Adiós a la temporada del langostino en aguas nacionales

Decenas de marineros cargados de equipajes y de sueños por cumplir le dijeron adiós a la última marea del año. Apostados frente a la entrada del puerto la mayoría llevaba en su haber un promedio de 4 meses de zafra en aguas nacionales, y se mostraban ansiosos por llegar a sus casas ubicadas a miles de kilómetros de distancia.
Puerto Deseado, (C).-“La última marea es siempre la más larga, no termina jamás pero por suerte ya estamos en tierra”, comentó un marinero correntino.

Mientras arrastraba una pesada valija negra tras salir el Arbumasa X, el trabajador le contó a Crónica que tenía el mejor plan del mundo; “espero llegar pronto a la casa para disfrutar junto a mi familia y darles lo mejor con la plata que gané trabajando”, señaló emocionado mientras posaba feliz para la foto junto a dos compañeros del mismo barco.

En medio de un inusual mediodía abrasador los tres hombres relataron que el Arbumasa X finalizaba la temporada con un total de 16 mareas en su haber y un historial de bodega completa, salvo este último viaje que ingresó con 72 toneladas “porque el pescado ya estaba aflojando mucho”.

Con excepción del Miriam, el Tabeirón Dos y el Mar Austral que decidieron seguir probando suerte en el paralelo 41, el resto de la flota tangonera comenzó a llegar el viernes tras finalizar una marea signada por varios días de intenso temporal donde las capturas se redujeron de forma abrupta. “Los últimos días no se pescaba nada, era una agonía porque todos estábamos contando las horas para que llegue el final” detalló un marinero de Argenova, que llevaba un total de 12 mareas realizadas y también varios planes ni bien arribara a su Corrientes natal. “Primero arreglarle la casa a mis viejitos que está muy fea, y levantar una pieza de material con carpeta y cerámicos, hasta donde me alcance la plata”, dijo esperanzado.

Acostumbrados a vivir a las orillas de la desgracia muchos marineros se embarcan por sueños parecidos que se renuevan con cada inicio de temporada, junto con el pedido de nunca falte el langostino, pero ese pedido pareciera no depender solo de la fe.

El arribo de los barcos representó una brisa de aire primaveral para cientos de estibadores que entre el lunes y el martes descargaron unas mil toneladas de langostino a ritmo lento que se apuntarán a las  casi 38 mil toneladas que se desembarcaron por el puerto deseadense entre el 1 de enero de este año al 8 de noviembre. “No hay apuro” señalaban a esta cronista dos avezados portuarios, como si quisieran detener la rueda que mueve los días, acaso porque saben que después de la última descarga habrá una larga espera  hasta la llegada de la flota potera a mediados de enero, espera apenas interrumpida por los arribos esporádicos de los buques que operan sobre la centolla.

 

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