“Cuando se pierde una lengua, se pierde mucho más que un sistema lingüístico”

Lucía Golluscio, lingüista especializada en el estudio de lenguas indígenas americanas (FOTO: C. RODRÍGUEZ/ CONICET).

Lucía Golluscio fue premiada por la Fundación Humboldt por su investigación de las lenguas originarias en peligro. Desde hace 40 años, la investigadora del CONICET trabaja en colaboración con los hablantes indígenas en la documentación de sus lenguas.

(Por Cintia Kemelmajer) Una tarde de 2003 en su casa del sur del Gran Buenos Aires, Don Mario, un anciano jubilado que hoy tiene 85 años, volvió a hablar su lengua de origen después de cuarenta años de no hacerlo. Nombró el sol, los números, los colores. Nombrarlos fue hacer que sus oídos, los de su hija y de sus nietos, se llenaran de los sonidos vívidos de una lengua ancestral silenciada e invisibilizada, el vilela. Una de las dieciocho lenguas de Argentina que según la UNESCO están en distintos niveles de peligro. Don Mario había dejado de hablar su lengua cuando se radicó cerca de la Capital, en los años 60: no necesitaba usarla en su trabajo ni para socializar con sus nuevos vecinos. Algunos años después, la imposibilidad se haría mayor, porque ya no quedarían hablantes de vilela con quienes pudiera conversar.

Sin embargo, Don Mario fue dejando aquella lengua resguardada en algún lugar especial de su memoria, un lugar al que no había vuelto hasta que se cruzó en su camino la investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Lucía Golluscio y su equipo, comprometidos con el proyecto de ubicar a representantes de las últimas generaciones de hablantes de esa lengua originaria del Chaco.

Gracias a Don Mario, se pudo recuperar, además del idioma, el conocimiento sobre los rituales y los cantos vilelas, “porque la lengua de un pueblo no es solo su paradigma verbal: siempre está asociada al contexto sociocultural de los hablantes –explica Golluscio–. Las lenguas pueden morir por distintas causas, pero en el caso de Argentina, fue determinante la ideología lingüística hegemónica que impuso el español. Esta ideología monolingüe y monocultural atraviesa toda la historia desde la Conquista y fue un componente central en la fundación del Estado nacional, que acompañó a un proyecto político-económico en el que ni los pueblos originarios ni sus lenguas tenían un lugar. Con intereses concretos sobre las tierras, ese proyecto que se logró implementar con matanzas masivas de indígenas y expulsión de sus territorios originales y trabajo semi-esclavo de los sobrevivientes”.

Para Golluscio, “cuando se pierde una lengua, se pierde mucho más que un sistema lingüístico, lo cual, por otra parte, constituye ya de por sí una tragedia. Se pierde un componente fundante de la identidad y la expresión de un pueblo. Significa además una pérdida irreparable para la humanidad, no solo por el valor científico, intrínseco al conocimiento de esa lengua particular y más amplio, por los estudios genealógicos, de contacto, tipológicos, que iluminan relaciones entre las lenguas pero también entre los pueblos que las hablan, sino por el caudal de conocimiento y el valor simbólico que cada lengua entraña”.

Un futuro de silencio

Según el Programa de Documentación de Idiomas en Peligro de Extinción, que depende de la Universidad de Londres, hoy en día se hablan alrededor de 6500 idiomas en todo el mundo y al menos la mitad de ellos se habrá quedado en silencio para fines de este siglo.

El tema de las lenguas en peligro se instaló en la agenda internacional en 1992, a través de un dossier de la revista Language. Para contrarrestar ese efecto que pareciera inevitable, surgió la lingüística de la documentación. En 1998, un artículo publicado en la revista Linguistics retomó el tema y definió a la lingüística de la documentación, diferenciándola de la lingüística descriptiva. “Allí se implantó la urgencia de la documentación lingüística ante la retracción y posible desaparición de lenguas en el mundo”, señala Golluscio. “La tarea tomó un carácter de urgente; los lingüistas tomamos consciencia de la rapidez de los procesos de retracción y posible cambio de lengua hacia la hegemónica: al regresar a la comunidad, años después de los primeros trabajos de campo, muchas veces encontramos menos hablantes, y notamos que se ha roto la transmisión intergeneracional. Aunque existan todavía hablantes fluidos de una lengua, si sus hijos y nietos hablan en español, esa lengua en pocas generaciones va a estar en extremo peligro. Es necesario encarar acciones urgentes que reviertan esa situación”.

Inscripta dentro de esa corriente, Golluscio advierte que “como lingüistas no hacemos salvataje, más bien relevamos, registramos todas las expresiones en sus distintos géneros, modos de habla y variedades de las lenguas, en colaboración con los hablantes,   y cuidamos de preservar esos registros en formato digital, depositarlos en un archivo y contribuir a su difusión. También colaboramos en actividades de revitalización protagonizadas por las mismas comunidades”.

Una guardiana de las lenguas

Lucía  Golluscio, es lingüista especializada en el estudio de lenguas indígenas americanas en su contexto socio-cultural (especialmente mapudungun y vilela, lengua chaqueña en extremo peligro).

Es doctora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos  Aires (UBA).  Profesora Titular de Etnolingüística en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires e Investigadora Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Recientemente, recibió el Premio a la Investigación Georg Forster en el Área Lenguas no europeas, Lingüística histórica y Tipología, otorgado por la Fundación Alexander von Humboldt, Alemania. La investigadora también es miembro equipo coordinación del Área de Investigación del CAICYT, CONICET.

Mapa de lenguas en la Argentina

¿Cuál es el panorama de las lenguas en la Argentina? “La situación en nuestro país es comprometida –advierte Golluscio-. La hegemonía del español es muy poderosa. Es urgente completar la documentación y descripción colaborativas de la totalidad de lenguas originarias habladas en nuestro país, e intensificar de manera sistemática las acciones de desarticulación del prejuicio social e incremento de autoestima de los miembros de las comunidades, y de revitalización, transmisión y uso de las lenguas”.

Las lenguas originarias se concentran en su gran mayoría en la región del Chaco argentino, donde se hablan al menos nueve lenguas pertenecientes a cuatro familias lingüísticas distintas. Además, otras lenguas habladas en el país son: en Jujuy el quechua, en Misiones el mbya guaraní, en Corrientes y Formosa el guaraní, y en Santiago del Estero, el quichua santiagueño. En el Sur del país, en cambio, las lenguas originarias habladas son solo dos, el mapuche y el tehuelche, esta última en situación muy crítica: ha sido catalogada como una de las lenguas en peligro de extinción. Otras lenguas habladas por migrantes de países limítrofes en Argentina son el quechua, el aymara y el guaraní paraguayo.

La investigadora se embarcó en el estudio de las lenguas habladas por los nativos ni bien terminó de cursar la carrera de Letras en la Universidad de Buenos Aires. No porque hubiese cursado ninguna materia referida a lenguas indígenas, sino que su primer cargo como docente universitario fue en el Centro Regional Bariloche de la Universidad Nacional del Comahue, y allí fue invitada a participar de un proyecto de investigación interdisciplinario sobre comunidades mapuches de Neuquén. El primer trabajo de campo al que asistió fue un camaruco: el ritual característico de los mapuches para atraer los buenos augurios para el año. “Fue como una ceremonia vocacional –recuerda-: cuando volví de ahí en tren hacia Bariloche tuve la certeza de que me quería dedicar a eso toda mi vida”.

Desde entonces hizo su tesis doctoral sobre la lengua mapuche y la comunicación etnolingüística en comunidades mapuches de la Argentina y luego, al entrar a Carrera del Investigador, continuó en esa línea hasta hoy. Junto con un equipo interdisciplinario integrado por antropólogos, lingüistas y etnomusicólogos, Golluscio dirigió un proyecto de documentación de cuatro lenguas pertenecientes a las cuatro familias lingüísticas que se aglutinan en el Chaco: además del vilela, el mocoví, el wichí y el tapiete. Este proyecto estuvo inscripto dentro del Programa DOBES de documentación de lenguas en peligro. Lo hicieron a través de trabajos de campo, con entrevistas en videos, observaciones, registro de rituales, de conversaciones, talleres con niños de los distintos Pueblos, análisis de sus narrativas. Los resultados se volcaron en publicaciones para las comunidades. En el caso del tapiete, colaboraron para implementar un sistema de escritura consensuado con la comunidad.

Ahora, todo ese trabajo está disponible en el Laboratorio de Documentación e Investigación en Lingüística y Antropología (Archivo DILA) del CAICYT-CONICET, cuya responsable académica es la doctora Golluscio, y su repositorio digital que contiene las colecciones de documentos y datos primarios de todas estas investigaciones y otras, donadas por investigadores de distintas disciplinas de las Humanidades. El objetivo es que esos registros, señala la investigadora, es que puedan ser multipropósito: que sirvan para la investigación interdisciplinaria, pero también y especialmente “para las comunidades en el futuro, para preparar materiales, para los Estados, para hacer políticas lingüísticas que tengan en consideración, en síntesis, la diversidad lingüística y cultural del país”.

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