“Así soy…Mujer en Patagonia”

Laura es valiente. Tiene esa valentía que no amedrenta, que no necesita imponerse. Su coraje es el que se forja después de haber buceado en lo más hondo de uno mismo. Laura mira a los ojos, no tiene miedo a exponerse hasta los huesos.

(Por Daniela Zamit) Desde que tiene memoria escribe. Es periodista, docente, narradora. Como ella se define “vivo entre textos, hilvanando historias propias y ajenas”.

Escribir sí, pero dibujar o pintar, ese era otro tema. A la hija menor de Dolores Ocampo de Morón, el universo de colores y trazos le infundía un enorme respeto. Sin embargo deseaba pintar y después de muchas idas y vueltas, dejó madurar esos deseos hasta que incontenibles fluyeron encontrando un cauce propio.

“Así soy… Mujer en Patagonia.” es su reciente libro de poemas que además tiene ilustraciones suyas que se convirtieron en una reciente muestra que llevó el mismo nombre.

-¿Cómo surgió el libro?

-Me identifique mucho tiempo con la escritura, siempre escribí. Junto con Liliana Peralta escribimos sobre la historia de Comodoro, también nos pidieron que escribiéramos un libro sobre la historia de Monseñor Pérez, la llegada de los boers, la historia de km.5, los primeros pobladores…

Mi primer libro individual fue “A pesar de todo yo creo en el amor”, sobre  una historia personal que tenía que ver con la historia de haber compartido seis años de una enfermedad terminal con mi hijo, acompañar a mi hijo enfermo de cáncer hasta su despedida. Ése fue mi primer libro sola, un libro que me lo siguen pidiendo y del que no quedan más. A veces las historias personales son temas que convocan, la gente necesita ver que otro pudo atravesar esa situación y salir adelante.

Diez años después escribí este libro. En realidad uno escribe todo el tiempo, escribo cuentos y como narradora que integro el grupo de Germinacuentos, comparto algunos cuentos propios o incluso mi hermana ha contado cuentos míos. Pero editar un libro o hacer una exposición es diferente.

-¿En qué es diferente escribir un libro sobre vos a escribir un libro sobre la historia de otros?

-Este libro habla de mí. Eso implica desnudarse y mostrarse tal cual uno es… no solo lo lindo, también las miserias de uno, los miedos, las sombras y las angustias; porque uno se refleja en todo eso. Generalmente, socialmente, un solo ve lo lindo, pero al escribir o dibujar mostrás lo más vulnerable también, te mostrás en la herida. Yo creo que el artista hace eso, se muestra tal cual es, entonces da miedo al momento de exponer. Pero cuando la exposición ya está, uno toma distancia y cuando recibís un mensaje de alguien que fue y le gustó, eso te llena el alma.

Puede que a alguien no le guste pero mi madre siempre decía “hay que mostrar y si una obra provoca algo en el otro, sea algo bueno o rechazo, con que provoque algo quiere decir que la obra no fue en vano, por eso es importante mostrarse siempre.

-¿Cómo comenzaste a pintar y dibujar?

-Mi forma de expresarme  siempre fue la escritura. Cuando tenía ocho o nueve años escribía algo y lo mostraba en familia, pero a pintar nunca me había animado. Me gustaba, pero no me animaba.

Mi hermano Gustavo pinta, expone muy poco; y mi hermana Adela  ha hecho algunos murales en el jardín, por ejemplo. Yo no me animaba y quería, y quería… y pasó que en 2009 se me cortó el talón de Aquiles y tuve que estar mucho tiempo en reposo y empecé a hacer collages y mandalas, a pensar en dibujar. Así que cuando me levanté de la cama me animé y empecé a crear, pero ya con 40 años largos; mis primeros cuadros son de 2010 y 2011.

El tema era mostrarlos y la mirada de mi madre. Venían a mi casa mis hermanos y me preguntaban “¿Y mamá qué dice?”

-¿Y qué dijo tu mamá?

-Una vez me puse a dibujar y llevé los dibujos a lo de mi mamá. Cuando llegué estaban mis hermanos y uno vio mis dibujos y me dijo “¿por qué no le pedís a mamá que te dé clases de color?”. Mi mamá me explicó que cada uno, igual que en la escritura una historia podía empezar por el final, un personaje podía interactuar con uno y no con otros, sin demasiada explicación porque así te sale, lo mismo pasaba con la pintura. Entonces ahí guardé mis dibujos y nunca más los vi. Mi mamá me decía “Laura acá están tus dibujos” y yo le decía “tiralos”.

-¿Cuándo te animaste?

-Después de la recuperación de mi tendón de Aquiles me animé y empecé… o empecé desde otro lugar seguramente. La maduración interna hizo que yo generara desde otro lugar con collages, pintura, acrílicos y papeles.

Mi mamá me dijo “me sorprendiste Laura”, entonces uno piensa que necesitaba la aprobación de mi madre y bueno, es que la imagen de mi madre es muy fuerte en lo cultural en la ciudad, en mi familia y para mí. Yo siempre quería hacer una exposición y lo había hablado con mi madre. Ella me decía que sí, que que había que animarse a mostrar lo que uno hacía.

Mamá falleció cuando ya tenía pensado hacer la presentación y estaba trabajando en el libro. Había compartido con ella el proceso y finalmente expuse después que falleció. Pero ella fue parte, sin duda. No es legado, es el amor a hacer algo creativo que hace bien y lo importante es que le guste a uno, no si gusta o no al otro. Inconscientemente ella abrió las puertas. Me acompañó.

Tres generaciones: Laura en brazos de su mamá, acariciada por su abuela.

-¿Cuánto marcó el aspecto artístico de tu madre en la familia?

-Todos tenemos vetas artísticas cada uno lo suyo, en distintas disciplinas, la danza, el dibujo, las letras. Tiene que ver con esto de estar dispuesto y del tiempo para la creación que en mi familia se daba porque lo veíamos en mi madre a lo mejor, entonces naturalmente te das ese tiempo para crear.

-¿Cómo encontraba tu mamá tiempo para crear con ocho niños?

-Cuando eramos chiquitos, durante diez años, no pintó. Y cuando nací yo, la última, como nací enferma fue una complicación para la familia ¡trastorné todo! Después empezó a pintar en casa, imaginate que no tenía un taller, pintaba en la cocina durante la noche cuando todos dormíamos. Ella siempre fue de quedarse de noche, entonces pintaba a esas horas cuando la casa estaba quieta.

-¿Cómo es ser una mujer patagónica. Te definís a vos o te parece que encontraste un denominador común?

-En los poemas pensé en definirme a mí pero en realidad tienen que ver con todos. El ser mujer me hizo pensar mucho tiempo en qué mujer soy, cuál mujer quiero ser, sobre las dualidades entre los estereotipos de mujer, incluso en la naturaleza femenina que atraviesa a todas las mujeres del universo que es la posibilidad de procrear, la maternidad-no maternidad, la sensualidad…

Esto me llevó a pensar qué mujer se es en Patagonia. Estoy convencida de que los paisajes, los entornos, nos forman. Para mí la Patagonia me atraviesa, yo nací acá, es el lugar que mis padres eligieron para vivir -vinieron en 1959- cinco de mis hermanos nacieron acá… Yo elegí este lugar para vivir porque muchos se van a estudiar y no vuelven.

Nuestros paisajes los llevamos dentro, en el momento en que escribís o dibujás eso está adentro tuyo y no necesitás pintar un cielo celeste o decir “la inmensidad” porque con tu palabra, con tu emoción lo estás transmitiendo.

Yo creo desde ese lugar que es el de ser mujer en Patagonia, si viviera en otro lugar crearía distinto porque el entorno te hace sentir las cosas diferentes. Aunque no quieras estás cruzado por la Patagonia, por su paisaje, el clima y por la naturaleza. Uno no puede separarse de eso para escribir… dejo huellas con lo que siento porque escribo desde este lugar porque me siento mujer en Patagonia.

-¿Cómo vivís como mamá y abuela de mujeres esta nueva revolución del feminismo?

-Creo que es un cambio y pasa por hacer visible a la mujer y el lugar que la mujer ocupa en la sociedad. Estos cambios la emponderan pero no tenemos que olvidar que hombre y mujer debemos ir a la par, no tenemos que perder nuestra naturaleza para lograr cambios. A veces son necesarias estas revoluciones para lograrlos, es necesario porque sino no llegamos a ninguna lado. Siguen habiendo diferencias en los sueldos, en tantas exigencias, más allá de la violencia doméstica y las situaciones de abuso que no se visibilzaban y ahora están a la vista. La revolución me alegra, aunque no coincido con todas sus manifestaciones, pero sin embargo creo que es importante y necesario para que las mujeres logremos el verdadero lugar de igualdad en la sociedad y que será beneficioso para mis hijas, mis nietas y nietos.

-¿Ves cambios generacionales en tus hijas y nietos?

-Hoy veo cómo mis yernos y muchos hombres se hacen cargo de sus hijos, esto antes no se veía. Antes las tareas del hombre y la mujer estaban bien separadas, hoy te sorprenden para bien esos cambios. También en el juego de los nietos, antes la muñeca era para la nena y los autos para los varones y si querías un autito -como una vez yo quise-, era una machona. Igualmente mi madre me lo compró. Pero esto de por qué no le podemos enseñar a un niño a cambiar el pañal de un bebé y cuidar a su bebé, si lo que queremos después es que cuide a su hijo también.

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