Desenterrando tesoros

Como detectives del pasado los paleontólogos reconstruyen la historia del planeta Tierra y obtienen información indispensable que nos ayuda a entender nuestro presente biológico. Buscadores de tesoros fósiles en el paraíso patagónico.

(Por Daniela Zamit) Una ola de paleontólogos invadió Puerto Madryn. Del 21 al 23 de este mes, más de 200 profesionales vinculados a la paleontología de la Argentina, otros países de América y Europa se encontraron en la Reunión de Comunicaciones de la Asociación Paleontológica Argentina (RCAPA). Esta reunión se realiza cada año en diferentes puntos del país, desde 2005 que Chubut no era anfitriona.

Un paleontólogo tiene mucho de detective, con pocos datos debe reconstruir una especie, su comportamiento, las interacciones con otros seres vivos y su hábitat. Es por eso que el trabajo multidisciplinario es indispensable. Cada investigador suma una pieza al gigantesco rompecabezas que es la historia del planeta, por eso estas reuniones son muy enriquecedoras.

“El trabajo multidisciplinario es fundamental, interactuar con colegas de otras disciplinas te aporta miradas que uno nunca se hubiera imaginado. No hay forma de armar el rompecabezas solo, se hace en equipo, cada disciplina va poniendo su parte, su visión, de ahí se reconstruye y se logra un trabajo muy rico” sostiene Mónica Buono, es investigadora del Centro Científico Tecnológico (CENPAT-CONICET) y trabajó en el comité organizador. La RCAPA es el ámbito de discusión para presentar un panorama actualizado de las distintas disciplinas paleontológicas como Paleoinvertebrados, Paleovertebrados, Paleobotánica, Micropaleontología, Icnología, Palinología, Bioestratigrafía, Paleoecología, Tafonomía, Paleobiología, entre otras.

Buono integra el primer grupo de investigación de cetáceos fósiles del país que trabaja en Puerto Madryn. El estudio de los cetáceos había tenido un avance hasta 1993 pero luego el campo quedó vacío hasta que ella se animó a realizar su tesis de doctorado sobre el tema.

Aunque no es paleontóloga de formación, sino bióloga, confiesa que desde pequeña quiso estudiar los cetáceos. Los caminos desde la Universidad de La Plata -donde estudió la licenciatura- hasta el CENPAT -donde hizo su doctorado- la llevaron de la mano hasta los fósiles. “La paleontología se encontró conmigo” dice sonriendo.

“Se me presentó la posibilidad de estudiar cetáceos fósiles para mi doctorado, siempre me gustó mucho la anatomía así que me animé. Fue como tirarme a la pileta, porque me metía en algo completamente desconocido y en lo que no había nadie trabajando entonces eso fue difícil, pero tuve el apoyo de mis directores que fue fundamental”, dice rememorando el chapuzón que terminó en éxito total en 2009.

Desde entonces el grupo que ya integran unas nueve personas fue creciendo y alcanzó grandes avances. Lograron describir al primer pariente de la ballena franca austral que vivió hace 20 millones de años y hallaron un esqueleto completo articulado de una ballena de 10 millones de años.

¿Por qué la Patagonia es rica en restos fósiles?

-Porque tenemos una gran cantidad de yacimientos fosilíferos de distintas edades que nos permiten contar diferentes espacios de tiempo biológico. La Patagonia cuenta con yacimientos que nos cuentan desde la historia de los dinosaurios hasta las ballenas que vivieron hace 10 millones de años atrás. Tenemos ese gran rango temporal por un lado, y por el otro, tenemos yacimientos que son excepcionales en cuanto a preservación. Esas dos condiciones ayudan muchísimo a que siempre estemos hablando de Patagonia y Palentología.

-¿Cuáles son los últimos mayores avances paleontológicos generados en la Patagonia?

¡Muchos! En general lo que más repercute es el tema de los dinosaurios porque es el más popular en las redes y el más atractivo para la gente. (Por ejemplo el Patagotitan mayorum, presentado el año pasado, que es el dinosaurio más grande del mundo y fue hallado en Chubut). Los descubrimientos en Paleontología han sido extraordinarios en los últimos años por ejemplo en paleontología botánica, lo que es la flora del pasado. Se produjeron hallazgos muy novedosos sobre todo en localidades nuevas con condiciones bastante excepcionales en conservación. En particular hay un investigador en Santa Cruz estudiando la flora que existía durante el mismo período en el que estaban los dinosaurios en una localidad nueva que contiene una enorme cantidad de flora y otros grupos de animales. Ellos están trabajando a full y con avances muy lindos.

-¿Cómo es el trabajo desde el hallazgo en campo hasta la publicación del paper científico? ¿Cuánto tiempo puede transcurre?

-La verdad es que depende de la complejidad y del grupo de investigación, hay personas que van al campo y regresan con los fósiles en una mochila (en caso de hojas por ejemplo). Pero hay otros que vamos al campo y tenemos que pensar bien cómo vamos a extraer y trasladar el material. La gente que trabaja con grandes vertebrados tampoco la tiene fácil, dependiendo del grupo es la logística que uno necesita en el campo, de acuerdo a eso uno planifica un montón de cosas.

De lo mío, que son fósiles de cetáceos, cuando tiene una complejidad menor como los delfines más chiquitos se hace la preparación en el campo, se cubren los huesos con yeso y se arma lo que se llama un bochón que sirve para protegerlos, y a veces en esa misma campaña uno los puede traer. Pero a veces pasa como en el caso del esqueleto completo de ballena que hallamos en Punta Buenos Aires en Península Valdés que comenzamos la campaña en 2016 y la terminamos de sacarla durante este año. Tenemos que ir, destapar, preparar los bochones y después ver cómo sacarlos. En este caso tuvimos que sacarlos por agua porque no se podía acceder por tierra porque era un área protegida.

-¿Qué debemos hacer si encontramos un fósil?

No levantarlo, lo mejor que pueden hacer es sacarle una foto y dejarlo donde está. Primero porque hay más probabilidades de que la gente lo rompa, porque a veces lo que aflora es un pedazo de hueso y el resto del animal está bajo tierra o dentro de una formación. Entonces, en general, cuando sacan algo lo rompen y logran traer un pedacito. Y también porque cuando lo extraen perdemos información sobre la procedencia que para nosotros es súper importante para saber la edad. Necesitamos saber el lugar exacto porque nosotros miramos un montón de cosas entorno del fósil, entonces cuando alguien lo saca perdemos mucha de información que no la podemos recuperar. Por eso lo ideal es que saquen fotos, traten de ubicar bien el material, y que avisen al Museo Egidio Feruglio (MEF), al CENPAT, la universidad o cualquier otra institución de la zona.

Los ancestros de nuestras ballenas

-¿Cómo fue el hallazgo excepcional del esqueleto de la ballena completa? ¿Cuántos años tienen los fósiles?

-Sacamos los restos de una ballena articulada completa. Es un caso excepcional para la Patagonia porque en la mayoría de los casos aparecen partes aisladas, los cráneos o vertebras, entonces encontrar todo un esqueleto articulado es bastante raro. Ahora la ballena está en el CENPAT y a el año que viene empezamos a hacer algunos estudios. Una estudiante lo presentó en el ámbito de la RECAPA pero para el año que viene queda la preparación para estudiar y hacer varios trabajos con el material.

-¿Ya se sabe a qué especie pertenece o es necesario realizar más estudios de laboratorio?

-Sabemos a qué especie corresponde porque se logramos destapar el oído que en el caso de los cetáceos sirve bastante para el diagnóstico. Sabemos que es un Balaenidae, osea que es de la misma familia que la ballena franca, pero pertenece al Mioceno que es el mismo período que está representado en Patagonia. El Mioceno temprano y tardío es un período que va entre los 20 y 10 millones de años atrás.

De ese mismo período conocemos dos especies de balaenidos, uno que es el más antiguo lo redescribimos hace poquito y hay otra especie no nominada, no descripta, que estamos estudiando. Este nuevo ejemplar que se hallaba completo aparentemente pertenece a esta nueva especie que tenemos que nominar. Conocíamos a esta especie a partir de tres ejemplares pero que estaban bastante incompletos, así que el descubrimiento de este nuevo esqueleto va asumar mucha información.


– ¿Esos otros restos también fueron hallados en de Patagonia?

-Sí, en realidad son cráneos que se encontraron en Península Valdés. Lo particular que tiene es que representan a individuos de diferentes edades, entonces pudimos estudiar los cambios en el crecimiento desde un estadio más joven a uno adulto; desde este punto de vista es un material muy interesante.

-¿Cómo fue redescribir los restos de Morenocetus, esta ballena que es el primer antepasado de las francas?

– Al ejemplar de Morenocetus lo redescribimos de acuerdo a materiales que están en el Museo de La Plata y que habían sido descriptos en 1926. Desde entonces nadie lo había revisado y nosotros lo redescribimos el año pasado, hicimos un trabajo mucho más complejo. En el campo no encontramos nuevos ejemplares de esa especie lo cual es bastante particular, nos llama la atención.

– ¿Cuáles son las características de este nuevo esqueleto encontrado completo? ¿Se parece al Morenocetus?

– En los dos casos son individuos mucho más chicos que las actuales ballenas. Tendrían aproximadamente 5 metros en total, lo cual equivale a una cría de ballena franca actual. Ésa es una de las primeras características que se pueden observar en esos balaenidos antiguos, después por características del cráneo y del rostro sabemos que ya filtraban. No sabemos si tenían el mismo sistema de filtración que una ballena actual, pero sí sabemos que filtraban.

– ¿Es porque las barbas no se preservan?

-No se preservan, pero lo que vemos son las marcas que quedan en los huesos que nos indican que pudo haber barbas y también hay otras características sobre todo del cráneo que nos ayudan a determinar el método de alimentación. En general, entre las ballenas francas y los rorcuales -que son el otro gran grupo de misticetos, osea de ballenas con barbas- hay una diferencia bastante marcada en cómo filtran. Usan dos métodos diferentes de alimentación que tienen una impronta, un impacto en la fisonomía y cada uno tiene una morfología muy distinta justamente vinculada a ese método de alimentación tan dispar. Si bien los dos filtran, por ciertas características que nosotros vemos en el cráneo sobretodo podemos determinar si podían filtrar engullendo, como lo hacen los rorcuales, o de forma más pasiva como lo hacen las ballenas francas.


-¿Encontrar nuevas especies que vivieron hace millones de años es como llenar casilleros vacíos en un árbol genalógico? ¿Se puede saber cuántos casilleros faltan?

-En el caso de lo balaenidos hay un “gap”, como nosotros le decimos (del inglés “brecha”) en el registro particularmente en el Mioceno medio tardío. Es ese lapso el que nosotros estudiamos y justamente esta nueva especie que estamos trabajando para describir iría a completar esa parte del registro de la que se conoce muy poquito. En ese sentido tiene un valor muy bueno el registro.

Por otro lado la presencia del Morenocetus, el balenido más antiguo descubierto, es súper importante porque nos da información de cómo eran estas formas en su momento más temprano de historia en la etapa mas temprana de su historia.

La verdad es que más allá del tamaño no hay diferencias anatómicas tan marcadas como uno esperaría y como pasa en otros grupos de cetáceos. Los balaenidos parecen tener una morfología bastante conservadora.

-¿A qué se puede deber?

-Evidentemente adquirieron una morfología que en un momento fue existosa y, por decirlo de alguna manera no necesitaron cambiarla a lo largo de tanto tiempo. Es un grupo que adquirió cierta morfologóa y se quedó en eso a lo largo de los millones de años de evolución. Evidentemente no hubo factores evolutivos, como la selección natural u otros, que tuvieran incidencia en la biología de este grupo. A diferencia de otros grupos de cetáceos  los balaenidos son bastante conservadores, si bien hay diferencias uno esperaría más, el más antiguo tiene 20 millones de años. Muchas de las cosas que cambiaron están vinculadas con el incremento del tamaño corporal.

– ¿El cambio del tamalo se debe al cambio de la temperatura del planeta?

La teoría del cambio del clima es una teoría que siempre anda dando vueltas pero no está confirmada. No tenemos del todo claro los investigadores qué fue lo que ocasionó que los animales se volvieran más grandes. Evidentemente el hecho de estar en el mar es un factor que influye, pueden tener el tamaño que quieran porque en el agua no tienen los inconvenientes que tendría un animal en la tierra que moriría asfixiado por su propio peso. En el agua eso es una liberación, por otro lado esa capacidad de poder ingerir grandes cantidades de alimento también propicia los tamaños tan grandes. Algunos hablan del clima, que es a causa de vivir en aguas más frías para reducir la pérdida de calor o una técnica antidepredatoria, son todas teorías… El del tamaño es un tema bastante complejo, el cambio no es lineal en todo el grupo, existe una diversidad de formas y tamaños que no es tan fácil asociarla con un factor. Quizá cada grupo tenga su propia explicación.

– Así como las ballenas no cambiaron demasiado su morfología en 20 millones de años ¿Cuánto cambió su entorno, cuán diferente era el Mar Patagónico 10 ó 20 millones de años atrás?

– Por ahora una de las primeras cosas que podemos decir es que el mar estaba en una posición muy diferente a la de hoy, estaba mucho más avanzado cubriendo gran parte de la Patagonia. El mar entró y salió del territorio varias veces en la historia de la tierra. En el caso del Mioceno hubo dos grandes eventos de ingresión uno en el Mioceno tardío y otro en el temprano. En el temprano ingresó hasta la mitad de la Patagonia, casi alcanzando la cordillera. Eso nos habla de una configuración diferente. Las reconstrucciones del mar que estamos haciendo hasta ahora nos hablan de un mar somero, de plataforma, como también se ve en la actualidad. Con respecto a la temperatura siempre se habló de un mar más cálido del que tenemos ahora. No era un trópico claramente, pero era un mar más templado. Esta información es parte de los desafíos futuros, comenzar a interpretar un poco mejor el ambiente donde estos animales vivían. Una vez que tenemos estos elementos y sabemos qué fauna vivía, podemos investigar qué tipo de interacciones tenían, cómo se alimentaban o si vivían en diferentes ambientes, por ejemplo. Esto es parte de lo que estamos investigando ahora.

– ¿El tamaño que tenían las poblaciones de estas ballenas puede inferirse?

Eso es bastante difícil de estimar porque uno con el registro fósil tiene un sesgo muy grande encontrando algo que se preservó porque es la excepción. Así que hacer estimaciones del tamaño de las poblaciones es muy difícil excepto que uno tenga casos particulares y tenga toda una comunidad preservada en un mismo nivel. Quizás en determinadas situaciones se pueda llegar a hacer con determinado grado de error, pero en nuestro caso no.

Uno lo que ve es determinada abundancia de una especie sobre otra y eso puede estimar que era una especie más común o no, porque también puede ser un sesgo de la preservación porque puede haber determinados grupos que por alguna razón se preservaron más que los otros y no necesariamente era más abundante.

-¿Cómo aparecieron los restos fósiles de la ballena articulada?

Estaba en Punta Buenos Aires en Península Valdés. Comenzamos la campaña en 2016 y terminamos de sacarla durante este año. Hubo varias denuncias de esa ballena yo la vi en 2010 por primera vez y ya había gente que la había visto. Fue complejo porque como estaba en un área protegida no se podía entrar con vehículos, además lo que se sacaba era algo sumamente grande entonces se tuvimos que hacerlo por agua y necesitamos la coordinacion entre diferentes áreas de la institución: náutica, automotores, parte técnica, fue un trabajo fantástico.

Se usaron lanchas como balsas y otra que las remolcaba y sacamos todo por agua hasta una playa donde se cargaron los bochones en la camioneta, el más grande pesaba entre 700 y 800 kilos, nuestro miedo era que se hundiera la lancha.

Para sacarlos realizamos una campaña previa donde se terminó la excavación, estabamos muy limitados afectados por la marea. Cuando se pudo terminar el trabajo de embochonarlos, se dejó todo preparado y fuimos otra vez con el equipo de lanchas a sacarlos.

-¿Esta misma dificultad que genera el tamaño se traslada al laboratorio?

-Sí, es necesario un espacio muy grande, lo que a veces complica el trabajo de investigación y almacenaje. Algunas cosas las preparamos acá otras pedimos ayuda a instituciones cercanas de esa manera lo vamos llevando adelante.

Fotos: Área Comunicación CCT CONICET CENPAT
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