Pablo Bernasconi en su universo infinito

(Por Flor Nieto) Idea, texto, ilustración y diseño. Hace todo. Para describirlo solo existe una palabra: Bernasconi. De chico llegó al Sur y de grande volvió. Se recibió de Diseñador Gráfico en la Universidad de Buenos Aires y ese solo fue el comienzo. Desde Bariloche trabaja para el mundo. Primero para él, después para el resto. Damas y caballeros, un pequeño vistazo al universo infinito de Pablo Bernasconi.


-¿Qué querías ser de chico?

De chico tenía mini decisiones tomadas, que no tenían nada que ver con lo que hago ahora. Eran básicamente tres: ser bombero -muy clásico-, o veterinario o piloto. Fui las tres cosas pero ahora no me dedico a ninguna de ellas. Fui bombero forestal, no fui veterinario pero tenía un taller de reparación de perros en mi casa y soy piloto. De chico no tenía el deseo de ser escritor ni ilustrador o dibujante.

-¿Cómo era el Taller de Reparación de perros?

En Bariloche hay mucho perro cimarrón, mucho perro no de la calle sino de la montaña. Son perros bravísimos, pelean todo el tiempo, son muy territoriales, siempre están en disputa, lastimándose. En casa teníamos tres perros así, los arreglábamos a ellos más que nada porque nos salía muy caro llevarlos al veterinario cada vez que se peleaban. Ya directamente los cosíamos nosotros, con mi viejo, los curábamos. Después venían amigos de estos perros. Se corrió la bola, no sé qué pasó -risas-. Venían solitos y nosotros los arreglábamos. Esa especie de servicio a la comunidad perruna duró poco pero bueno, aprendí mucho curando perros.

-¿Y qué querés ser de grande?

Eso sí es parecido a lo que estoy haciendo ahora. Un híbrido que combina las artes plásticas con la literatura, ahora por ejemplo con lo teatral, con la música, todas esas cosas para explorarlas son infinitas. Tiene mucho por delante y eso a mí me entusiasma.

-¿El diseño gráfico es arte?

El diseño gráfico es arte aplicado. No es arte con un punto. Implica que es una herramienta de comunicación que, a través del arte, genera piezas desde la belleza. El arte aplicado es un tipo de arte y el diseño gráfico es una forma de expresar ese arte, siempre con un resultado que tiene que ver con la comunicación.

-¿Cómo llegaste a la ilustración infantil?

Un poco por accidente. Lo que pasa es que yo nunca entendí que lo que yo hago es ilustración infantil. Ni siquiera le llamo así, le llamo ilustración para literatura infantil y juvenil, pero fue por accidente. Yo trabajaba en un diario y una editora, hace ya un montón de años, me llamó para ilustrar un libro para niños. Lo ilustré, después empecé a ilustrar otros autores y después empecé a generar mis propios textos e historias. Tuve la potestad de generar todo el libro en diseño, ilustración, texto y la idea. Ahí se empezó a amalgamar la idea de libro algo, donde tenía mucha presencia de imágenes pero también mucha presencia retórica desde lo literario.

-¿Tenés algún personaje favorito?

Por lo general, mis personajes empiezan y terminan en una historia y se acabó. Sí hay una impronta muy personal que me ayuda a elaborar cada uno de estos personajes. Siempre trabajan desde el absurdo, con la imaginación, con la inventiva y la creatividad. Desde algún lugar, son historias que están todas vinculadas por estos cuatro ítems. Son muchísimos los que hice, algunos me parecieron mejores que otros pero no tengo favoritos. A mí forma de ver hay cosas que son mejores, que tienen más capas de sentido, que son más interesantes, más proyectables a otro tipo de profundidad pero no es que me encariño. Con lo artístico no suelo encariñarme, salvo con las últimas piezas, bueno ahora El Infinito. Hay un personaje acá que es un rey, ahora estoy armando una muestra entonces es todo mucho más próximo y lo siento más cercano pero solamente porque es lo último que hice.

-¿Cuál fue tu obra más desafiante?

En cada desafío voy redoblando la apuesta. En cada libro agrego más complejidad y más profundidad en ciertos aspectos que a mí me interesan. Como desafío, por ejemplo el último libro, el anterior a éste, Mentiras Y Moretones, lo fue porque era muy autoreferencial. Tenía el desafío de esconder las historias reales dentro de estas historias que combinaban el absurdo, el humor y cierto aspecto dramático también. Para mí eso fue un desafío, el hecho de disfrazar eso y a la vez no perder calidad ni calidez.

-La lectura, el aprendizaje, la creatividad son también herramientas de transformación social ¿Es la finalidad de tu arte o es algo que surge después?

Surge después, no es adrede. Si bien considero que sí, que el artista tiene una incidencia en lo social, influye de muchas formas en el comportamiento de la sociedad a veces para bien y a veces para mal, me parece que cargar de esa responsabilidad al trabajo del artista de antemano me parece demasiado. No creo que esté bueno ni que ayude a que esa obra sea mejor, sí entender que esa incidencia se va a producir. Una cosa es el artista consciente y otra el artista responsable, para mí no tiene nada que ver uno con el otro. Antes de hacer una obra no estoy pensando que quiero cambiar nada.

-Muchas de las grandes obras surgieron así también, sin pretender ni buscar el impacto. Hay muchas definiciones y concepciones también desde el origen. Para vos ¿De dónde viene el arte? ¿De dónde viene tu arte?

-El arte viene de una pulsión. Es la palabra más efectiva y coherente que puedo pensar. Es una pulsión, un “intento de”. Es como algo que uno sostiene y se libera a través de lo artístico, ganas de hacer algo y uno que conoce que su herramienta es el arte puede ayudar a que eso cobre vida. A veces esa pulsión, por otro lado, puede surgir de un hecho social que a uno le genera algo, bronca o alegría o lo que sea. Transformar eso, bueno o malo, en una historia es una especie de traducción personal. Una cosa así. En mi caso funciona así. Hay otro tipo de arte que funciona por encargos que no tienen los mismos orígenes pero a veces terminan en los mismos lugares.

-Dicen que cada obra tiene algo del autor, de lo más abstracto a lo más figurativo ¿Qué tienen tus obras de vos? ¿Dejás mensajes secretos?

Mis obras tienen muchísimo de mí. Para empezar los puntos de vista, lo que más influye en la obra de un artista frente al artista, una forma de ver las cosas. Todos vemos las mismas cosas pero todos las vemos de formas diferentes. Hay cierto tipo de ironía, cierto lugar para el humor, cierta candidez, cierto encuentro con algún niño que pude haber sido yo o mis hijos, hay puntos de conexión y eso le da el color personal a cada obra. Cada obra responde a cada artista, cuando es original u honesta. Pistas sí, mis obras en general tienen esa particularidad. Me dedico a plantar un montón de pistas, algunas están mucho más camufladas que otras pero para mí ese recuento por parte del lector es algo que me genera mucho placer. A mí me pasa con obras de otras personas así que yo lo hago con las mías. Puedo situar esto acá, esto acá y esto allá y si alguien lo llegara a sumar va a entender esta otra cosa. Hay como mecanismos o artefactos retóricos que básicamente están tratando bien al lector. Yo creo en eso, tratarlo bien al lector es tratarlo con respeto, entender la inteligencia del otro. Trabajo con eso y es lo que más me entusiasma

-Finalista del premio Hans Christian Andersen, también conocido como el pequeño Nobel ¿Qué significan los premios para vos?

Los premios en general para mí han significado dos cosas separadas, a nivel personal y profesional, que no son lo mismo. A nivel profesional los premios son trampolines, te suelen dar una inercia que antes no tenías, despiertan intereses en editores, medios, un universo que se abre porque el premio te pone en esa vidriera. A nivel personal, a mí me dejan con un sabor a deuda siempre. Cuando gano algún premio, o este mismo de Andersen, lo que veo es toda la herencia que se posa sobre mis hombros en ese momento particular, que es toda la gente que antes construyó todos los puentes para que hoy me toque a mí. En este caso, que es un premio a la literatura infantil y juvenil del mundo, no es premio a mí. Yo lo entiendo así, es un premio a la construcción que hizo la Argentina durante 40 años para estar ahí hoy y hoy yo soy heredero de eso. Entender eso te ubica no como individuo sino como resultado de una cadena de personas que construyeron eso.

-¿De qué se trata El Infinito? ¿Qué hay en el Infinito?

Para definirlo en una entrevista va a ser complejo -risas-. Es un libro que en realidad es una excusa. El tema es una excusa. Es el tema más difícil que se me ocurrió, más expandible, más inmenso y más inabarcable que encontré o que pude elegir para llevar adelante esta especie de ensayo o tesis que tiene que ver con la diferencia y el encuentro entre belleza y verdad. En qué momento se nos enumeran verdades cuando somos niños, cuando somos adultos de forma intachable y por qué medios se nos cuentan las verdades, desde qué lugar observamos la verdad como algo que se desmorona cuando simplemente no hay forma de abarcarlo. Por ejemplo, el infinito. Entonces lo que yo propongo es que la metáfora, la retórica y las herramientas de la poesía sobre todo, tiene soluciones y formas de explicarnos las cosas que tienen una escala humana mucho más accesible que, en muchos lugares, la ciencia o la filosofía o la religión. La poesía para mí, para explicar el infinito es imbatible. Este libro trata de casi 30 y pico definiciones poéticas al infinito desde los diferentes puntos de vista. Uno es quizás más dramático, otro trabaja el humor, otro desde una cosa más costumbrista, otro desde un aspecto más literario, otros desde el bien puramente de la imagen. Cada lector puede empezar a acercarse más a uno que a otro, eso para mí es impensable.

-¿Cómo llegaste al sur? ¿Por qué decidiste volver?

Mis padres eran científicos y se mudaron cuando yo tenía cuatro años. Ellos trabajaban en el Centro Atómico. Estuve desde el jardín hasta la escuela secundaria, después me fui a vivir a Buenos Aires y a los 28, por ahí, decidí volver. Esto fue en el 2001. Decidí volverme cuando todo estalló en la Argentina, me pareció que era el lugar correcto para empezar de nuevo, yo ya había perdido todo como casi toda la gente. Entendí que este lugar me iba a dar posibilidades no desde lo económico y material pero sí desde las ganas de volver a crear cosas. Elegí muy bien, por suerte. Bariloche me recibió muy bien. Yo sabía donde venía y sabía que hay que tener cierta paciencia para que las cosas sucedan, eso me ayudó mucho. A mí me sirvió mucho, me sirve mucho vivir acá. Me ayuda a mantener el foco, me genera mucha paz y la verdad es algo que necesito para absorber el vértigo de trabajar en La Nación o cualquier otro medio. Esto lo ralentiza, ralentiza toda la aceleración y me devuelve de una forma más propia mi forma de ser.

-¿Cómo se rompe el paradigma de que todo sucede en Buenos Aires?

Mirá, cuando me vine a vivir acá fue en el año 2001, todavía prácticamente ni existía el teletrabajo. Recién arrancaba el mail, había pequeñas formas de comunicación pero trabajar a distancia no era algo comprobado. Eso fue hace casi 20 años. La tecnología modificó muchísimo. Algo que le debo a la tecnología es vivir acá, pero eso implica establecer una confianza previa y eso es lo más complejo. No tanto mandar las cosas o que lleguen, eso es lo más sencillo. El tema es establecer confianza y eso no depende tanto del lugar donde estés, la confianza tiene que ver con la obra, con el tiempo, con la solidez, con la responsabilidad, con la madurez. No es que uno tenga que estar en Buenos Aires, yo estoy seguro de que no va por ahí. Tiene que ver con la personalidad y seguridad propia, eso sí.

-¿Cómo es un día en tu vida?

Tengo muy poca rutina pero casi todos los días llevo a mis chicos a la escuela. Después vuelvo, ahí escribo, por lo general por las mañanas trato de escribir algo de poesía, un cuento, algo sobre lo que esté trabajando y por la tarde desarrollar más la imagen, la ilustración o algo por encargo, trabajar en lo que tenga que hacer para el diario. Mis rutinas también tienen que ver con diferentes días de la semana, más cerca del fin de semana ya estoy pensando en qué voy a hacer para mi columna en el diario. Durante la semana resuelvo mis proyectos personales o cosas en las que estoy trabajando pero es totalmente variado. A veces trabajo a la noche, a veces a la mañana, a veces a la tarde. A veces trabajo toda la noche -risas-. Mi rutina tiene que ver con la falta de rutina.

-¿Qué le aconsejarías a chicos que quieren ser ilustradores?

No creo que exista la carrera de Ilustración. Yo no creo que una persona pueda dedicarse a ser ilustrador sin antes haber pasado por un montón de cosas. Primero voy a definir para mí lo que es un ilustrador. Un ilustrador para mí es un intérprete de lo que pasa a su alrededor o de las ideas que tiene que necesitan cobrar vida. Como intérprete necesita primero impregnarse de mucha cultura general, de literatura, de todo lo que nos rodea. Un ilustrador no es alguien que dibuja bien, de ninguna forma, o alguien que trabaja bien con acuarela. Eso es otra cosa. Un ilustrador es un intérprete. Un intérprete tiene que ser una persona con un background, con un fondo cultural que lo ayude justamente a sostener desde la poesía lo que va a interpretar. Sin eso no es un ilustrador. Yo en general desconfío un poco de los cursos de ilustración, me parece que en general están muy abocados a lo técnico y el ilustrador es otra cosa. Alguien que va a traducir algo que se ve, un suceso, un hecho social a una imagen. Y esa imagen si no tiene esa información por más que sea muy rica técnicamente va a ser muy pobre contextualmente. Lo que le recomiendo a alguien que quiera ser ilustrador es que empiece leyendo, que empiece mirando, que empiece escuchando música, que empiece a disfrutar realmente todo lo que hay alrededor nuestro que es lo que lo va a hacer destacar.

-¿Cómo te inspira La Patagonia?

La Patagonia me da este lugar hermoso que vimos. Desde ya que la naturaleza es algo que a mí me llena mucho. Por el otro lado, cierta conducta introspectiva a la que te obliga La Patagonia. La quietud, la forma en la que se mueven las cosas, el frío, el tiempo que uno pasa adentro y el tiempo para pensar sin la cantidad de estímulos permanentes que sí propondría una ciudad grande por ejemplo. Todo eso es algo que La Patagonia te da, por ahora, y es algo que a mí me viene muy bien. Yo lo aprovecho y creo que es un rasgo enorme La Patagonia que se refleja en lo que hago.

Pablo dice que está con varios proyectitos. Proyectitos, dice, y no podemos evitar imaginarnos que habla de la palabra hito más que del sufijo ito, que nos deja pistas y que su pulso volverá a crear las mil maravillas una y otra y otra vez . “Lo más próximo es hacer varias presentaciones de El Infinito. Estoy preparando una muestra con varias obras originales y a la vez es una muestra que cuenta de forma interactivas las diferentes ópticas que tuvo la humanidad sobre el infinito. Estoy trabajando un poco con pedagogos, con gente que me ayude a darle forma a esto, yo aprendo mucho. Por el otro lado seguimos con la obra de Teatro, Mentiras y Moretones que la vamos a llevar a varios lugares del país y siempre con proyectos en los cajones que empiezan a ponerse más arriba y tomar impulso para hacer el nuevo libro”.

Bernasconi en libros: Para chicos, para adultos. Pablo publicó El brujo, el horrible y el libro rojo de los hechizos, El Diario del Capitán Arsenio, Hipo no Nada, El Zoo de Joaquín, Retratos, Cuero Negro Vaca Blanca, El Sueño del Pequeño Capitán Arsenio, Rebelión en Tortoni, Bifocal, Excesos y Exageraciones, Finales, Los Súper Premios, Retratos 2, Mentiras y Moretones, Quetren Quetren, El Infinito, algunos de sus títulos más destacados entre muchos, muchísimos, más.

Bernasconi en medios: Su pulso ilustró revistas y diarios de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Japón, Brasil, Australia, España y muchos más. Colaboró en The New York Times, Rolling Stone, Clarín, La Nación, The Wall Street Journal y The Times. También ilustró campañas publicitarias para Renault, Shell y Movistar.

Bernasconi en premios: Además de la nominación al pequeño Nobel, Pablo recibió premios por mejor libro infantil del año de la Universidad de Chicago, por la excelencia de SND -Society of Newspaper Design-, fue incluido en los 200 mejores ilustradores del mundo de Luerzer’s Archive, el primer premio para el Afiche de la Feria del Libro Infantil 2005 de Buenos Aires. Reconocimientos desde Inglaterra, Brasil, Argentina, España, Alemania,  desde cada continente y desde cada rincón del mundo en donde su obra se haya posado. Y continuará…

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