El emprendimiento “Alfiler de gancho” cumplió 5 años

El taller de costura creativa “Alfiler de gancho” el pasado domingo 18 de noviembre celebró su quinto aniversario. Un emprendimiento que, no es poco, se sostiene en el tiempo, y más aun, que oficie de punto de partida para que otras personas lancen sus propios proyectos.

El mensaje del crecimiento colectivo es la filosofía del taller y así se evidenció durante la celebración donde se expusieron y también desfilaron sobre la pasarela otros emprendimientos independientes de indumentaria femenina, varios de ellos de alumnas que comenzaron y continúan sus clases en el taller: “Más allá de ser una salida laboral ver cómo crecen tus alumnas y pasan a ser colegas, es lo mejor que tiene este oficio” decía a Empresas + Negocios Silvina Scholz la creadora de Alfiler de Gancho.

Silvina trabaja para empoderar a otras personas, no solo para que sean emprendedoras, sino también para que venzan sus propios miedos al fracaso. “Para crear no existen límites” es el slogan del taller que tiene como valor diferencial dar clases de costura básica a personas sin conocimientos previos.

Es una especie de escuela de iniciación donde solo hace falta hilo, aguja y ganas de aprender. Más aun, Alfiler de gancho tiene como premisa básica que sus alumnas desde la primera clase se lleven algo hecho por ellas mismas.

Silvina Scholz, comentó que la organización del evento le llevó casi nueve meses “A través de desfiles de distintas vestimentas traté de representar lo que fueron estos cinco años” decía. Se pudo ver una inmensa variedad de estilos y segmentos de público como por ejemplo ropa de niños, vestidos de egreso, chaquetas de trabajo médico, biquinis y vestidos de gala de la colectividad italiana. También hubo pasadas de delantales de colegios y de amas de casa.

También hubo decenas de premios y regalos, pero el más esperado era el sorteo de una máquina de coser que se fue a casa con Silvia Ocampo, una de sus alumnas y colega docente.

Alumnas que tomaron vuelo propio: “Majoco” y “De Juerga”

“Majoco”, un emprendimiento de camisas a punto de presentarse en sociedad. Comenta que María José es una alumna del taller a quien incentivó para que genere su propio espacio como resultado de meses de aprendizaje y un talento innato.

También “De juerga”, un emprendimiento de su alumna Vera, quien se especializó en polleras de flamenco y ya se presenta en diversas ferias de diseño.

“Yo siempre digo que a través de mi emprendimiento creo colegas, no competencia. Esa es una de las metas más firmes que tiene Alfiler de gancho y es lo que también queríamos reflejar en este evento” dice Silvina Scholz.

Agradecimientos

Agradece a quienes la ayudaron para que el evento se pueda realizar, entre ellos a su familia, amigos, compañeros de trabajo, clientes y alumnas. Por otro lado también quiso mencionar el trabajo impecable y “a pulmón” de Ariel (locutor) Matías y Pablo (fotógrafos)
Oriana y Martina (recepción) Yamile y Pablo (mozos) Candy, Fer, Sil y Majo (armado).
Rosi y María José (diseñadoras invitadas). Las modelos: Mellis, Antonella, Gabriela, Stefanía, Morena, Antonella y Liss. A Piny (estilista unisex) y a Vanesa, María Rosa y Karina (make up). “Sin ellos no hubiera podido festejar los 5 años de Alfiler de Gancho” dice Silvina al finalizar la nota.

Buscando en el baúl de los recuerdos

Siempre una celebración obliga inevitablemente a realizar balances y mirar el camino recorrido. Por esa razón compartimos esta nota que hizo Empresas + Negocios en el año 2016.

En aquel momento estaba en una etapa inicial a pesar de sus tres años de trayectoria. Se definía como autodidacta, haciendo referencia al hecho de nunca haber estudiado formalmente corte y confección (aunque realizó diversas capacitaciones) y reconocía haber tenido una maestra de lujo: su abuela materna, Elsa Regina Mons.

La entrevista transcurrió en su taller. Un espacio que bien podría ser una casa de muñecas, donde costaba sostener la mirada por la tentación de observar detalles encantadores sobre las paredes y en cada rincón. Lo definía como su lugar en el mundo, donde no existían los relojes, donde el tiempo se dimensionaba por la luz del sol o por la producción lograda. Más aun, cuando se le consultó cuándo nació el emprendimiento afirma que desde el día que consiguió el taller. En el momento de la entrevista cumplía tres años.

¿Te costó tomar la decisión de emprender tu propio proyecto?
– Sí, me costó mucho dejar de trabajar en relación de dependencia, más bien ¡me aterraba! (Coincidimos en que es una sensación parecida a que de pronto te suelten la mano). Pero la verdad es que yo de cada trabajo de oficina que tuve, regresaba a mi casa y me sentaba en la máquina a coser.

¿Qué cosías?
– En ese momento desarrollé una marca de ropa para niños, la llamé “Emilia, ropa chiquita” (sueña con ser madre y que su primera hija se llame Emilia) y con esas creaciones me presentaba los fines de semana en las ferias de diseño. Era tal la inseguridad que tenía que la mezclaba con ropa diseñada por una colega de Rosario, y recién después que elegían algo hecho por mí me atrevía a decirle que lo había hecho yo misma. Con el tiempo me di cuenta que prefería la costura creativa, desarrollar cosas nuevas como colchonetas para niños, mascotas, accesorios del hogar y por sobre todas las cosas enseñar.

Contame acerca de tus clases y tu perfil docente.
– Como te dije, mis alumnas se llevan algo hecho desde su primera clase. Prefiero empezar por la práctica y luego ver teoría o moldería. No todo el mundo busca lo mismo. Lo mismo que no les exijo tengan máquina ni nada por el estilo, acá está todo a disposición de ellas para que usen y vean si realmente les gusta o no. También les transmito lo que me enseñó mi abuela, a no tenerle miedo ni a la tela ni a la tijera. Quiero que ese temor no exista donde yo dé clases. La tijera es una herramienta de trabajo que te ayuda a crear. A lo sumo les recomiendo practicar antes en una sábana vieja, o un trozo de frizalina, y en el peor de los casos compramos otra vez la tela (risas). Eso que te sale de adentro en cuanto a inspiración y creación no se tiene que cortar por el miedo.

Confiesa su método de iniciación de alumnas. Nos comenta brevemente cómo estructura las primeras tres clases:
“En la primera clase hacen un individual. Parece tonto pero practican costura recta y el unir las esquinas. En la segunda clase, costura superpuesta, dos telas y una entretela. Se llevan una agarradera. En la tercera clase aprenden a coser de manera curva. Hacemos manoplas. En el Colegio de Oficios (donde concursó y fue seleccionada para brindar el taller de corte y confección) tengo que seguir un programa. A veces ocurre que el programa de corte y confección se quedó en el tiempo. Estamos trabajando en propuestas para hacer algunas modificaciones sin que desde ya se pierda la esencia que es tan linda. Me refiero más a incorporar nuevas técnicas como el patchwork.

Alfiler de gancho también oficia de “Incubadora de emprendedoras”:
“Tengo alumnas que ya son emprendedoras. Una hace carteras, otra monederos, y otra hace vestidos y ropa de diseño. Colegas me han dicho que por qué las incentivo tanto, que el día de mañana serán competencia, y yo les respondo que no, que al contrario, me enorgullece verlas progresar. Hasta les enseño sobre costos. No quiero que regalen su tiempo ni sus creaciones”.

Mientras transcurre la charla le preguntamos cuándo es su próxima fecha para participar de alguna feria. Responde que aún no sabe porque está totalmente abocada a sus alumnas a quienes convenció para que se presenten. Algunas por primera vez. “Para la próxima feria estaba invitada pero preferí ir acompañando a mis alumnas y ayudarlas. Quiero darles su espacio y que crezcan ellas. Amo enseñar y todo vuelve. Ver a niñas de 7 años cosiendo me llena de orgullo y felicidad”.

¿A qué edad comenzaste vos?
– El primer recuerdo que tengo es a los cinco años cuando a raíz de una operación tuve que estar mucho tiempo sin salir de casa. Me regalaron esta minimáquina anaranjada (nos la muestra) y recuerdo que mi abuela mandó a redondear la punta de una tijera para que no me corte. Después a los once años hacía botas de Papá Noel, o ropa de muñecas. Luego de adolescente compraba retazos de tela con lo que hacía mis propias prendas de ropa.

¿Cuál fue el desafío más grande?
– El vestido de novia de mi hermana. Fue para mí lo más grande que hice. Imaginate, no solo que era su casamiento sino que además era mi hermana. Pero siguiendo la enseñanza de mi abuela, cuando apareció con la tela comprada la desplegué en una mesa y empecé a cortar. Sin dudarlo. Claramente llevo la costura en la sangre.

¿Tu vestido de novia quién lo hizo?
– Me casé con jeans y zapatillas (risas). Fue algo muy íntimo, un civil adonde llegué andando en bicicleta. Sí me ocupé de coser todas las telas para el salón y los tres vestidos para mis sobrinas.

Alfiler de Gancho da clases grupales, individuales, para adultos y para niñas. También enseña técnicas como bordado mexicano, patchwork, moldería, etc. Pueden encontrarla en Facebook como Alfiler De Gancho Silvina Scholz o al celular 154-133350.

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