Guaidó regresa normalmente y sin sobresaltos a Caracas

Juan Guaidó llegó, se subió al capó de un vehículo, ondeó la bandera venezolana, cantó el himno “Gloria al bravo pueblo” y venció. El presidente encargado de Venezuela protagonizó la versión criolla de la frase de Julio César en el momento de mayor debilidad para su desafío contra el chavismo, consciente de lo mucho que se jugaba.

“Atención fuerza armada: a pesar de las amenazas del régimen usurpador, estoy acá. La cadena de mando está rota”, subrayó minutos más tarde ante los miles de seguidores que se concentraron en la plaza caraqueña de Alfredo Sadel.

Cuando, hace 11 días, el presidente del Parlamento cruzó a la carrera la frontera con Colombia, tras una odisea de 40 horas, sabía que el regreso sería aún más difícil. Pero cumplió su palabra: retornó a Caracas tal y como había prometido, como lo hace cualquier otro presidente a su país. Otro auténtico desafío a la todopoderosa revolución chavista.

De frente, dando la cara, amparado por sus aliados internacionales y apoyado por sus seguidores pese a ser lunes de carnaval, unos pocos lo recibieron casi a escondidas dentro del aeropuerto de Maiquetía y muchos más lo hicieron en las inmediaciones, donde se vivieron momentos de euforia y emoción. Cientos de paisanos de Guaidó, natural de una parroquia cercana, se echaron a la autopista y forzaron a que su líder se encaramara en el techo del vehículo, en una imagen que ya forma parte del duelo que comenzó el 5 de enero.

Gritos de libertad, libertad, tan escuchados estos días en el país petrolero, volvieron a resonar como bienvenida para el diputado. Como si todos los presentes intuyeran que para que su lucha siga es necesario que esté encabezada por el ahora líder indiscutible, casi un desconocido a principios de año. La figura de Guaidó se ha agigantado al mismo ritmo que crecía el desafío en un país que ya desde Simón Bolívar veneró las figuras fuertes, que acaba convirtiendo en mitos pese a los pies de barro de algunas de ellas.

“Nos amenazaron con la cárcel, con muerte, pero no va a ser a través de la persecución y la amenaza que nos van a detener. Estamos más unidos y fuertes que nunca“, arengó ya en la capital a los miles de concentrados, en una protesta que se repitió en casi todos los estados del país.

Fueron horas de tensión y hermetismo durante las cuales el gobierno de Panamá facilitó la escala de Guaidó en un vuelo de Copa hacia Caracas. Allá, en el aeropuerto, esperaban 12 representantes diplomáticos. El trámite fronterizo se realizó sin mayor novedad, pese a las amenazas de Maduro y pese al comité de bienvenida que Diosdado Cabello, número dos de la revolución, aseguraba había montado en las instalaciones de Maiquetía, uno de “sus” territorios.

“En Maiquetía me dijeron bienvenido presidente”, ironizó Guaidó, que exhibió con orgullo su pasaporte ante el gentío, y no es para menos: opositores y periodistas han sufrido la sustracción de sus documentos de forma ilegal y arbitraria en un país donde renovar un pasaporte es un auténtico calvario que puede llegar a costar más de 2000 dólares.

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El plan Guaidó para retomar la iniciativa tras los últimos traspiés se cumplió a la perfección. Las dudas ahora están en el otro lado, con el presidente y sus lugartenientes desdiciéndose a sí mismos con claros síntomas de debilidad frente a la presión internacional, muy fuerte en las últimas horas. En fuera de juego de varios metros ha quedado el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que empujado por los otros poderes revolucionarios emitió una orden de prohibición de salida del país.

De momento, la cúpula chavista ha decidido mantener el juego y no romper la partida, convencida de que el desafío perderá fuerza con el paso del tiempo y que se disolverá como en otras ocasiones.

Desde el gobierno y desde sus aliados (Rusia y China) han dejado claro que no quieren saber nada de unas elecciones que perderían por más de 50% de diferencia, de ahí los puntos para el diálogo adelantados por el ministro Jorge Rodríguez, que se resumen en uno solo: la creación de un mecanismo para dirimir las diferencias entre gobierno y oposición.

De momento, el duelo no espera. Guaidó ha convocado para hoy a los sindicatos de empleados públicos para iniciar una ofensiva en las entrañas de la burocracia estatal. Para el sábado, el pueblo opositor volverá a las calles por todo el país. Y, como siempre, en el centro de su diana discursiva, las fuerzas armadas: “No es suficiente jugar a brazos caídos. Les ordenamos que detengan a los colectivos armados que actuaron el 23-F. Ser cómplices por omisión también es delito”.

Para mantener la presión, el líder opositor cuenta con la conectividad de la gente frente a los nuevos tipos de censura del chavismo. Ayer, el gobierno bloqueó Sound Cloud y Twitter para que no se escucharan sus mensajes y más tarde enturbió la señal de los celulares en el punto de concentración. Varios medios electrónicos independientes también fueron silenciados durante el regreso del presidente encargado.

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