Luego de cuatro años, o mejor dicho de 48 meses de preparación y abastecimiento, llegó en enero de 2018, el momento de su desvinculación y el nacimiento del emprendedor.

“Lo único que no había podido comprar era la camioneta. En enero me echaron y en marzo compramos la camioneta con el dinero de la indemnización y arrancamos con este emprendimiento”. Emprendimiento que les está siendo tan exitoso que ya planean el tomar empleados que ayuden a llevar adelante más cantidad de pedidos.

Más que un instrumento una cultura musical

Por último menciona que le están solicitando dar clínicas de acordeón para que los alumnos se interioricen sobre el cuidado, mantenimiento y limpieza. Durante la charla mostraba las pequeñas piezas en su interior y comentaba que cada una cuesta algo más de 300 dólares y que sin embargo algunas personas para restaurarlas las llegan a pegar con pegamentos artificiales. “Nuestra idea es enseñar a los niños a tener una cultura musical diferente. No solo a tocar un instrumento” dice Daniel Mansilla.

Por último cuenta que el próximo paso sería poder editar un libro donde dejar asentada la teoría y práctica. Menciona que no existe en el país bibliografía que se refiera al tema y sería importante que los trascienda ya que como su antecesor no tienen a quién transmitir todo lo que aprendieron.

Cuando se le consulta por qué el acordeón es tanto más popular de lo que uno suponía responde que es un instrumento que da mucha alegría y que como el asado o el mate congrega a la familia y a los amigos. Y en cuanto a sus razones personales lo define como “el instrumento de su vida”, entre otras varias razones, también es porque su madre y su padre tocaban el acordeón en su casa. “Me crié escuchando el acordeón” dice antes de que se apague el grabador del periodista que sigilosamente guardaba cada declaración que él y su señora Lidia brindaron a este medio el pasado miércoles 22 de agosto.

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