“¡Corre Juan, corre!”

Para el ultramaratonista argentino Juan Pablo Savonitti el 1º de enero de 2019 comienza más que un año nuevo, para él es el inicio de una hazaña inmensa. Cruzará corriendo el continente, desde Ushuaia hasta la bahía de Prudhoe, en Alaska. Serán alrededor de 900 días -algo así como dos años y unos cuatro o cinco meses- dependiendo de los imprevistos.

(Por Daniela Zamit) “¡Run Forrest, run!” Le gritan ahora cuando lo ven corriendo los que conocen del proyecto al que da forma hace más de un año. Además de los largos trayectos recorridos al igual que Forrest Gump -el personaje que encarnó Tom Hanks y que le valió un Oscar-, Savonitti se dejó crecer la barba. Pero Juan Pablo no corre sin rumbo ni motivo como Forrest; en sus planes está llegar hasta el extremo norte del continente y juntar fondos para una causa solidaria: promover y difundir la lengua de señas con la intención de mejorar la integración entre la comunidad sordomuda y el resto del mundo.

La historia de Juan Pablo y su pasión por correr empezó de una manera tan curiosa como su impulso por contar los kilómetros de a cientos. El bichito del running lo picó cuando vivía en Sofía, Bulgaria, en 2016. Un jueves, un compañero de trabajo le hizo un comentario sobre una carrera de 100 kilómetros que se correría ese fin de semana. “Entendiste mal, deben ser 10 kilómetros” lo corrigió Juan Pablo, que para ese entonces entrenaba crossFit, pero que de correr por la montaña no sabía nada. “Son 100 kilómetros fijate”, le aseguró el compañero. Juan Pablo lo verificó en internet y la aventura le pareció tan fabulosa que tuvo que recurrir a una mentira piadosa para que lo dejaran anotarse cuando ya habían cerrado las inscripciones. Faltaban solo dos días.

Su doble nacionalidad con pasaporte italiano le permitió simular que había viajado desde Italia exclusivamente para correr la “Vitosha”, ese es el nombre de la deseada carrera. Los organizadores pisaron el palito y a las 48 horas Juan Pablo estaba en la línea de largada.

Movido por una “curiosidad inmensa”, pero también con “un miedo terrible porque no sabía cómo era” atravesó los 100 kilómetros en el bosque de Sofía. “Fue una carrera muy dura, no corrí todo el tiempo, mucho tiempo caminé pero pude terminarla en un poco menos de 14 horas. Cuando llegué a la línea de llegada estaba totalmente roto. Me senté un segundo para elongar las piernas y después no me podía parar y casi no podía caminar. Pero fue tal la satisfacción que dos semanas después me anoté en otra de 140 km. A partir de ahí hacía dos de estas carreras al mes”, relata el ultramaratonista argentino nacido en Buenos Aires. “Desde ese entonces no pude parar de participar en carreras de largas distancias alrededor del mundo. Esto es lo que hice hasta ahora, y es solo el comienzo”, anticipa.

Para mejorar su rendimiento empezó a investigar sobre entrenamiento y nutrición. En 2017 inició sus entrenamientos con una corredora búlgara profesional. “Ahora estoy entrenando por mi cuenta, es un entrenamiento distinto por el tipo de travesía que estoy por comenzar no hace falta que desarrolle velocidad, el trabajo es orientado al aeróbico”, explicó Juan Pablo. “Antes corría seis veces por semana entre 20 y 30 kilómetros diarios y cuatro veces por semana iba al gimnasio. Ahora que faltan pocos días para largar estoy yendo al gimnasio y corriendo unos 10 kilómetros diarios ya que no quiero sobrecargar o aumentar el impacto a mis rodillas, tendré mucho impacto durante un largo período. Me lo tomo con calma es un viaje, una aventura”

La inspiración

Juan Pablo nació hace 36 años en Ciudad de Buenos Aires, de chico era deportista, practicó básquet, voley y corría 400 metros en atletismo. En 2003 se fue del país a trabajar en buques de crucero, trabajó y vivió en diferentes lugares de Europa hasta marzo de este año, cuando decidió regresar a la Argentina.

Juan Pablo se sintió muy inspirado y motivado por la historia de Sean Conway, el triatleta inglés que hace unos años nadó alrededor del Reino Unido. Juan Pablo lo conoció en un seminario que Conway brindó en Bulgaria. “Yo asistí, lo conocí, me enganché. Fue mi inspiración para hacer algo entre comillas -agrega- grande, loco y después comencé a formarme. En un momento pensé en ir de Ushuaia a La Quiaca o viceversa, pero mientras buscaba vi que estaba la ruta Panamericana que unía todo el continente y dije ‘¿por qué me tengo que quedar en la Argentina? ¿por qué no intentar hacer todo el continente que voy a pasar por paisajes increíbles, conocer diferentes culturas?’”.

La idea de Juan Pablo fue sumarle una razón, una causa al proyecto. Encontró en la difusión del lenguaje de señas, la pieza que faltaba. “Mi madre es hipoacúsica y mi padre es sordo, entonces por este motivo elegí sumarle una causa que me tocara en lo personal, una causa que esté directamente relacionada conmigo, yo crecí en un entorno en el que el lenguaje de señas prevalece, es algo cotidiano, la defiendo y es algo personal”, dice el corredor que estará atravesando Chubut en febrero. Y es seguro que recibirá el aliento chubutense ¡Corre Juan, corre!

“No veo porqué no podría llegar”

-¿Quién te acompaña?

-Voy a salir con un amigo que me acompaña en un vehículo de apoyo que va a seguir conmigo gran parte del recorrido en territorio argentino. Después sigo solo, quizás voy a implementar ir corriendo más despacio empujando un carrito en el que pueda llevar lo indispensable: carpa, bolsa de dormir y algunos víveres y ropa.

-¿La ruta está toda definida?

-La ruta en la Argentina desde Ushuaia hasta parte del Desierto de Atacama la tengo definida día por día, la cantidad de kilómetros diarios que voy a hacer, dónde voy a parar… El resto de la ruta la tengo definida, osea sé por dónde voy a pasar, pero no sé exacto día por día porque lo voy a ir viendo, quizá me retrase o vaya más rápido, según las necesidades del momento.

-¿Cuál es el trayecto más difícil que te espera?

-En el trayecto argentino lo más difícil diría que es la Puna y también el Desierto de Atacama, por ser los lugares más inhóspitos, por definirlos de alguna manera, por la altura y las temperaturas extremas. En el desierto a la mañana podés tener 10 ó 12º C y a la noche -25ºC es un lugar muy árido y alto. Cuando llegue a la frontera entre Jujuy y Chile voy a estar a 4.200 msnm y voy a bajar hasta los 2.200 msnm. Para ir aclimatándome mientras voy subiendo voy a parando 2 ó 3 días en cada lugar, y lo mismo cuando baje. Pienso que ésa será la parte más dura del inicio del trayecto.

-¿Cómo te solventas estos dos años y meses?

-Todo a pulmón, voy consiguiendo algunos sponsors que me bancan con canjes, algunos de ropa, zapatillas, alimentos, suplementación deportiva… después hay mucha gente que se solidariza también. Hace unos meses hice una simulación fui de Buenos Aires hasta Misiones corriendo y muchos alojamientos se solidarizaban y me dejaban pasar la noche, las secretarías de turismo y de deportes, los gobiernos de cada provincia a los que les gusta el proyecto y me dan una mano.

-¿Alguien realizó un trayecto similar?

-Hay registros a nivel nacional. Rodolfo Rossi en 2015 hizo el trayecto desde La Quiaca hasta Ushuaia. Una de las personas que lo acompañó a él en ese trayecto me acompañó a mí hasta Posadas y me va a acompañar desde Ushuaia en parte del territorio nacional.

-En el trayecto te das “gustitos”, pasás por lugares que querías conocer ¿Cuáles son?

-Torres del Paine es uno, el primero; por eso me abro y voy por Chile, por Puerto Natales. La ruta 40 ya de por sí es un gustito, al principio la idea era cruzar la Panamericana que pasa por el centro del país, pero decidí descartarla porque no tiene el mismo atractivo que la Ruta 40 para correr. Me decidí por la 40 porque tiene más atractivos, es más mística; es una ruta tradicional argentina con paisajes increíbles. En el Norte: el Desierto de Atacama, Punamarca, Humahuaca, Jujuy, Cafayate. No voy a pasar por las capitales de provincia pero, si veo que hay pueblitos cerca, cuando termine mis kilómetros diarios voy a ir en vehículo para descansar y conocer.

-¿Cómo se entrena la cabeza para este recorrido?

-Yo me estoy dedicando a esto desde hace tres años. En cuanto a la cabeza, yo en lo personal -cada uno usa diferentes métodos- trato de ponerme metas chicas para ir estimulando la cabeza. Se va con calma, paso a paso, sabiendo que así se llega. A nivel mental estoy tranquilo porque sé que estoy entrenado y preparado para eso. Sé lo que es pasar por momentos así y es algo que me atrae, me gusta mucho, no lo siento como algo difícil. Quizás lo que más cueste sea la primera semana que es salir de la ciudad, pero después te acostumbrás, el cuerpo se adapta solo a todo y no me refiero al mío, sino el cuerpo humano en general, cualquier persona se adapta a casi todo, diría. Van a haber imprevistos, van a haber días en los que esté muy cansado, son cosas que sé que pueden pasar, no quiero llegar antes o marcar un tiempo. Voy a disfrutar del paisaje y del viaje que es largo e increíble. Así lo veo yo, no voy a ir corriendo contra el tiempo, voy a ir muy tranquilo.

-¿Qué te dicen tus amigos, tu familia?

-Al principio pensaron que estaba totalmente loco y después lo confirmaron (Juan Pablo se ríe a carcajadas). Hablando en serio, al principio me decían que estaba re loco pero después comenzaron a ver que estaba muy serio con la organización y la logística, ahí no les quedó otra que aceptarlo y admito que me súper bancaron, me soportaron; si bien siempre una madre o un padre se preocupa por una hazaña de este tipo, me bancan, me apoyan y están siempre en el día a día.

-¿Te da miedo algo del camino?

-No, no tengo miedo. Lo que tengo es una ansiedad increíble, muchas ganas de largar, esta ansiedad me está carcomiendo hace unos dos meses ¡ya quiero que sea el 1 de enero, quiero salir, quiero empezar!

-¿Cuántos kilómetros pensás hacer por día?

-Entre 45 a 55 kilómetros por día, no menos de 40. Correré por ejemplo cuatro o cinco días y tendré un descanso, pero voy a ir escuchando mucho mi cuerpo, si mi cuerpo me pide más descanso, descansaré, eso lo voy a ir manejando de acuerdo a cómo vaya sintiendo mi cuerpo.

-¿Visualizás tu llegada a Alaska?

-Me lo imagino… Sé que falta mucho y que depende de muchos factores, de los cuales muchos son personales o físicos, pero en el peor de los casos caminando puedo llegar, a no ser que tenga una lesión que me impida de caminar, no veo porqué no podría llegar.

ANECDOTA. ¿Por qué el nombre del proyecto? La palabra niama significa en búlgaro “no hay, no existe”, yo le agregué el limits (límites en inglés). Nació porque en Bulgaria me estaba inscribiendo en una carrera en un formulario online y allá todos tienen un segundo nombre que es el del padre , entonces aparecía un campo obligatrio para rellenar con ese nombre que yo no tengo, entonce puse “niama”, porque sino completaba algo no me dejaba seguir avanzando en el formulario. A los minutos me llegó un mail que decía en búlgaro “gracias por inscribirte Juan Pablo Niama Savonitti”, entonces algunos amigos búlgaros me comenzaron a tomar el pelo y llamarme Niama como sobrenombre y me gustó.

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