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Comodoro
Jueves 3 Enero 00:00
De Canadá a la Patagonia, la orden religiosa difundió un gran legado de servicio y compromiso con la salud
La última hermana de La Providencia y enfermera del Regional regresó a Comodoro

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Este sábado, una misa de reencuentro a las 18 hs., promete la emotividad de un importante fragmento de la historia comodorense. El reencuentro de los primeros trabajadores del Hospital Regional con Marcela Deschenes, enfermera y hermana de La Providencia conocida como "la monjita canadiense".

En los primeros años de la década del 60 y con la reciente organización del sistema de salud, el por entonces Monseñor Pérez había solicitado al Obispo de Canadá la cooperación del cuerpo de enfermeras para el Hospital Vecinal. En enero de 1962 una misión de observación llegó para conocer el Hospital Vecinal y el Hospital Regional (que aún no estaba en funcionamiento).
El 15 de marzo de 1963 arriban a la ciudad las enfermeras canadienses, entre ellas Marcela Deschenes. Cuando llegaron tuvieron un gran recibimiento en el aeropuerto con la presencia del gobernador y el ministro de salud. Eran 6 las Hermanas de la orden de La Providencia en Comodoro. En junio 2 de ellas partieron al hospital de Caleta Olivia y en 1964 llegan otras cuatro hermanas para colaborar con la misión en el Hospital Alvear de Km. 3 y en los consultorios de la Sociedad Española.
Con 78 años, con una memoria precisa y con el reconocimiento de sus ex compañeros de trabajo, la hermana Marcela nos cuenta como fue el inicio de organización del sistema de salud en la ciudad.
En los años 60 el Hospital Vecinal se ubicaba en la calle Urquiza (donde hoy funciona la Casa del Niño) "ese lugar estaba un desastre, era una pobreza inmensa, allí se trabajo intensamente durante dos años" dice.
Por entonces el gobernador Roque González al requerir documentación y antecedentes de las enfermeras observó que estaban tan capacitadas como un medico "y dieron los puestos y en el año 66 desde la gobernación piden abrir el Hospital Regional... en el 67 el doctor Castelli se quedó 6 meses para solicitar los equipamientos para el hospital, y luego de 6 meses llegaron los equipamientos, eran unas cosas hermosas" cuenta Marcela.

Curar y educar

En el año 1968 se trasladó equipamientos al Hospital Regional y otra noble tarea se encaró paralelamente: la posibilidad de que las hermanas canadienses formaran enfermeras en el ámbito local con reconocimiento nacional.
En esos primeros años el trabajo fue intenso "formamos el banco de sangre y compramos 2 heladeras. El Hospital Regional andaba bien. Yo iba a los hoteles a pedir ropa y elementos para la limpieza... Pero en el año 74 llegó un enfermero de Buenos Aires y nos empujó de a poco". Ese desplazamiento de todas las hermanas provocó que salieran de la institución hasta ser Marcela Deschenes la última en retirarse en 1981.
Con una formación en salud que se equiparaba a la formación de los médicos, las enfermeras canadienses, hermanas de La Providencia trabajaron incansablemente por la salud, "hemos trabajado de todo corazón con mucho empeño y cariño y al día de hoy tengo pena de ver al hospital así... es para llorar, para gritar, de ver como está el lavadero, como están los pisos, como está la gente. Una pobreza, que si yo me quedara aquí hablaría con el ministro de Salud, y el director porque es una vergüenza de ver un hospital así en Argentina, después que nosotros trabajamos 15 años se vino abajo" el recuerdo que se enuncia en tono de enojo al comparar el pasado y la actualidad.

La disciplina y el respeto

La estricta formación de las hermanas canadienses fue destacada por quienes las conocieron. A su modo y por su educación todo debía ser correcto, en orden, con limpieza, con respeto, pero fundamentalmente en la prestación de un servicio que debía dar comprensión y amor a los enfermos.
Este sábado es el reencuentro con los recuerdos y con un legado que muchos añoran y desean vuelva a recuperar la más grande institución de salud de la ciudad.


Un sistema eficiente y los continuadores de la tarea

Manuel Saavedra, fue enfermero y comenzó en el Regional 1º de agosto de 1968 cuando se inauguró. Más que un relato de su experiencia personal, Manuel quiere hacer un justo reconocimiento a la tarea de las hermanas de La Providencia. Recuerda a las hermanas Laura, Marcela, Beatriz del servicio social, Mónica del sector alimentación quienes tuvieron a cargo la organización del hospital con una modalidad diferente de lo que se conocía en los hospitales. "Vivimos la mejor época del Hospital –dice Manuel- con las hermanas y el SAMIC (Servicio de Atención Médica Integral para la Comunidad) era un servicio que se autofinanciaba y administraba muy bien, fue la época brillante del Hospital hasta su traspaso al sistema público en el año "74 donde comienza la decadencia. Los problemas políticos y presupuestarios dejaron en este estado al Hospital".
"Me parece justo que se recuerde a Marcela Deschenes como jefa de lavadero y ropería, a Laura Deschenes como jefa de enfermería que organizó el curso auxiliar de enfermería, la hermana Eliana Lantegne, jefa de Quirófano), Macarena Raymond supervisora, María Rosa Saintt Amand jefa del curso de enfermería, entre otras tantas hermanas

La herencia en Chile

También en el homenaje, la hermana Emma de la misma orden pero de Chile, destaca la labor de las Hermanas de La Providencia en la Patagonia, "ellas eran correctas, se hacía todo a punto, por eso todo funcionaba y por eso los depósitos estaban llenos, por creer en la Providencia. Desgraciadamente los gobiernos en ambos países fueron desalojando a las religiosas de los hospitales".
Como herencia y para dar continuidad a la labor humanitaria, se organiza en esta ciudad los "Asociados de la Providencia" que son voluntarias mamás, esposas, hijas, jóvenes y mayores que perciben el espíritu de la Providencia confiadas en el padre providente, el Dios que se adelante, porque confiar a la providencia es confiar en lo que cada uno debe hacer, por eso no faltaba nada en el hospital".


Volver con el ejemplo

La llegada con la hermana Deschenes movilizó a varios ex trabajadores del hospital. Enfermeras, enfermeros y administrativos guardan el recuerdo de un trabajo ejemplar que dista mucho de la realidad actual de la institución sanitaria.
"Nosotros trabajamos para el bien del enfermo, las enfermeras estaban formadas para dar cariño a los enfermos, cuidado y quedándose todo el tiempo que se necesitaba. La hermana Laura Deschenes trabajaba día y noche para que a las enfermeras no les faltara nada: arreglaba los aparatos para tomar presión, hasta los 11 de las noche" cuentan.
Julieta Bonifacio integró el equipo de trabajo de las hermanas pero en el sector de lavandería, como costurera. Allí ingresó el 11 de setiembre de 1967, y su tarea era forrar colchones, cuidar el sector de ropería. Además las primeras tareas de inventario la realizaron marcando el instrumental del quirófano con la inscripción de Hospital Regional, "trabajar con las hermanas era un ejemplo y un orgullo" dice.
Lilia Torres, también enfermera se jubiló en 1991 y recuerda como preparaban todas las instalaciones del tercer piso, salas de quirófano, preaparto y central de esterilización, "cuando llegamos el Hospital funcionaba, los depósitos estaban llenos de material, ahí no faltó nada. Pisos encerados, orden, nos tenían en régimen y estábamos bien. Así se trabajaba con las monjitas. Yo creo que eso se fue perdiendo".
Ester Carpio desarrolló actividades administrativas en la época de las enfermeras canadienses luego de un traslado de su anterior función en la Dirección de Minas, "ingresé al Hopital en abril de 1968. Anduve en distintos sectores hasta llegar a secretaria administrativa de la jefa de enfermería que era en aquella época era Laura Deschenes, en esa época se confeccionaba el listado de las personas que trabajarían durante la semana, cumpliendo un servicio y que personas se tomaban el franco y quienes reemplazaban, todo organizado por la hermana".
Berta Becerra estuve 26 años en serivicio y atravesó la etapa de cambios del Hospital Vecinal al Regional, "trabajábamos de noche en el internado que había en planta baja" y como anécdota relata "nos daba mucho miedo con el viento de noche que era fuerte y nos quedábamos 2 por noche, trabajábamos turnos recargadas, nunca decíamos que no, y trabajábamos en orden, como las hermanas decían".

Ausentes de la historia

Isabel Trabol comenzó en el hospital Vecinal bajo la dirección del doctor Gregorio Sandoval recuerda al conocer a las "monjitas" una anécdota: "Antonia era su nombre de ordenación y no coincidía con el nombre del documento Marcela y quedó como hermana Marcela y es una lástima que nadie ni siquiera nosotros propuso para que integren el libro del centenario de Comodoro, porque ellas hicieron mucho por el Hospital, aparte de trabajar en los hospitales trabajaban en los periféricos".

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