Avanza la obra de las represas patagónicas, la más cara de las últimas décadas

Pasaron casi 11 años desde que el kirchnerismo anunció que se reactivaba en Santa Cruz el proyecto hidroeléctrico sobre el río homónimo, que nace en Lago Argentino a 180 metros sobre el nivel del mar, recorre 300 kilómetros y desemboca en el océano Atlántico.

En ese tiempo, la inactividad caracterizó el estado de las obras, que hoy recuperaron sus nombres originales, Cóndor Cliff y La Barrancosa, tras llamarse por cinco años Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, respectivamente.

Pero la situación cambió en los últimos meses y las máquinas importadas de China comenzaron a moverse sobre el suelo rocoso, a la orilla del río. Con 750 empleados trabajando en cada obra en dos turnos de 12 horas, el proyecto ya está avanzado en el 21% de la excavación y el 13% del relleno de las presas. La fecha de inauguración está estimada para septiembre de 2023 en el caso de La Barrancosa, que es más chica, y para abril de 2024 para la puesta en marcha de Cóndor Cliff.

Esta última represa estará construida a 145 kilómetros de distancia en auto de la ciudad de El Calafate. Tendrá 68 metros de altura y contendrá cinco turbinas del estilo Francis, que generarán por año 3167 gigavatios por hora (GW/h).

La Barrancosa, en tanto, tendrá un altura menor, de 41 metros, y contará con tres turbinas del tipo Kaplan, que proveerán 1780 GW/h por año. La represa estará ubicada a 50 kilómetros de distancia al oeste de Cóndor Cliff, y cuando comiencen a funcionar se generará un lago entre ambos embalses.

En total, las dos obras permitirán aumentar un 4,5% la oferta de energía eléctrica nacional, lo que equivale a abastecer aproximadamente a 700.000 familias.

Las obras fueron adjudicadas en 2013 tras realizarse una licitación internacional. El ganador -con polémica de por medio por consignar un monto de $24.750 millones por debajo de las demás ofertas- fue la unión transitoria de empresas (UTE) integrada por la china Gezhouba, Electroingeniería y la mendocina Hidrocuyo.

Pero la construcción de las represas quedó casi dos años sin ejecución en 2016, con la asunción de la actual administración y la revisión de los contratos.

El año pasado, luego de adaptar el proyecto a un estudio ambiental que pidió la Corte Suprema -donde se decidió no aumentar la altura del río porque podía tener implicancias en el Lago Argentino, y se redujo la cantidad de turbinas-, la construcción comenzó a tomar impulso.

Ni la causa de los cuadernos logró frenarla esta vez, aunque tuvo implicancias en la sociedad UTE luego de que el entonces vicepresidente de Electroingeniería, Gerardo Ferreyra, quedara implicado.

Desde entonces, Gezhouba, que ya tenía el 54% de las acciones, compró un 16% de la participación de Electroingeniería, y esta pasó de tener el 36% del total al 20%. Hidrocuyo, en tanto, que es la que tendrá a cargo la operación de las represas una vez que finalicen las obras, mantuvo su 10%.

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La empresa china no pudo comprar más acciones porque el pliego establece que al menos un 30% de la participación societaria tiene que ser nacional.

En el mediano plazo se espera que alguna otra empresa argentina adquiera las acciones de la cuestionada Electroingeniería, aunque quedan pocas empresas de obra pública en la Argentina que no hayan estado afectadas por la causa de los cuadernos.

Luego de que el socio local se viera salpicado por el escándalo, los ejecutivos chinos comenzaron a tener más responsabilidades en el manejo de la obra, ayudados por la empresa estatal Integración Energética Argentina (Ieasa), la ex-Enarsa, encargada de ejecutar la obra.

Al momento, el 20% del personal es chino. De ellos, 160 trabajadores están empleados con la modalidad de cinco meses de trabajo intensivo y un mes de descanso, y se les pagan los pasajes para volver de visita a su país. Todos viven junto con los empleados locales en las villas removibles que se construyeron al lado de las represas. Sin embargo, tienen sus propios horarios para comer y distinta variedad de menúes.

Se espera que en dos años, cuando se llegue al pico de empleo y haya 5500 trabajadores en las represas, la presencia de empleados chinos también aumente. En general, sus responsabilidades están vinculadas con lo electromecánico e incluyen dar capacitación a los empleados locales para el posterior mantenimiento de las turbinas.

El crédito para financiar las obras también proviene de China. Su banco de desarrollo prestó US$4714 millones, que se desembolsan a medida que avanzan las obras. Con la devaluación, sin embargo, los costos de la construcción se redujeron a US$4100 millones.

Del total, un 23% del dinero quedará en China para pagar las turbinas, algunas máquinas y las compuertas que se importarán para las obras. El 77% restante será ejecutado en el país.

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