Río Solidario

El domingo, en Km. 14, se vivió un fenómeno que contrasta decididamente con las novedades habituales en estos tiempos de vorágine intempestiva y de egocentrismos exprimidos a la máxima expresión.
El atletismo se unió para ofrecer solidaridad a quien atraviesa esos momentos en los que afloran las flaquezas y todo respaldo es oxígeno no sólo para los pulmones, sino esencialmente para el estado anímico, tan necesario para capear etapas que no son tan agraciadas.

Ana Antipán es atleta desde poco más de tres años. Oriunda de Esquel y ahora radicada en Caleta Olivia, siempre está en línea de largada en cuanta prueba atlética se organiza en la ciudad santacruceña, pero también es muy participativa en las competencias de nuestra ciudad.

De esa constancia nació la estima de muchos. También, por su compañerismo y esa virtud de correr por aprecio a sentirse libre en esos momentos que son propios. Propios y únicos. Únicos e insuperables. Aunque no haya podio, aunque los tiempos no mejoren. Porque así es el atletismo bien entendido.

Como lo entendieron y asimilaron más de trescientos cincuenta almas que aparecieron en Km. 14 para aportar la pequeña colaboración que, en la conjunción, se hace muy expresiva, bien relevante. ¿Qué podía haber más atletas?. Probablemente, pero valorar a los que estuvieron, es el motivo.

Ana Antipán y su hijo Marcos están en Buenos Aires para el tratamiento que el adolescente de 14 años debe realizar por leucemia. Así de duro, así de real. Tanto Marcos como Ana se entrelazan para hacer de este trance, el impulso de la fortaleza.

Te puede interesar
Clima: ¿Lloverá este martes en la ciudad?

Fue conmovedor observar desde la línea de largada el río humano hacia la montaña más cercana en los primeros metros del circuito. La tierra se transformó en un cerro que pareció un arco iris, por el colorido y por el mensaje de esperanza.

Hubo cientos de manos extendidas. Enumerarlas, identificarlas, sería como focalizar el gesto solidario en partes, cuando en realidad, lo que se desprende, es el todo.

Asemejó a una Corrida más. Eso fue la apariencia, porque en el fondo, en el panorama más amplio, descansaba la solidaridad. Era como observar la punta del iceberg que asoma en el agua. Eso a la vista común, pero en lo profundo, debajo de la línea horizontal del agua, estaba la amplitud de quienes aglutinaron voluntades para respaldar a Marcos y Ana.

Podrá ser poco el dinero reunido con la inscripción, venta de buffet y sorteos. O mucho, eso se determinará de acuerdo al prisma elegido para la observación. Lo que no escapa a las retinas humedecidas, es la inmensidad elocuente de haber ofrecido un poco de tiempo para que Ana y Marcos, la luchen con menos desigualdad. Y eso, en estos tiempos tan voluptuosos, acredita un valor que no se alcanza a dimensionar con ningún sistema métrico. Sólo lo siente el corazón.

Alejandro Carrizo.

Comentar
- Publicidad -