Al menos 6 de cada 10 prendas en el país se fabrican en talleres clandestinos

Desde la Cámara, la gerenta Alicia Hernández explica que -a diferencia de las fábricas de telas- la informalidad es “muy alta” en la producción de ropa: “Las modistas de los ’60 hoy trabajan para varias unidades productivas y, además, los inmigrantes bolivianos constituyen una fuerza laboral importante y calificada.

Se desempeñan en talleres informales que después comercializan en áreas identificadas como Avellaneda y Flores en la Ciudad de Buenos Aires; en la feria de La Salada (su creador, Jorge Castillo, está preso acusado de ser el jefe de una asociación ilícita) y en las ‘saladitas’ del interior del país”.

Las “saladitas” son un formato que en los últimos años se extendió por todo el país; según relevamientos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) representan cerca de la mitad del comercio en las provincias. Hernández apunta que, en determinadas épocas, en esos mercados hay mercadería de contrabando pero que, en general, se aprovisionan de indumentaria en el circuito informal. “Los sectores de menos recursos son los que compran allí y, en determinados rubros, como la ropa deportiva, también las franjas medias”, agrega.

Los fabricantes de ropa enfatizan que producir en la informalidad reduce fuertemente los costos ya que los limita a los tejidos (más económicos porque no usan puro algodón), a una mano de obra más barata y, además, usan menos diseño. “Es como si produjeran en China o en Bangladesh”, grafican. La Cámara estima que la mano de obra no formal duplica a la que tiene vínculo laboral en blanco: 100.000 frente a 50.000 registrados.

Desde la Fundación Protejer, su presidente, Yeal Kim, cree incluso que el 60% es un número “conservador; históricamente el porcentaje de confección en negro es muy alto y puede que con la crisis, crezca”. Advierte que ese nivel de informalidad es “imposible” en la confección de telas. “En la compra de insumos los talleres clandestinos no hacen la diferencia; la clave está en la mano de obra que -si se formaliza- duplica el costo. Claramente es competencia desleal y preocupa mucho al sector”, lamenta.

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