Leonardo Santander, embajador del viento

Fotos: Ricardo Linares/Pablo Bretts

(Por Flor Nieto) Se abre el telón, se persigna, mira al cielo, agradece y comienza a zapatear. Empezó a bailar en la Unión Vecinal de Laprida, en El Camaruco, y ahora, lleva el folklore argentino por el mundo. En Los Potros, en Pucará, en Malevo, en el Teatro Colón, en realities internacionales, en la pantalla de Susana Giménez y Marcelo Tinelli. Hace 5 años trabaja en cruceros y recorre los mares deleitando turistas que, sin demasiado éxito, intentan imitar sus pasos. Es fuerza, es gracia, es pasión, es garra, es intensidad, es talento. Y, si el viento danzara, seguro lo haría como Leonardo Santander.

Comenzaste a bailar a los 5 años ¿Cómo sucedió?

Di mis primeros pasos en la Unión Vecinal de Laprida, en la filial El Camaruco. Siempre mi abuelo me hacía escuchar música, me contaba cosas, me hacía bailar y zapatear y yo movía los pies. Mi tío Luis tocaba en Los Legüeros, mi papá escuchó folklore toda la vida. Tenía 3 o 4 años, pero esperaron hasta los 5 y me llevaron. Sentía felicidad porque estaba haciendo algo que me gustaba. En mi casa estaban tranquilos que iba, hacía la actividad y cuando tenía que bailar, bailaba. Recuerdo a los profesores, empecé con el Pollo Morales, Patricia Raduan. La dirección era de María Juana Cereceda y de Hugo Balverdi. Estuve en El Camaruco hasta los 11 años, después nos mudamos a Palazzo. Tuve la suerte de conocer a Silvio Salvador, que estaba dando clases en la Unión Vecinal y ahí seguí hasta que me recibí de maestro. Hugo Giménez, director del Ballet de Salta, tomaba los exámenes. A los 19 años me vine a Buenos Aires.

¿Qué significa la danza? ¿Y el folklore?

Para mí la danza es todo. Es mi vida, es el trabajo, es la posibilidad de darle de comer a mi familia. Felicidad, amor, pasión, locura. Todo eso envuelve, sentimiento puro. Cuando uno baila deja todo, arriba del escenario, en los ensayos. El folklore, mis raíces, abuelo, tío, padre, para mí significa mucho. En la casa, los fines de semana, mientras hacían el asado, las empanadas o el locro, alguna reunión familiar, siempre había folklore, discos, cassettes, siempre fue parte de mi vida.

¿Qué tenés del Norte? ¿Qué tenés del Sur?

Del Norte tengo todas las raíces, la música, las costumbres, la comida, la familia, la sangre. Mi papá es jujeño, mis abuelos catamarqueños. Del sur también porque mi mamá nació en Comodoro. Nosotros somos comodorenses, somos patagónicos. Uno tiene todo, el calor y el frío en el cuerpo, la fuerza del viento. Siempre lo tuve conmigo. Tengo una mixtura del sur y del norte.

¿Cómo llegaste a Malevo?

Yo ya estaba trabajando en Impact, una compañía que se formó con unos productores de Las Vegas. Ya estábamos trabajando en los cruceros para Royal Caribbean y otras empresas del mundo. Entramos en el evento del Bicentenario en el Teatro Colón en el 2016. Hice la presentación en el Colón, en Susana Giménez, Marcelo Tinelli, el reality show en Francia, sería El Increíble Talento Francés pero yo siempre pongo France’s Got Talent para que la gente lo asimile un poco mejor -risas-. Con Malevo hicimos varias presentaciones, en el Festival Internacional del Lollapalooza, en Le plus grand cabaret du monde. Estuve 8 o 9 meses, seguía con las giras en los cruceros y trabajando en las escuelas así que después dejé. Fue una experiencia muy linda. Gracias a ellos también el folklore tuvo más aceptación todavía a nivel mundial. En Argentina siempre pasa que tenés que hacer algo afuera para recién ser reconocido y eso la verdad que habla mal de nosotros. Hay muchos chicos muy buenos en la danza.

Leo Santander brilló junto con sus compañeros de Malevo en America´s Got Talent

Los Malevo, desde America’s Next Talent se definieron como chicos que venían de barrios periféricos, de villas, sin electricidad ni agua. Dijeron que la danza era una forma de salir de la calle, de alejarse de la cárcel e inclusive de la muerte ¿Cómo lo ves?

Suena muy fuerte pero realmente es así. Como toda actividad, fútbol, danza, música, lo que sea, te aleja de todo eso. Sirve para todos los chicos que quizás no tuvieron una crianza como corresponde. No todos tienen las mismas posibilidades. La danza es una herramienta muy buena para mantenerlos alejados de todos los peligros, tanto de la droga, del alcohol, del robo, de hacer macanas, terminar en la cárcel y después lamentarte toda tu vida porque, suena muy feo, pero no tenés chance de volver a ser el mismo cuando pasás esas cosas. Me imagino y lo veo porque pasa. El otro día hablábamos con amigos que el folklore cura, cura el alma y hace muy bien. Está muy bueno que los chicos tengan la posibilidad de ir a talleres en los barrios, que los padres puedan mandarlos ahí tranquilos sin tener que pagar una cuota alta.

Muchos chicos y adolescentes te consideran una inspiración ¿Cómo lo tomás?

Es muy grosso porque uno no toma magnitud de lo que logró. No es que uno se la cree ni nada, sino porque uno es así. Uno es sencillo, trabajó y estudió para eso. El apoyo de mi familia fue muy importante, por eso no me alcanza la vida para agradecerles a mis viejos todo lo que hicieron por mí -para- Ay, se me hace un nudo. Adonde voy lo digo, en cada seminario, en las escuelas. Acá he ido a dar clases en colegios de las villas, alumnos con los padres muertos o presos, uno se gana el respeto. Es muy importante porque hoy en día no se respeta a cualquiera ni porque sí. Hay que caerle bien a la gente, demostrarle que el trabajo que hace uno es sano y va más allá de enseñar pasos de baile, es enseñar valores para la vida.

Tus performances son muy poderosas, muy intensas, muy fuertes ¿En qué pensás mientras zapateas?

Vos me querés hacer llorar ¿No? -risas-. Uno arriba del escenario piensa en todo,  hace su performance al 100%. Hay que dar todo para el público, ser lo más profesional que se pueda, hacer bien el trabajo y que te sigan contratando. Lo nuestro es así, tenés que andar bien y estar bien físicamente. Por el otro lado, esté donde esté, siempre pienso que está mi familia mirándome. Uno baila para ellos. Te sentís fuerte, te sentís libre, te sentís con toda la energía y eso hace que puedas brindar todo al máximo. Se abre el telón, me persigno, miro al cielo, agradezco y a zapatear nomás.

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¿Cómo es estar de gira?

Horrible, horrible, feo -risas-. Viajar es hermoso. Cuando estaba en Comodoro viajábamos a Caleta, a Sarmiento, a Truncado. Después en Buenos Aires uno se empieza a mover por otros ambientes y aprender otras cosas, ya tenés la posibilidad de entrar a trabajar en un teatro y ya salís de gira, viajás por el país. Ni hablar cuando empezás a trabajar para una productora de afuera y hacer giras internacionales. Uno siempre tuvo el sueño de conocer algún país. Por medios propios vas a ahorrar toda la vida para hacerte un viaje de 15 días. Por mi trabajo, tengo la posibilidad de visitar muchísimos lugares y voy a seguir hasta que no baile más. Es un placer conocer otras idiosincrasias, otras culturas. Nunca me lo imaginé en mi vida y gracias al baile lo pude hacer. Nada más lindo que vivir de lo que a uno le gusta.  La respuesta de la gente es increíble. Asombra, da gusto ver que la gente se quede anonadada. Terminás de bailar, se te acercan y te preguntan cómo hacés para doblar el pie, si no te duele, cómo entrenás, te imitan bailando y te cagás de risa porque te sorprende. Eso quiere decir que uno le llega a la gente, se llevan un buen recuerdo de nuestro folklore. Quiero felicitar a todos los que hacemos folklore tanto en la danza como en la música y decir que se queden tranquilos, que tenemos buenos exponentes para llevarlo a lo más alto.

Por acá también pasa, a los actores culturales recién se los nota cuando hacen algo afuera. Tanto afuera de Comodoro como afuera del país ¿Existe una miopía constante con los artistas locales que triunfan fuera de la ciudad o simplemente nadie es profeta en su tierra? 

Nadie es profeta en su tierra, es así. La gente reconocida en su lugar de origen debe ser muy poca. A algunos les lleva más tiempo, a otros menos y a otros no les llega nunca. Es feo por un lado porque te duele no ser reconocido en tu lugar. En mi caso el reconocimiento costó pero no me importaba, a mí me importa el aplauso. Eso es lo que le dan a uno como artista. Saber que la familia está tranquila con los logros de cada uno eso ya llena. El reconocimiento de otra gente, si viene viene y si no no importa, no hay que desesperarse. No te voy a negar que es lindo y más en tu ciudad de origen. Lo mío tardó en llegar si bien había gente que sabía que ya viajaba por todos lados y trabajaba en teatros, había ganado Cosquines en Malambo y todo eso. El reconocimiento llegó en el 2016 con Malevo y estuvo muy bueno. Me hicieron una entrevista en el Lucania, fue Canal 9, la radio, los diarios y sentí que había llegado la hora. Es muy lindo sentir el reconocimiento pero siempre con los pies en la tierra. Hay que seguir laburando, hay que seguir perfeccionándose porque hay que seguir comiendo -risas-. Nunca hay que dejarse estar, hay que perseguir los sueños, hay que meterle porque si uno no activa para lo que uno quiere nadie te va a llevar de la mano. Si tenés el respaldo de tu familia buenísimo, eso te va a ayudar mucho, pero hay gente que conozco en Buenos Aires que no lo tiene. Tenés que salir a vender café en las calles, alfajores, masitas, limpiar esto o lo otro para poder comer, para pagarte la pensión o la clase de lo que sea. Siempre que tenés el objetivo claro vas a hacer lo que no te imaginaste para poder lograrlo.

¿Y cómo sigue el año?

Estuve desde principio de año hasta mitad de mayo de gira. Por el Caribe, Canadá, Estados Unidos, Chile, Perú. Hacemos Costa Atlántica, Pacífica, hasta Alaska. Estuve 3 meses con la familia, descansando y trabajando, dando seminarios en Las Heras, en Comodoro, Caleta Olivia y Buenos Aires. Disfrutando a mi hijo, a mi familia, mi mujer. Contentos los tres en casa. Después viajo y hasta el 11 de diciembre no vuelvo. Hacemos Caribe, Estados Unidos, Canadá y otros lugares. Con todas las ganas y la energía de que siga saliendo trabajo, va a ser bienestar para uno y la familia.

Después de la entrevista y antes de emprender viaje, Leo pregunta si puede mandar saludos. Le respondemos que por supuesto. Y dice: “Saludos para toda mi familia, papá Marcelo, mamá Mirta, hermano Alejandro, mi cuñada Ivana. Mis abuelos, mis tíos, los Carrizo, Segovia, Rodríguez, que siempre apoyaron. A todos mis compañeros de la danza en Comodoro Rivadavia, gracias a Dios cada vez que vuelvo nos encontramos. Gracias a la gente de Laprida que me dejó trabajar en el seminario, a toda la nueva comisión. Mandar saludos a todo Comodoro y decirles que nunca abandonen su sueños y que no le aflojen, que sigan para adelante con lo que se propongan. Si tienen el apoyo de la familia, mejor, si no hay que pelearla solito pero tarde o temprano llega”.

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