Hace 30 años moría el gran artista español, Salvador Dalí

Salvador Dalí (1904-1989) fue uno de los artistas más importantes de su época, incluso hoy inspira a millones de personas en todo el mundo.

Desde muy joven se caracterizó por ser un espíritu único, destacando en toda área -no siempre para bien- por su personalidad. Su padre era abogado, mientras que a su madre la describió como un ser de amor que tras su muerte le marcó de por vida.

Las pinceladas del Dalí que el público conoció comenzaron a surgir cuando en 1922 entró a la Residencia de Estudiantes de Madrid donde no logró pasar desapercibido, no solo por su larga melena con patillas, gabardinas, medias y polainas al estilo de los artistas victorianos, sino también por su creciente y notorio talento.

Este atrajo a Federico García Lorca y Luis Buñuel; años después a otros grandes nombres de las artes, como Pablo Picasso y Joan Miró.

Durante los años setenta, Dalí, que había declarado que la pintura era “una fotografía hecha a mano”, fue el avalador del estilo hiperrealista internacional que, saliendo de su paleta, no resultó menos inquietante que su prolija indagación anterior sobre el ilimitado y equívoco universo onírico. Pero quien más y quien menos recuerda mejor que sus cuadros su repulsivo bigote engominado, y no falta quien afirme haberlo visto en el Liceo, el lujoso teatro de la ópera de Barcelona, elegantemente ataviado con frac y luciendo en el bolsillo de la pechera, a guisa de vistoso pañuelo, una fláccida tortilla a la francesa.

En su testamento, el controvertido artista legaba gran parte de su patrimonio al Estado español, provocando de ese modo incluso después de su muerte (acaecida en 1989, tras una larga agonía) nuevas y enconadas polémicas.

Su longeva existencia, tercamente consagrada a torturar la materia y los lienzos con los frutos más perversos de su feraz imaginación, se mantuvo igualmente fiel a un paisaje deslumbrante de su infancia: Port Lligat, una bahía abrazada de rocas donde el espíritu se remansa, ora para elevarse hacia los misterios más sublimes, ora para corromperse como las aguas quietas.

Místico y narcisista, impúdico exhibidor de todas las circunstancias íntimas de su vida y quizás uno de los mayores pintores del siglo XX, Salvador Dalí convirtió la irresponsabilidad provocativa no en una ética, pero sí en una estética, una lúgubre estética donde lo bello ya no se concibe sin que contenga el inquietante fulgor de lo siniestro.

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