Los mosaicos de JoSoBi: El arte de las pequeñas piezas y las segundas oportunidades

El mosaiquismo es un arte decorativo que se basa en la confección de obras mediante la unión de diferentes piezas sobre un soporte. Se realiza con pequeñas piezas de piedra, cerámica, terracota, vidrios de varios tamaños u otros materiales similares de diversas formas, texturas y colores.

Data desde comienzos de la edad de bronce y tiene la maravillosa posibilidad de permitir cubrir enormes superficies con pequeñísimos trozos de colores que resisten cualquier inclemencia climática. Además da segundas oportunidades a los objetos, ya que se suele utilizar también vajilla rota o botellas de vidrio. Tal vez por eso es considerado una de las artes más terapéuticas que existen.

Jorgelina Scarafiocca hizo de la antiquísima técnica su emprendimiento. Comenzó tomando un curso en Buenos Aires con la reconocida internacionalmente arquitecta y mosaiquista Liliana Waisman en el año 2011 y siguió ininterrumpidamente formándose hasta transformarse en una referente en la Patagonia. Luego de cinco años Jorgelina navega la sutil línea imaginaria de ser una emprendedora o una artista, ya que realiza trabajos a pedido pero estos son siempre son únicos e irrepetibles.

La contratan para decorar paredes, murales, y hasta realizar logos de empresas. También realiza objetos que luego pone a la venta, como espejos, cuadros, luminarias, fanales, cajas, portarretratos, macetas, mesas de jardín, tutores, picassiette y otras, utilizando tres materiales como base: mosaico veneciano, azulejos y espejos.

Aunque le costó tomar la decisión, a pesar de la insistencia de su profesora y mentora, también enseña. Da clases, talleres y seminarios de diferentes técnicas de mosaiquismo y cada año gestiona que algún reconocido artista de otra ciudad viaje hasta Comodoro para brindar a sus alumnas el perfeccionamiento al que ella misma pudo acceder.

Josefina recuerda sin embargo, que comenzó con el mosaiquismo tras tener que poner en pausa su propia vida, cuando una de sus hijas sufrió un accidente, lo que las obligó a vivir un tiempo entre ambas ciudades: Buenos Aires y Comodoro Rivadavia. “Es muy terapéutico, muchos profesionales vienen a despejar la mente, y a mí personalmente me ayudó mucho a desarrollar la paciencia y focalizarme en otra cosa mientras transcurría la recuperación de mi hija” agrega.

– ¿Qué es lo que más te gusta del mosaiquismo?
–Me apasiona en sí. Sueño durante la noche con nuevos diseños y me levanto tratando de llevarlos a cabo. Si mis manos pudieran ir tan rápido como mis ideas ¡sería maravilloso! Además me da relax, tranquilidad, paz y una vez terminado una satisfacción increíble.

– ¿Conservás tus trabajos?
–No, casi nunca. La verdad no me importa conservarlos, he regalado muchísimos, y también me gusta más que a la gente le guste y lo lleve. Eso es muy gratificante. También mi intención es que cada vez se conozca y difunda más la actividad en Comodoro, ya que a diferencia de otras ciudades, acá casi no se conocía la técnica. A mí me costó mucho comenzar y por eso quiero abrirles el camino a otros.

– ¿Lograste hacer de tu arte tu emprendimiento?
–Todavía no da mucha estabilidad, entonces necesitás tener otro ingreso. Por eso a la mañana trabajo en otro lugar y a la tarde me aboco a esto.

– ¿Cómo es el mercado local?
–Es muy difícil venderlo y que se pague el precio que cuesta por el trabajo que lleva. A veces son meses de trabajar una pieza. De todas maneras yo no manejo precios caros.

– ¿Tus piezas son exclusivas?
–Siempre. Nunca hago trabajos iguales, jamás. No quiero que dos personas tengan un trabajo repetido y cuando me piden una copia de otro les ofrezco ir al domicilio y juntos definir la carta de colores en base al ambiente. Jamás copio ni repito un diseño.

– ¿Tuviste miedo en algún momento?
–Al principio tuve mucho miedo, pensé que no iba a tener éxito y que nadie me iba a conocer. También tuve miedo cuando mi profesora me insistía que dé clases, ella decía que era muy creativa y que le gustaba mucho lo que hacía, y yo pensaba… ¡está loca! Lo mío es la administración y los papeles (ríe).

– ¿Por qué se llama JoSoBi tu emprendimiento?
– JoSoBi lleva mi nombre Josefina y el de mis hijas Sofía y Bianca, quienes me inspiraron desde el comienzo.

Culminó la nota con agradecimientos. “Quiero agradecer a mi familia, a mis padres que me brindan el lugar para poder dar las clases, a mis profes y a todos los que han confiado en mí como alumnos y clientes”.

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